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Un nuevo modelo de cooperación sur-sur con enfoque caribe

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

 Rector de la Universidad de Córdoba 

Del 18 al 26 de agosto, una delegación de profesores e investigadores de la Universidad de Córdoba lidera una misión humanitaria a Haití, país que atraviesa una crisis agravada en las últimas décadas por desastres naturales e inestabilidad política. Este escenario adverso ha convertido a Haití en el país más pobre de América Latina y el Caribe, con una población de 11.637.398 habitantes, de los cuales seis de cada diez viven en condiciones de pobreza. Más de cinco millones de haitianos carecen de acceso a alimentos. Las cifras son alarmantes: 277.000 niños entre los 6 y 59 meses están en riesgo inminente de malnutrición, y la asistencia alimentaria humanitaria solo alcanza al 5 % de la población afectada, ante la mirada indiferente del resto del mundo.

Con el propósito de contribuir a la solución de esta crisis, los gobiernos de Colombia y Haití firmaron un memorando de entendimiento para la cooperación en comercio, medioambiente, defensa, cultura y agricultura. En este último componente, ambos gobiernos solicitaron el acompañamiento de la Universidad de Córdoba, dada su trayectoria científica en las ciencias agroalimentarias y su sólida experiencia en procesos de desarrollo, escalamiento, alistamiento y transferencia de tecnologías a comunidades, mediante la formulación, estructuración y ejecución de proyectos productivos de alto impacto. La misión, liderada por la Universidad de Córdoba, está presente en territorio haitiano y, junto a poblaciones campesinas, visita las regiones sur y norte del país con el fin de conocer las capacidades, avances y limitaciones en materia agrícola. Este ejercicio permite construir conjuntamente una agenda de trabajo cuyo eje estratégico es un nuevo modelo de cooperación Sur–Sur con enfoque Caribe, basado en el principio fundamental del reconocimiento de la soberanía del pueblo haitiano. Se propone así superar el paternalismo y el asistencialismo, avanzando hacia un modelo sustentado en el respeto y la autodeterminación tecnológica, cultural y social de los participantes. En este sentido, se extiende una invitación al gobierno haitiano y a las instituciones de cooperación internacional presentes en Haití para sumar esfuerzos en una propuesta de intervención denominada Fortalecimiento de capacidades humanas y de innovación tecnológica para el mejoramiento de la reactivación económica y la seguridad alimentaria en comunidades rurales de la población haitiana. Esta iniciativa busca transferir capacidades en materia tecnológica y en la formación del talento humano local, bajo un modelo que aborda de forma integral la problemática de inseguridad alimentaria. Dicho modelo ha sido validado con éxito en Colombia y tiene como actor principal a la economía campesina, familiar, étnica y comunitaria en la República de Haití. El nuevo modelo debe priorizar la implementación de las siguientes acciones: 1. Operación de una escuela de formación y fortalecimiento de capacidades humanas y tecnológicas para la autogestión y soberanía del territorio. 2. Establecimiento de esquemas asociativos de hortalizas condimentarias y medicinales en zonas urbanas, periurbanas y rurales. 3. Implementación de esquemas asociativos para la producción de plátano y fríjol en zonas urbanas, periurbanas y rurales. 4. Creación de un centro de innovación, multiplicación y establecimiento local para la producción de semillas de plátano, fríjol y hortalizas tropicales, así como abonos orgánicos e insecticidas naturales para sistemas agrícolas familiares, comunitarios y rurales. 5. Desarrollo de un programa de mejoramiento genético y productivo de la ganadería bovina, caprina y ovina. 6. Establecimiento de un centro de producción de alevinos de especies nativas para el desarrollo de la piscicultura continental en Haití. Finalmente, solo mediante este nuevo enfoque de cooperación Sur–Sur con perspectiva Caribe será posible contribuir a la solución de la crisis humanitaria y propiciar el renacimiento del pueblo haitiano, que fue inspiración del Libertador Simón Bolívar para la libertad de los pueblos americanos.

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El humo de la guerra contamina las elecciones de 2026

Otra vez, como en 2002, en la antesala de las elecciones de 2026, contener y derrotar a las disidencias de las FARC y al Clan del Golfo se convierte en el mayor reto del Estado

Por: Hubert Ariza Rueda.

Columna de opinión tomada de El Pais (España)

Colombia no había dejado de percibir el olor a rosas blancas y gladiolos que quedó del sepelio del senador Miguel Uribe Turbay, supuestamente asesinado por la Segunda Marquetalia que orienta alias Iván Márquez —jefe de una de las disidencias de las extintas FARC— cuando la estructura Jaime Martínez, perteneciente al EMC de alias Iván Mordisco ―otro grupo disidente de los acuerdos de paz de 2017—, hizo estallar, el pasado 21 de agosto, un camión bomba cerca a la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez, en el nororiente de Cali.

