Hoy, 13 de noviembre, se cumplen 40 años de la devastadora erupción del Volcán Nevado del Ruiz, evento que desencadenó la tragedia de Armero, Chinchiná y Villamaría. Estos municipios fueron los más afectados por los lahares (flujos de lodo y escombros) que se formaron tras la fusión del glaciar por el calor volcánico.
El desastre, que costó miles de vidas y borró del mapa a Armero, marcó un doloroso punto de inflexión en la historia del país. La magnitud de la pérdida impulsó una transformación radical en varios aspectos fundamentales:
Gestión del Riesgo: La tragedia obligó al Estado colombiano a crear un sistema robusto para la gestión y prevención de desastres, sentando las bases de la normatividad actual.
Monitoreo Volcánico: Se fortalecieron y modernizaron los sistemas de monitoreo permanente del Nevado del Ruiz y otros volcanes activos, permitiendo una vigilancia constante.
Vulcanología: El evento impulsó el desarrollo y la profesionalización de la vulcanología en Colombia, posicionando al país como un referente en el estudio y la prevención de amenazas volcánicas.
Cuatro décadas después, la memoria de Armero sigue siendo un recordatorio constante de la necesidad de una preparación rigurosa y la importancia de escuchar las alertas científicas.
