La tensión política en el país ha alcanzado un nuevo punto álgido tras la contundente respuesta de Rodrigo Londoño, conocido en su época de insurgencia como ‘Timochenko’, a las recientes declaraciones del mandatario electo, Abelardo De La Espriella. En un desafiante pronunciamiento, el exjefe de las FARC aseguró que su compromiso con la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 se mantiene inquebrantable, incluso si ello llega a costarle la vida.
Con una alarmante alusión a la cifra de excombatientes que han perdido la vida de forma violenta tras la desmovilización, Londoño sentenció: “Si nos toca ser el firmante 501 asesinado, bienvenida sea la muerte”. Con este contundente mensaje, el ahora líder político enfatizó que no se apartará del proceso de reincorporación y que continuará atendiendo cada uno de los requerimientos y comparecencias ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
La reacción de Londoño se produce en respuesta directa al comunicado emitido por el presidente electo, Abelardo De La Espriella, quien calificó al exguerrillero de «bandido» y afirmó con vehemencia que este «merece estar preso de por vida». El futuro jefe de Estado cuestionó duramente la laxitud de la justicia transicional y criticó de forma particular las autorizaciones de viaje al exterior otorgadas por la JEP, las cuales le permitieron a Londoño desplazarse recientemente a España.
Este fuerte cruce de declaraciones no solo evidencia la profunda polarización que sigue generando el desarme de la antigua guerrilla, sino que anticipa un complejo panorama político a partir del próximo 7 de agosto, fecha en la que el nuevo gobierno asumirá el poder con la promesa de reestructurar las políticas de seguridad y endurecer la justicia frente a los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad.
