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Verdad y respeto ante la tragedia

Por Orlando Benítez Quintero

La forma en que se ha construido el relato de la reciente tragedia que conmociona a Córdoba —el vil asesinato de un ganadero y empresario junto con dos de sus trabajadores— ha sido fragmentaria, marcada por la especulación debido a la falta de una comunicación oficial clara y oportuna. La ausencia de información precisa ha incrementado la confusión y el dolor de las familias afectadas, permitiendo que la desinformación se propague y amplifique el impacto emocional del suceso.

En situaciones sensibles como esta, es crucial que las autoridades mantengan un flujo constante y transparente de información para evitar tales consecuencias. La confusión derivada de la falta de datos no solo impide la comprensión de lo ocurrido, sino que también afecta a quienes buscan respuestas y justicia. En lugar de ofrecer un relato coherente, se crea un vacío que alimenta rumores, erosiona la confianza en las instituciones y prolonga el sufrimiento de las víctimas.

Bill Kovach y Tom Rosenstiel, en “Los elementos del periodismo”, destacan que el periodismo tiene como objetivo acercarse a la verdad de los hechos. Esta tarea se complica cuando los medios carecen de fuentes confiables o cuando las autoridades no proporcionan datos precisos. La falta de información oficial no justifica la divulgación de noticias incompletas o sesgadas; sin embargo, ante una narrativa ambigua, los medios, en aras de informar, buscan llenar el vacío, corriendo el riesgo de cometer errores.

La ética periodística y la responsabilidad social son esenciales. Philip Kotler, en “Marketing en el sector público”, enfatiza que una comunicación oficial efectiva debe ser constante, clara y precisa para evitar desinformar tanto a la opinión pública como a las víctimas; de lo contrario, se abre de par en par una ventana a las noticias falsas. Sin esta comunicación, los medios enfrentan el reto de distinguir entre información y opinión, una línea que a menudo se cruza cuando la noticia impacta profundamente a quienes la reportan. Esta distinción se vuelve aún más complicada en un entorno mediático donde la inmediatez de las redes sociales presiona a los periodistas a publicar información incompleta. Es fundamental que los medios presenten los hechos con sensibilidad, recordando que, detrás de cada noticia, hay familias en duelo.

La cobertura mediática no debe agregar dolor a quienes ya sufren, y la comunicación oficial debe responder rápidamente a la necesidad de información veraz y oportuna. Los periodistas tienen el poder de influir en la opinión pública, lo que conlleva la responsabilidad de hacerlo de manera ética y equilibrada. La narrativa debe construir una memoria fiel de los hechos, honrando a las víctimas y respetando la verdad, evitando el sensacionalismo y la desinformación.

Esta tragedia revela cómo la desinformación y los vacíos en la comunicación oficial afectan la búsqueda de verdad, paz y justicia para las familias de las víctimas. Autoridades y medios deben colaborar para ofrecer información que respete la veracidad y la humanidad detrás de cada desgracia, promoviendo un periodismo que contribuya a una sociedad mejor.

El periodismo tiene la responsabilidad de registrar la historia con veracidad para que futuras generaciones encuentren explicaciones fieles a la realidad de los hechos. Javier Darío Restrepo subrayaba que la ética del periodismo se basa en el compromiso con la verdad, la independencia y la responsabilidad social, principios que deben guiar tanto a los medios como a las autoridades en la gestión de la información oficial.

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Semilleros de investigación

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

Rector de la Universidad de Córdoba 

Recientemente la Universidad de Córdoba realizó el IV Congreso Nacional y primero Internacional de Semilleros de Investigación y Emprendimiento; con presencia de 1.028 estudiantes investigadores, en representación de 50 instituciones de educación superior de 19 departamentos de la geografía nacional; quienes presentaron 640 ponencias en distintas disciplinas científicas; de las cuales, 299 propuestas de investigación, 248 investigaciones en curso, 84 investigaciones terminadas y nueve emprendimientos. Además, cuatro ponencias internacionales de México y Brasil y conferencias magistrales enfocadas en innovación, robótica e inteligencia artificial. Un espacio académico y científico institucionalizado para motivar e impulsar a los jóvenes investigadores pertenecientes a los semilleros de investigación; estos jóvenes representan una generación con talento y capacidades científicas que debemos acompañar y apalancar; ellos, encarnan el presente de la ciencia en Colombia. Un presente que debemos construir, para jalonar el desarrollo nacional y tener liderazgo científico en el mundo de la ciencia.