Fue un jueves teñido de sangre y dolor para un país bajo fuego permanente del terrorismo. Hoy el país no solo llora a los ocho militares asesinados y más de 40 civiles heridos en Cali, y a los 12 policías muertos que tripulaban un helicóptero derribado con un dron por el Estado Mayor Central en Amalfi (Antioquia), sino que reclama acción contundente del Estado contra esas organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, que extraviaron su ideología revolucionaria y se convirtieron, junto al ELN, en jefes de debate de la extrema derecha para su regreso al poder en 2026.

De la mano tendida, el presidente Gustavo Petro ha pasado al brazo en alto con el puño cerrado en defensa de la democracia. En consecuencia, la Segunda Marquetalia, el Estado Mayor Central y el Clan del Golfo serán declaradas como organizaciones terroristas. Así lo anunció el mandatario, en un evento de entrega de tierras en Valledupar, luego de conocer los mencionados atentados. “He tomado una decisión: nuestras investigaciones muestran que el mal llamado Clan del Golfo, la Segunda Marquetalia y las disidencias de alias Iván Mordisco(conocidas como EMC) son la junta del narcotráfico y deben ser consideradas organizaciones terroristas perseguibles en cualquier lugar del planeta, incluida Bogotá”, dijo.

Esa declaratoria significa la aceptación tácita de que la paz total fracasó, que esas organizaciones traicionaron al Gobierno en su oferta de negociación y cese al fuego, y que están desafiando al Estado, debilitando la democracia y alentando narrativas de extrema derecha de intervención militar extranjera para resolver nuestros problemas internos. Lo que sigue para el Gobierno es fortalecer la estrategia de recuperación del territorio y eliminación de la amenaza terrorista, con un mayor robustecimiento de la Fuerza Pública y protección de la población civil. Las operaciones en marcha tendrán que recortarle mucho mayor espacio al terrorismo y Venezuela deberá expulsar a los cabecillas de la guerrilla, como lo pidió Petro. “Lo que acontece en Cali es un acto que irradia pánico en la población civil. Es la segunda vez que ocurre en mi Gobierno. Es terrorismo”, agregó el presidente. Para él, esos atentados deben ser calificados como “actos de guerra”, que deben ser investigados como crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional (CPI).

Otra vez, como en 2002, en la antesala de las elecciones de 2026, contener y derrotar a las disidencias de las FARC y al Clan del Golfo se convierte en el mayor reto del Estado. Con la declaratoria como organizaciones terroristas, el primer Gobierno de izquierda en 200 años les da el mismo estatus que les ha dado el Gobierno de Estados Unidos. El desafío a la democracia y la institucionalidad llega, precisamente, cuando la guerra mundial contra el terrorismo se reedita en manos del presidente Trump, quien ha desplegado frente a las costas de Venezuela un gran poder militar en un abierto desafío a Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, a quienes califica como jefes del Cartel de los Soles, es decir, mafiosos dedicados al narcotráfico, pero también a proteger a la delincuencia colombiana que viste el desteñido uniforme revolucionario con las banderas del ELN, las disidencias de las FARC, y otras organizaciones afines. Maduro y Cabello deberían romper cualquier vínculo con Márquez y Mordisco y entregar sus cabezas a Colombia, no a Estados Unidos. Sería una demostración de sensatez y hermandad con la democracia vecina.

Colombia vive en una reedición permanente de su historia. Los atentados terroristas y los magnicidios ratifican que la violencia es su sello, la democracia un bien poco valorado y la paz una utopía. En 2002 las elecciones presidenciales se definieron el 11 de septiembre de 2001, cuando el mundo vio derrumbarse las Torres Gemelas de Nueva York, por la acción suicida de los talibanes y la lucha contra el terrorismo se convirtió en el eje de la estrategia mundial de la derecha. Ahí se disparó la candidatura de Álvaro Uribe, que apenas tenía el 2% en las encuestas, y se fracturó la de Horacio Serpa, favorito hasta entonces, quien apoyaba las negociaciones de paz del Caguán con las FARC, que lideraba el conservador Andrés Pastrana, a quien esa guerrilla había elegido en 1998.

Uribe, en esos años, proponía como hoy lo hace la ultraderechista Vicky Dávila, la intervención militar extranjera para derrotar a las FARC. Una propuesta que rechazó la comunidad internacional. Pensar en que una fuerza de ocupación venga a resolver nuestros problemas es una ofensa a la institucionalidad y una traición a la democracia. Querer que Colombia se convierta en un Vietnam, arrasado por la conflagración y los bombardeos de una potencia exterior, es una enorme torpeza.