En este importante evento académico, tuvimos la oportunidad de disertar sobre la investigación científica en Colombia; con base en el estudio realizado por la misión internacional de sabios; quienes formularon una hoja de ruta de lo que el país necesita en los próximos años en materia de ciencia, tecnología e innovación. La misión definió 8 focos estratégicos que Colombia debe trabajar a saber: Biotecnología, bioeconomía y medio ambiente. Ciencias de la vida y la salud. Energía sostenible. Océanos y recursos hidrobiológicos. Ciencias básicas y del espacio. Ciencias sociales, desarrollo humano y equidad. Industrias creativas y culturales; y Tecnologías convergentes e industrias 4.0. Sectores estratégicos, en los cuales el país debe centrar todo el esfuerzo en investigación e innovación. En este sentido, la misión de sabios entregó el informe, donde recomienda las acciones que se necesitan implementar para convertir a Colombia en una sociedad del conocimiento y las bases para el desarrollo humano, sostenible y con equidad.

Mostremos algunas de las recomendaciones de la misión: El país no puede depender de otros países en conocimiento básico para tener un desarrollo económico acelerado o para disputar posiciones relevantes en la economía global; por consiguiente, el país debe crear nuevas industrias y desarrollar tecnologías propias; para ello, es necesario un aumento sustancial de las inversiones públicas en ciencia, tecnología e innovación – CTI y educación para hacer posible la diversificación de la economía; con nuevas industrias de base tecnológica; desarrollar nuestros potenciales y transitar hacia una sociedad basada en el conocimiento. La inversión total en I+D actual en Colombia es de 0.24 % del PIB; la meta es llegar a 1.5 % del PIB en CTI; de no hacer esta inversión, quedaríamos rezagados en productividad, calidad ambiental y progreso social. Otra recomendación de la misión tiene que ver, con la destinación de los recursos de regalía a actividades de CTI; actualmente se destina el 10% de las regalías; la misión propone elevar ese porcentaje al 25 %. Estos recursos se destinarían a educación con atención integral para menores de cinco años de las distintas regiones del país; a la financiación de centros e institutos de innovación e investigación regionales, y a los programas de los retos y las misiones. Desafortunadamente, aún esperamos que las recomendaciones de la misión de sabios se materialicen en políticas públicas de estado en materia de ciencia, investigación y desarrollo y no continúen siendo recomendaciones; como sucedió con la primera misión de sabios del año 1994 que aún está sin aplicar

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Gobernar con dificultades fiscales

Por: Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador del departamento de Córdoba

En los últimos días, los colombianos hemos sido testigos de algunas iniciativas gubernamentales tendientes a acrecentar los ingresos de la nación para la financiación de diferentes programas sociales. Este es el reto común para quienes tenemos la responsabilidad de gobernar: administrar recursos escasos en medio de múltiples necesidades territoriales. El problema se reduce a administrar ingresos y gastos con responsabilidad social, económica y política.

Y aunque parecieran asuntos independientes, el crecimiento económico es una variable fundamental que afecta en gran medida el comportamiento de los ingresos. A mayor crecimiento, más transacciones y mayor recaudo tributario. Es en esta variable donde quiero hacer un especial énfasis, porque el potencial es enorme.

Para lograr crecimiento económico, es fundamental potenciar la inversión en el país. La inversión es la variable que nos habla del futuro de la nación: a mayor inversión en educación, tendremos trabajadores más competitivos; lo mismo sucederá mañana si hoy invertimos en infraestructura, en salud, en vivienda, en servicios públicos, en vías o en aeropuertos, por solo nombrar algunos sectores. Difícilmente se puede hablar de crecimiento económico sin inversión.

Pero el comportamiento de la inversión al segundo semestre de 2024 nos indica que existen bastantes oportunidades de mejora. Mientras la participación de la inversión total como porcentaje del PIB a junio de 2024 fue del 13,9%, en junio de 2023 fue del 16,3%, y el promedio de su participación durante los mismos periodos de 2005 a 2023 fue del 21,7%. Al primer semestre de 2024 también ha caído la inversión extranjera directa (IED). Mientras que a junio de 2023 la IED totalizó USD 9.417 millones, a junio de 2024 esta fue de USD 6.720 millones, lo que representó una caída del 29%.