Personalmente, hablé en Washington, en enero de 2002, con un alto cargo del entonces subsecretario de Defensa para el hemisferio occidental, en el Pentágono, sobre ese tema. Fui seleccionado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos al programa de invitados internacionales, por mi condición de asesor político de Horacio Serpa. Y lo que más me impactó fue cuando me dijo, en perfecto español, que la clase política colombiana quería que las tropas americanas vinieran a las selvas a enfrentar las guerrillas para resolver el desastre que ellos mismos habían generado. Y me dejó en claro que los Estados Unidos nunca iban a intervenir militarmente en Colombia para enfrentar las guerrillas. Me dijo, además, que el verdadero peligro para la democracia no era la guerrilla, que terminarían en una mesa de negociación, sino los paramilitares que habían cooptado gran parte de la sociedad.

Esas palabras resultaron proféticas. Hoy después del proceso de paz con las FARC, de los intentos por volver trizas lo pactado y de que el Gobierno Petro aplique la más vigorosa reforma agraria en décadas y haya convertido el campo en eje de la política social, los terroristas del ELN, las FARC y el Clan del Golfo, insisten en incendiar a Colombia. Y la ultraderecha reclama la intervención militar norteamericana. El humo de la guerra vuelve a contaminar el ambiente político. El olfato es el más poderoso sentido de los humanos. Y el olor a pólvora evoca los peores años de Colombia, y recuerda que este país es una fábrica de mártires, de señores de la guerra, venganzas, narcotráfico, polarización y conspiraciones. Una fábrica inagotable de víctimas y victimarios, donde los grupos armados ilegales no mueren sino se transforman y multiplican, el Estado resiste, la Constitución se aplica parcialmente en grandes zonas del territorio, la justicia cojea, y a veces llega, para garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición a casi diez millones de víctimas de la violencia, y la lucha por el poder y las elecciones marcan la cotidianidad de la voraz clase política.

Colombia vive en una conspiración permanente. Y la guerra ha sido el determinante de nuestras elecciones durante décadas. Las Farc fueron grandes electores. Movieron la balanza a favor de los militaristas, como Uribe, o de los negociadores como Betancur, Pastrana y Santos. También, sirvieron para elegir a Duque, quien prometió volver trizas lo pactado por Santos. Ahora, nuevamente, Iván Mordisco e Iván Márquez, de las disidencias, y Antonio García del ELN, se convierten en jefes de debate de la extrema derecha. Cada bombazo y cada muerto, civil o militar, se convertirán en fuente de más dolor nacional y votos para la derecha. Un país en guerra es el escenario perfecto de mentes enfermas que piensan en el negocio de la droga y no eny el bienestar del pueblo. Un país incendiado es el teatro de operaciones ideal para revivir al fascismo, sediento de poder y venganza. La ultraderecha encuentra en la lucha contra el terror la bandera que veían extraviada. Una campaña marcada por el dolor es hoy el triste panorama de 2026. El presidente Petro tiene en alto la bandera de la soberanía y la defensa del territorio.

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Presupuesto 2026: obras son amores

Por: Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador del Departamento de Córdoba y Presidente de la Federación Nacional de Departamentos

Hace pocos días el Gobierno Nacional presentó al Congreso de la República el último presupuesto de su cuatrienio. En él, se detallan los ingresos y gastos proyectados para la vigencia 2026. Tal es el centralismo en el recaudo tributario y el gasto fiscal del país, que desde las regiones hacemos un seguimiento muy de cerca de lo que allí es aprobado y de cómo se apropian los recursos. Hay que recordar que el centro recauda aproximadamente el 81% de los impuestos, los departamentos el 5% y los municipios el 14%, mientras el centro gasta el 68%, los departamentos el 9% y los municipios el 23%, respectivamente.

Es por esto que me preocupan dos elementos del proyecto de Presupuesto General de la Nación (PGN) del año 2026. El primero es que parte de los ingresos estimados se espera provengan de una reforma tributaria aún por formular y presentar, y el segundo, es el comportamiento y relevancia de la inversión dentro del PGN.

En primer lugar, del monto total del PGN para el 2026 que asciende a COP 556.9 billones, COP 26.3 billones se proyecta que provengan de una reforma tributaria que el gobierno presentaría al Congreso. Al respecto, cabe destacar que una iniciativa de estas magnitudes en el último año de gobierno y cercanos a un año electoral, seguramente presentará bastantes dificultades para su aprobación en el legislativo.