Para mejorar la inversión, es fundamental fortalecer la confianza de los inversionistas. De las tres métricas que siguen la confianza en el país (del consumidor, industrial y del comercio), la última métrica de la confianza del consumidor en agosto de 2024 representó un retroceso con respecto al mes anterior y se ubicó en terreno negativo. Lo mismo sucedió con la confianza industrial en julio de 2024, y la única que se mantiene en niveles positivos, aunque bajos con respecto a su historia, es la confianza comercial.

Para mejorar la confianza, son distintas las acciones que, como país, podemos implementar, y todas confluyen en seguridad y estabilidad: seguridad y estabilidad jurídica, tributaria, de la tasa de cambio, en las políticas públicas a implementar, y seguridad y protección a los habitantes y activos dentro del territorio nacional. Como mandatario local, y dentro de mis competencias, ejecuto y hago seguimiento a lo que está a mi alcance constitucional y legal, pero es fundamental que desde el gobierno nacional los mensajes y acciones en pro de una mayor seguridad y estabilidad se ejecuten.

Una mayor seguridad y estabilidad institucional atraerá mayor inversión, y con esto obtendremos un mayor crecimiento y un mayor recaudo tributario. Durante el primer semestre de 2024, mientras Colombia creció un 1,45%, países de la región lo hicieron a tasas superiores: Brasil a un 2,9%, Perú a un 2,5%, Chile a un 2,04% y México a un 1,82%.

El crecimiento es el camino de la prosperidad y para mayores ingresos fiscales. Con la articulación entre los gobiernos locales y el gobierno nacional, lo podemos lograr.

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¡Gracias, Narrador!

Por: Orlando Benítez Quintero 

El maestro Álvaro Díaz Arrieta, «El Narrador del Caribe», periodista deportivo a quien admiro y sobre quien escribí mi primer reportaje para la clase de redacción en la Universidad, publicó en su página de Facebook:

El Olvido

«Hay dos palabras que tienen el mismo significado en todos los idiomas del mundo: ‘olvido’ y ‘agradecido’. El olvido es la de mayor énfasis y uso en la desagradecida humanidad, con algunas excepciones, donde creo que puedo situarme yo. En mí no cabe eso de que ‘así como te quiero, te olvido’. Así lo he hecho con mis buenos amigos, quienes están y quienes ya han pasado a mejor vida.

Siempre que hacemos la escuadra en la calle 34 con carrera 9, llega a mi mente el recuerdo de uno de los periodistas más importantes que ha dado este departamento. Profesional a carta cabal, de quien tengo los mejores ejemplos de amistad, eficiencia, honestidad y pulcritud en su oficio de comunicador social. Me refiero a la figura, ya desaparecida, de Orlando Benítez Núñez, quien murió en una noche triste y oscura en esa esquina maldita y funesta que enlutó al periodismo del departamento y la costa. El periodista y amigo había salido de su trabajo como redactor en el diario El Meridiano, en horas de la noche, cuando unos vándalos, hijos de papi, como bólidos en una camioneta, metidos en contravía, se volaron la escuadra de la fatal 34 con 9, chocando el vehículo donde viajaba el comunicador y acabando con su vida en segundos. La trágica noticia nos conmovió y lloramos mucho. Era un ser, un valor, un intelecto del periodismo que no merecía ese final.

Las viejas generaciones de gobernantes jamás le dieron el reconocimiento a Orlando en vida y menos en la muerte, porque para la humanidad insensible sí existe el olvido.»

Narrador del Caribe.

Me he tomado el atrevimiento de republicar el texto de Álvaro Díaz Arrieta por dos razones. Primero, para disentir un punto de sus palabras hacia mi papá, y es que: no hay olvido, porque quienes lo amamos sabemos que lo más importante es que quienes lo quisieron no lo borren de su memoria, que lo recuerden, como usted lo hace. Segundo, ya lo dije en el titular: ¡gracias, narrador!, gracias por homenajear a quien ha sido la inspiración absoluta de mi vida, tanto personal como profesional. A él, cuya vida fue arrebatada prematuramente, dejando innumerables historias por contar y mucho por conocer. Su partida fue una injusticia, pero, sin buscarlo y a pesar del tiempo, continúan llegando a mí testimonios sobre sus cualidades humanas y profesionales. Es un regalo que me llena el corazón de una felicidad que supera el dolor, mientras intento seguir su senda en el periodismo y la comunicación, en ocasiones sin buscarlo. Además, don Álvaro, usted me ha hecho escribir por primera vez sobre este suceso.