Y la segunda preocupación va ligada a la primera y es la relevancia de la inversión dentro del PGN 2026. Aun con los recursos esperados de la reforma tributaria, las apropiaciones de inversión alcanzarían los COP 88.7 billones, es decir el 15.9% del presupuesto total. El resto de los recursos serán apropiaciones para funcionamiento y servicio de la deuda. Esta proporción de recursos de inversión es la tercera más baja de los últimos 11 años, después de la del 2020 (14.2%, año de pandemia) y de la de esta vigencia, 2025, (15.2%). Pero lo que es peor, es que, si la reforma tributaria no es aprobada o es aprobada en magnitudes más modestas, la proporción de los recursos de inversión será aún más baja porque es el gasto que presenta mayor posibilidad de ajuste.

Suponiendo que la reforma tributaria, que aún desconocemos, es aprobada, a precios constantes del año 2026, la inversión en el sector agropecuario sería de COP 3.1 billones, cuando en el 2015 fue de COP 5.83 billones, la inversión en ciencia y tecnología sería de COP 0.35 billones, mientras en 2015 fue de COP 0.59 billones, la inversión en deporte sería de COP 0.24 billones, mientras en 2015 fue de COP 0.72 billones, y en el sector vivienda sería de COP 2.58 billones, mientras en 2015 fue de COP 4 billones.

Sin inversión no hay futuro. En la región caribe y en el departamento de Córdoba especialmente, las administraciones territoriales estamos haciendo la tarea procurando incrementar los recaudos territoriales y realizando una focalización inteligente del gasto, lo que inclusive llevó a que en 2024 el departamento tuviera la mayor tasa de crecimiento de la región. Pero el músculo financiero de la nación es inigualable en las actuales circunstancias.

Mi invitación es a procurar una revisión de los gastos de funcionamiento y de allí realizar mayores apropiaciones para la inversión.

Obras son amores, y no excusas para no invertir. Los colombianos y las regiones estamos a la espera de obras que trasciendan.

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Inversión de la pirámide poblacional

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

Rector de la Universidad de Córdoba 

El estudio «Caracterización y pronóstico de cobertura del sistema de educación superior en Colombia», liderado por Ascun y desarrollado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana, ofrece elementos clave para analizar la distribución y el comportamiento de la población estudiantil en los distintos niveles de la educación superior. Uno de los hallazgos más relevantes es la inversión de la pirámide poblacional, resultado de una reducción sostenida en la tasa de natalidad y de un aumento en la longevidad, lo que ha transformado la composición demográfica del país.

Según las proyecciones del Dane, la población infantil, adolescente, juvenil y adulta joven ha venido decreciendo y continuará haciéndolo. Esta inversión demográfica genera efectos negativos en diversas dimensiones sociales: disminución de la población económicamente activa, presión sobre el sistema pensional, incremento en los costos del sistema de salud y menor demanda educativa. El estudio señala que la población entre los 3 y 16 años —grupo que tradicionalmente se matricula en los niveles de educación regular (preescolar, básica primaria, básica secundaria y media)— creció entre 1960 y 2000, alcanzando su punto máximo en 2005 con 11.707.199 personas. Sin embargo, desde 2006 ha disminuido de forma continua, llegando a 11.011.710 en 2024, con una tendencia descendente. Esta reducción explica el cierre de numerosos colegios en el país. De manera similar, los grupos etarios entre 17 y 21 años, y entre 22 y 28 años, presentan una dinámica demográfica decreciente. Esta situación marca una transición del denominado «bono demográfico» —cuando la población joven crece más que la adulta mayor— hacia un “impuesto demográfico”, caracterizado por una menor proporción de población joven. No obstante, esta transición no será homogénea en todo el territorio nacional: algunos departamentos experimentarán el bono demográfico más tarde, mientras que otros ya enfrentan el impuesto, y algunos aún no lo presentan. Para comprender la demanda en educación superior, es esencial analizar no solo los nacimientos y la estructura demográfica, sino también el número de adolescentes, jóvenes y adultos matriculados en el último grado de educación media. La matrícula total en educación regular —que incluye preescolar (prejardín, jardín y transición), básica primaria (grados 1 a 5), básica secundaria (grados 6 a 9) y media (grados 10 y 11)— ha disminuido de manera ininterrumpida desde 2010. Ese año, la matrícula total fue de 11,1 millones; en 2020 bajó a 10 millones y en 2023 se ubicó en 9,8 millones. Paralelamente, la cobertura bruta —entendida como la proporción entre la población matriculada en estos niveles y el total de la población entre 3 y 16 años— también ha descendido. En 2010, la cobertura alcanzó el 96,5 %, el valor más alto en catorce años. Para 2023, se redujo al 88,7 %, la cifra más baja del periodo, lo que representa una caída de 8 puntos porcentuales. Esta disminución refleja tanto la reducción de la población en edad escolar como la caída en la matrícula.

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Pronóstico preocupante para la educación superior en Colombia

Por: Jairo Torres Oviedo 

Rector de la Universidad de Córdoba

La Asociación Colombiana de Universidades (Ascun) presentó recientemente el estudio «Caracterización y pronóstico de cobertura del sistema de educación superior en Colombia», elaborado por el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana. Este análisis, solicitado por la junta directiva de Ascun, ofrece una visión detallada sobre la evolución, distribución y proyección de la población estudiantil en los distintos niveles de educación superior, incluyendo la formación para el trabajo y el desarrollo humano.

El estudio destaca el crecimiento sostenido de la cobertura educativa en Colombia durante las últimas décadas. En el año 2024, la tasa de cobertura alcanzó el 57.53 %, con un total de 2.553.560 estudiantes matriculados en programas técnicos, tecnológicos y universitarios. De estos, 1.401.639 pertenecen al sector oficial y 1.151.921 al privado. Este avance representa un progreso significativo frente al año 2000, cuando la cobertura apenas superaba el 20 %. No obstante, persisten brechas preocupantes en términos de equidad regional, acceso por nivel socioeconómico y calidad institucional. Uno de los aportes más relevantes del estudio es la caracterización de la demanda en educación superior, entendida como el conjunto de factores que influyen en el interés y la necesidad de los jóvenes por acceder a programas académicos. Esta demanda está determinada por variables como los cambios demográficos, las dinámicas del mercado laboral, las aspiraciones personales y profesionales, las condiciones socioeconómicas, y las opciones de financiamiento como becas, subsidios y créditos condonables. Esta información resulta clave para que instituciones, autoridades y gremios educativos diseñen estrategias efectivas de atracción y retención estudiantil. En particular, el análisis demográfico revela una tendencia decreciente en la tasa de natalidad nacional, lo que impacta directamente la cantidad de jóvenes en edad de ingresar a la educación superior. Según datos del Dane, en 2008 se registraron 715.400 nacimientos, cifra que descendió a 620.300 en 2019 y a 510.700 en 2023, representando una caída del 11 % frente al año anterior. Esta disminución afecta la educación en todos sus niveles, especialmente el pregrado, cuya población objetivo (17 a 21 años) ha venido reduciéndose progresivamente: del 9.9 % en 1950 al 7.7 % en 2024, con una proyección de apenas 4.7 % para el año 2070. En términos absolutos, en 2024 Colombia cuenta con 4.079.231 personas entre 17 y 21 años, y 6.165.810 entre 22 y 28 años, sumando 10.245.041 jóvenes en el rango de edad más representativo para la educación superior. Sin embargo, se estima que para 2030 estas cifras disminuirán a 3.960.115 y 5.713.905 respectivamente, lo que representa una reducción del 5.6 % respecto a 2024. Esta tendencia demográfica plantea desafíos estructurales para el sistema educativo, que deberá adaptarse a una demanda decreciente y cada vez más segmentada. El estudio de Ascun constituye una herramienta valiosa para la formulación de políticas públicas, la planificación institucional y la toma de decisiones estratégicas en el sector educativo. Frente a este panorama, se hace urgente repensar el modelo de educación superior en Colombia, fortaleciendo su capacidad de respuesta ante los cambios poblacionales, económicos y sociales que marcarán el futuro del país.

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Debemos continuar avanzando

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

 Rector de la Universidad de Córdoba 

En el Plan Nacional de Desarrollo PND 2022 – 2026, Colombia potencia mundial de la vida, concibe la educación como un derecho fundamental progresivo, que el Estado debe garantizar; por ello, en educación superior pretenden alcanzar una cobertura de 500 mil nuevos cupos con calidad, pertinencia y gratuita. En consecuencia, el Ministerio de Educación Nacional ha venido trabajando con los actores del sector; poniendo en marcha, programas y estrategias para lograr los objetivos propuestos. En este sentido, recientemente algunas voces del Congreso, cuestionaron la veracidad de las cifras de ampliación de cobertura presentadas por el Ministerio en mención. Por consiguiente, es necesario recordar, que el Plan Nacional de Desarrollo trazó la hoja de ruta por donde avanza la educación; además, definió, qué se debe hacer y tener en cuenta las estrategias de implementación; en especial, en educación superior pública. Podríamos decir que, la cobertura en Colombia, de acuerdo con los datos suministrados por el Ministerio de Educación Nacional, alcanza 2.553.560 estudiantes matriculados al cierre del año 2024; logrando una cobertura bruta del 57,53 %; en comparación con el año 2022 de 54,9 % y 2023 de 55,4 %; de los cuales, en el sector oficial 1.401.639 estudiantes y en el privado 1.151.921.