Aunque nos arrebataron la oportunidad de tenerlo físicamente, su presencia sigue viva en cada palabra, como si aún caminara con nosotros, dejando huellas imborrables en el sendero que él mismo trazó. Y en ciertas conciencias, su recuerdo quizás perdura de manera distinta y será imposible de ignorar.

Orlando Benítez Núñez, desde ese 5 de septiembre de 1998, solo recuerdo tu sonrisa y el último beso en la sala de redacción. Lamento no poder contarte muchas cosas, como, por ejemplo, que elegí ser periodista —aunque creo que lo intuías—, y que no hayas disfrutado de los buenos momentos de la vida que vinieron después.

Yo no te olvido.

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Frentes unidos por la seguridad

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

La seguridad en nuestras regiones es, hoy más que nunca, un tema que demanda nuestra atención y acción conjunta. El avance de la delincuencia común y el crimen organizado nos obliga a unir fuerzas en un frente común, no solo para reforzar la seguridad, sino también para fortalecer la confianza entre la ciudadanía y nuestras Fuerzas Armadas.

La creación de frentes unidos de seguridad no debe ser vista como una opción, sino como una imperiosa necesidad y responsabilidad que compartimos a nivel nacional. Muchas veces, las políticas de seguridad parecen imponer soluciones centralizadas, alejando a los líderes locales de las herramientas necesarias para combatir las amenazas reales que enfrentamos, desde el narcotráfico hasta las bandas criminales.

Es fundamental potenciar la fuerza y capacidad de respuesta de nuestras instituciones. Esto implica asignar más recursos, dotando a la Fuerza Pública de tecnología moderna y herramientas logísticas que les permitan llevar a cabo su labor de manera efectiva. La modernización de equipos y la formación continua de nuestros policías y soldados son inversiones que no solo fortalecerán su desempeño, sino que asegurarán una respuesta más eficaz ante el delito y el crimen.

Para que esta lucha dé frutos, es vital que los alcaldes y gobernadores tengan voz y control en las decisiones operativas. Cada región enfrenta desafíos particulares que requieren respuestas rápidas y adaptadas a sus contextos. Por lo tanto, el Gobierno Nacional debe articularse con las administraciones municipales y departamentales, diseñando planes de acción que permitan perseguir y capturar a quienes amenazan la seguridad de nuestros ciudadanos.

Ejemplos exitosos, como la iniciativa ‘Fincas Seguras’ impulsada por la Séptima División del Ejército en Antioquia, nos demuestran el poder de la colaboración entre el sector privado y la Fuerza Pública. Este tipo de iniciativas no solo mejora la seguridad en el campo, sino que también activa la participación ciudadana y refuerza el sentido de pertenencia. Es momento de replicar estas estrategias en diversas regiones, adaptándolas a sus realidades.

Además, es indispensable establecer canales de comunicación efectivos y transparentes entre la comunidad y las autoridades. La denuncia oportuna de actividades sospechosas debe convertirse en una práctica cotidiana. En la era digital en la que vivimos, las plataformas permiten a los ciudadanos informar sobre incidentes de manera anónima y segura, contribuyendo así a una respuesta preventiva más efectiva.

Establecer frentes unidos por la seguridad y empoderar a nuestros líderes locales son pasos cruciales en esta difícil lucha contra la delincuencia y el crimen organizado. Este es un reto que todos los colombianos debemos asumir con seriedad, donde cada ciudadano se convierta en un aliado en la construcción de un futuro más seguro.

La fuerza de nuestra unión es inquebrantable porque juntos podemos garantizar la seguridad que tanto anhelamos. Es hora de actuar con determinación y compromiso hacia un país en el que todos podamos vivir con tranquilidad y esperanza.

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Modelos de Financiación de la Educación Superior

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

Rector de la Universidad de Córdoba 

En el contexto relacionado con financiamiento de la Educación Superior Pública en Colombia; es necesario hacer una lectura de las tendencias y experiencias internacionales que nos permitan comprender y nutrir el ejercicio deliberativo acerca del tema; para ello, es importante conocer, cómo funcionan los modelos de financiamientos soportados en la oferta en otras partes del mundo. Para empezar, hagamos un recorrido por los sistemas relevantes de financiamiento en educación superior en la región. Podríamos tomar como ejemplo, Argentina, un país donde se implementó un modelo centrado en tres componentes: el primero, ajusta el número de alumnos de cada universidad teniendo en cuenta tres factores: complejidad disciplinaria, el tamaño de las universidades y el rendimiento académico (el promedio de materias aprobadas por alumno). La ponderación del primer componente del modelo equivale al 45%. El segundo define costos normativos; para ellos, se calcula la cantidad de docentes, investigadores, autoridades, personal administrativo y gastos de funcionamiento e infraestructura, la ponderación de este componente es del 50%. El tercer componente hace referencia a la investigación; en función del número de investigadores por categoría y horas de dedicación, con una ponderación del 5%.