En relación con lo anterior, se evidencia un esfuerzo de política pública que debe ser sostenible. Las cifras presentadas muestran que, en el año 2023 ingresaron a la educación superior pública 65.063 estudiantes, y en 2024, 125.441 de ellos; lo cual registró una ampliación de cobertura de 190 mil nuevos estudiantes; distribuidos de la siguiente manera: universidades públicas, SUE. 55.842 estudiantes, instituciones técnicas y tecnológicas públicas, Ittu 30.314 estudiantes, Sena 26.592 estudiantes. Asimismo, hay que reconocer el fortalecimiento de la política de gratuidad de la matrícula que beneficia a 874.814 estudiantes y la reducción de la deserción universitaria por debajo del 8 %. Estos avances pueden ser insuficientes; pero demuestran una hoja de ruta que debe continuar, fortalecer y sostener la educación. Consecuentemente, estos esfuerzos de ampliación de cobertura han tenido un enfoque territorial, teniendo como prioridad, las regiones y territorios donde el indicador de acceso es bajo; incluyendo las zonas azotadas por la violencia; a lo que se suma, el abandono estatal; donde se recomienda no continuar repitiendo el modelo centralista. Hay que resaltar que, Programas como: sedes regionales, tránsito inmediato a la educación superior y «Universidad en tu Colegio»; demuestran que es posible llegar a los jóvenes de las zonas rurales, marginales y excluidas de la geografía nacional que históricamente han sido condenados a ser ejércitos de reserva para la guerra. Otro componente importante para hacer posible estos resultados, es el incremento de recursos para funcionamiento adicional al IPC., con el fin de mejorar las condiciones financieras de las universidades oficiales; de esta forma, avanzar a la meta de 500 mil nuevos cupos en educación superior. En este sentido, desde el Sistema Universitario Estatal – SUE, aportamos experiencias y capacidades, tendientes a lograr ese propósito. La apuesta del gobierno ha sido amplia y ambiciosa en materia de cobertura, infraestructura, regionalización, financiamiento, integración de los niveles del sector; que tiene como objetivo, garantizar la educación superior como un derecho fundamental de manera progresiva. En materia de educación superior, el debate está abierto. Necesitamos cambios y transformaciones en cuanto a reformas legislativas que por décadas hemos demandado; de manera razonable, su realización implica un liderazgo, un liderazgo que incluya la diversidad y pluralidad del sector; se requiere una educación de calidad y pertinente al alcance de los jóvenes.

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La clave es el crecimiento

Por: Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador del Departamento de Córdoba y Presidente de la Federación Nacional de Departamentos (FND).

“El crecimiento económico no es un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar el bienestar de las personas”, afirmó el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. Y la última entrega que el DANE hizo sobre el comportamiento de la pobreza monetaria y la pobreza monetaria extrema lo confirma. De los tres factores que afectan el comportamiento de la pobreza (crecimiento económico, redistribución de recursos y comportamiento del valor de la canasta necesaria para comprar alimentos o para cubrir el rubro de gastos esenciales), el componente de crecimiento económico fue, sin duda alguna, y como lo demostró el DANE, el más relevante para disminuir este flagelo. Entretanto, llama la atención el efecto negativo para disminuir la pobreza monetaria extrema de las políticas redistributivas, lo que sugiere una revisión urgente de este tipo de transferencias y su efecto en esta métrica.

El mejor ejemplo del impacto del crecimiento económico sobre la pobreza lo representa el departamento de Córdoba. En 2024, mientras el país creció un 1,6 %, Córdoba creció un 1,9 %. Fue el departamento de la Costa Atlántica con mayor crecimiento económico en 2024, impulsado principalmente por los sectores de actividades artísticas, recreación y deporte (7,8 %), agropecuario (5,6 %) y servicios públicos (3,6 %). A su vez, el comportamiento de la pobreza de su capital, Montería —que se emplea como indicador líder del departamento mientras es publicada la información departamental— disminuyó de 36,2 % en 2023 a 32,1 % en 2024 (-4,1 puntos porcentuales), una caída más fuerte de la que se presentó a nivel nacional, de 2,8 puntos porcentuales.

Entonces, la tarea de gobernadores y alcaldes, para seguir impactando en la calidad de vida de las familias, es seguir promoviendo y ejecutando políticas y proyectos que ayuden al crecimiento, y para ello es primordial el acompañamiento y concurrencia de la política macroeconómica del orden nacional.

En este ámbito, preocupa el comportamiento de la inversión como promotora de crecimiento económico y la percepción de riesgo de Colombia. Por ejemplo, para el 2024, la inversión como porcentaje del PIB alcanzó un 16,8 %, mientras el promedio histórico desde 2005 hasta 2023 fue del 21,7 %. En cuanto al riesgo país se refiere, si se toma como medida de referencia el valor del Credit Default Swap (CDS), esta métrica para Colombia se encuentra muy por encima del riesgo que presentan países vecinos como Perú, Chile o México (212 vs. 75, 55 y 109, respectivamente).

Así las cosas, aunque hasta el momento el flagelo de la pobreza ha disminuido, es muy importante mantener a futuro, desde el orden nacional, las condiciones necesarias para continuar con esta tendencia. Desde Córdoba, continuaremos con las apuestas por sectores como el deporte, el turismo, los servicios públicos y la infraestructura, que, como lo vimos en 2024, presentaron resultados excepcionales.

La clave es el crecimiento.

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Educación superior en tu colegio

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo 

Rector de la Universidad de Córdoba 

«Universidad en tu Colegio» es un programa del Ministerio de Educación Nacional, tendiente a la ampliación de cobertura en educación superior; para ello, el Programa integra y articula la educación superior con la media; lo cual se logra a través de la oferta de programas técnicos y tecnológicos ofrecidos a los estudiantes de grado 10 y 11 de educación media. Este Programa es un modelo para ampliar y democratizar el acceso a la educación superior en los territorios periféricos de la geografía nacional. Por consiguiente, la Universidad de Córdoba en convenio con el Ministerio de Educación Nacional, implementará el Programa en tres instituciones educativas, pertenecientes a los municipios de Chinú, Ciénaga de Oro y San Pelayo; donde 120 estudiantes de grado 10, iniciarán su proceso formativo en el programa académico de técnico profesional en programación Web; programa formativo que permitirá que este grupo de jóvenes, una vez, finalizado el grado 11, reciban el título de bachiller; de igual manera, técnico profesional.

En este sentido, el programa Universidad en tu Colegio, se convierte en un modelo para integrar la educación media con la superior y apalancar la política de regionalización que la Universidad de Córdoba ha venido implementando para descentralizar y democratizar el acceso a la universidad en cada una de las subregiones de Córdoba, con oferta académica en condiciones de calidad y pertinencia; cuya finalidad es ampliar cobertura en educación superior en el departamento; que, actualmente es de 25%, por debajo de la media nacional que está en 56%; es decir, por cada 100 bachilleres que egresan de la educación media, solo 25 ingresan a la universidad. La política de regionalización de Unicórdoba en sintonía con el Plan Nacional de Desarrollo PND 2022-2026; que concibe la educación como un derecho fundamental progresivo, que garantice dignidad humana y justicia social de poblaciones históricamente excluidas del acceso a la educación superior; el PND, propone tener en cuenta este derecho; de esta forma, poder avanzar en el cierre de brechas sociales y regionales. La política de regionalización requiere de acuerdos políticos y sociales para fortalecer y construir capacidades en infraestructura física y tecnológicas. Por parte de la universidad, la experiencia para construir currículos pertinentes, flexibles, estrategias pedagógicas, metodológicas y tiempos de formación; es decir, un modelo educativo contextualizado que llegue a las regiones periféricas, rurales y rurales dispersas, facilitando la ampliación de cobertura para ofertar educación superior a nivel técnico, tecnológico y profesional en condiciones de calidad y pertinencia. Importante señalar, que el modelo de regionalización de la Universidad, requiere fortalecerse; en este sentido, es impostergable implementar políticas públicas para que los jóvenes accedan a la educación superior. La Universidad de Córdoba, continuando con el compromiso de ampliar acceso a la educación superior en el departamento, implementó la estrategia: educación superior en tu colegio, en el marco del plan integral de cobertura con enfoque territorial; lo anterior, como respuesta a las necesidades de inclusión educativa en municipios con baja cobertura; especialmente, en territorios rurales, rurales dispersos y afectados por el conflicto armado. Este plan busca articular la educación media con la superior, facilitando el ingreso temprano de estudiantes de grado décimo a programa de formación técnica profesional; asimismo, eliminar barreras de tránsito hacia la educación superior; esto, con la finalidad de fortalecer la regionalización de la Universidad de Córdoba. La Universidad de Córdoba reafirma su responsabilidad social y voluntad institucional de poner al servicio su capacidad científica, académica y humana, a favor de un propósito de transformación social. Este modelo de regionalización; complementado e integrado con el programa, educación superior en tu colegio; permitirá aumentar cobertura en educación superior en las subregiones abandonadas y condenadas a la pobreza y violencia. Nuevamente insistimos e invitamos a la institucionalidad pública, privada, sectores de la sociedad civil y a la dirigencia política, a que construyamos un pacto social y político, por la educación superior como derecho al servicio de la sociedad y juventud cordobesa.

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Reforma a Justicia y Paz, un paso más hacia la PAZ, estable y duradera.

Por: Antonio Correa 
Este 21 de Julio radicamos este importante proyecto, que busca definir la situación jurídica de los postulados de Justicia y Paz, lo cual se logra agilizando el procedimiento y fortaleciendo la institucionalidad. Protegiendo muchas víctimas que han muerto o empobrecido esperando justicia, verdad y reparación.
Proponemos un nuevo modelo:
•Basado en macrocasos y audiencias concentradas en las cuales no deben asistir todos los magistrados.
•La aplicación de la justicia restaurativa y fortalecimiento institucional.
Puntos clave del proyecto:
•La Fiscalía deberá concluir versiones libres y presentar acusaciones dentro de los términos establecidos en la ley.
•Se fija un plazo de 5 años para definir la situación jurídica de los postulados actuales.
• Se establece un plazo para adelantar los procesos de los nuevos admitidos.
Esta es una apuesta seria por la verdad, la reparación de las víctimas y el cierre definitivo de una justicia transicional que no puede ser eterna.
Este marco también podrá aplicarse a los nuevos grupos que hoy negocian bajo los principios de verdad, justicia, reparación y no impunidad, siempre y cuando existan acuerdos con el gobierno.
Le pedimos al Gobierno y al Congreso voluntad política:
• El proyecto se construyó a partir de los diálogos realizados con los diferentes actores del conflicto, relacionados directa o indirectamente con la Jurisdicción Especial.
• Este proyecto ha sido presentado en tres legislaturas anteriores, sin que se hubiera realizado siquiera el primer debate.
• No es momento de improvisar, sino de construir mayorías para una paz estable y duraderas.
• Esto no es un proyecto de autor, ni del gobierno. Es del país.
• Es por las víctimas y respeto por quienes confiaron en la justicia transicional, que no merecen vivir en incertidumbre jurídica.
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Opinión

La nueva Ley de Encuestas en Colombia: un tablero de juego que se reescribe

Por: Juan Manuel Díaz Hoyos

Gerente Métrica Co.

Comunicador social con especialización en comunicación y marketing digital.

juanmanueldiazhoyos4@gmail.com 

321 2898153

En el mundo político colombiano se está moviendo una ficha silenciosa, pero de gran impacto: la reciente Ley de Encuestas Políticas. Aunque para muchos parece un tema técnico reservado a estadísticos, su alcance va mucho más allá. Cambia la manera en que los ciudadanos, los partidos y el mercado electoral leen el pulso de la opinión pública.

Los datos y la democracia sufren un giro

La norma obliga a que las encuestadoras cumplan estándares mucho más estrictos, desde registrar cada detalle metodológico hasta garantizar que sus mediciones sean verificables. Suena lógico: en campaña, una cifra puede catapultar a un candidato o hundirlo en cuestión de horas. La ley busca que esas cifras sean confiables y no simples ejercicios de marketing disfrazados de ciencia.

Sin embargo, en este tablero no todos juegan con las mismas fichas. Las firmas pequeñas, las encuestas de carácter experimental y los estudios locales pueden quedar fuera de juego al no tener recursos para cumplir con los nuevos requisitos. Esto, en mercadeo político, significa menos voces midiendo al electorado y un mercado más concentrado.

Dato certificado, no más intuición

Para las campañas, esto implica un cambio de cultura: ya no bastará con contratar una encuesta rápida para alimentar titulares. Ahora se requerirán datos con trazabilidad, procesos auditables y fichas técnicas impecables. Los equipos de mercadeo deberán diseñar estrategias más sostenidas en el tiempo, usando herramientas internas, análisis de big data y escucha social para suplir los vacíos que dejan las restricciones.

¿Más confianza o menos pluralidad?

Como analista de encuestas, veo dos efectos claros:

Mayor confianza pública: las encuestas que se publiquen tendrán el sello de rigor, y eso puede ayudar a que el ciudadano vuelva a creer en ellas.

Riesgo de monopolio informativo: al elevar los costos de cumplimiento, se reduce la diversidad de encuestadores y se concentra el poder de medición en pocas manos.

Un mercado de encuestas que se reinventa

En marketing político, la información es combustible. Si las encuestas se vuelven más escasas y controladas, las campañas invertirán más en estudios propios, segmentación digital y modelos predictivos internos. Veremos crecer un mercado paralelo de analítica electoral: plataformas que combinan redes sociales, datos abiertos y microsegmentación para suplir lo que antes brindaban las encuestas masivas.

En conclusión, la nueva Ley de Encuestas no es solo una hoja más en el diario oficial. Es un cambio de reglas que obliga a repensar cómo se mide y se comunica la intención de voto en Colombia. Quienes entiendan que esto no es una traba sino una oportunidad, serán los que dominen el nuevo juego: campañas más informadas, encuestas más serias… y un electorado que, ojalá, reciba menos ruido y más verdad.

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