En el caso de Brasil, el modelo utilizado está compuesto por las siguientes variables: número de alumnos, docentes, infraestructura física, calificación del cuerpo docente, producción científica, número de cursos, costo del curso, tasa de éxito en la graduación; asimismo, la metodología de distribución incorpora indicadores fácilmente auditables y promueve la calidad. En cuanto a Chile, la asignación de fondos financieros es con base en indicadores de desempeño, de acuerdo al número de: alumnos, carreras de pregrado, profesores, proyectos de investigación y publicaciones indexadas; es decir, combinan elementos históricos y desempeño. En estos países, encontramos un modelo de financiamiento a la oferta y, soportado por el Estado, garantizando de esta forma la sostenibilidad financiera. Yéndonos a otras latitudes, encontramos que, en Europa, el financiamiento se realiza principalmente a través del subsidio a la oferta; salvo el Reino Unido; en este sentido, todos los países de la región destinan cuantiosos fondos públicos para financiar la educación universitaria. Desde luego, algunos invierten más que otros; pero, mayoritariamente, los costos de la educación universitaria se cubren de esta forma. En Asia, países como Corea del Sur y Japón, predomina el modelo de financiamiento privado; proveniente principalmente de las familias, lo cual se hace, a través de aranceles cobrados a los estudiantes. Por otro lado, están, Rusia, India, Israel y la China, en estos países predomina el financiamiento público. En la India y la China cuentan con los sistemas universitarios más grandes del mundo, con una matrícula que supera los 20 millones de estudiantes.

En Colombia, la financiación a la oferta se encuentra reglada en la Ley 30 de 1992, artículo 86 y 87, los cuales en sus inicios lograron financiar cerca del 90% de los presupuestos de las Universidades Estatales, sin embargo, esta normatividad no contempló el crecimiento y desarrollo institucional, y en la fórmula solo se reconoció el ajuste anual por IPC; sin embargo, 32 años después de la expedición de la misma, la financiación estatal alcanza apenas a cubrir cerca del 50% del presupuesto de las Universidades, en atención al cálculo de transferencia, que no incluyó crecimientos; estos últimos asumidos con recursos propios por las IES oficiales.

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La desinformación

Por Orlando Benítez Quintero.

“Primer caso de viruela del mono en Córdoba”. Titularon recientemente algunos medios, desatando la histeria en los grupos de WhatsApp de las tías, quienes, alarmadas, corrieron a desempolvar los tapabocas guardados desde la pandemia. Aunque las autoridades locales de salud desmintieron el rumor y ofrecieron aclaraciones técnicas, el daño ya estaba hecho, porque como cuando éramos niños y acordábamos las reglas del juego: “la primera palabra es la que vale”. De la misma manera, muchas audiencias legitiman como cierto el primer encabezado que miran.

Este fenómeno tiene nombre: noticias falsas o ‘fake news’ —o embustes, como dirían las tías—, que continúan proliferando a pesar de las investigaciones, debates y advertencias sobre lo alejadas que están de los principios del periodismo y la buena comunicación. A pesar de todo, gran parte de las audiencias sigue ignorando estas advertencias, mientras que algunos colegas eligen el impacto sensacionalista para ganar alcance, sacrificando la verdad. Y no es un problema menor; de hecho, está poniendo en peligro el orden global. El Informe de Riesgos Globales 2024 del Foro Económico Mundial califica la desinformación como uno de los mayores riesgos para el planeta.

El informe señala que tanto actores extranjeros como nacionales utilizarán la desinformación para agravar las divisiones sociales y políticas, convirtiéndola en una herramienta de poder. Se espera que cerca de tres mil millones de personas acudan a las urnas en países como México, Reino Unido y Estados Unidos, en los próximos dos años y que en esos procesos el uso generalizado de la desinformación y las herramientas para difundirla podría socavar la legitimidad de los gobiernos electos y de todos los actores políticos. Situación que se refleja en nuestro contexto local, donde dicha práctica se ha arraigado en medios y perfiles de redes sociales al servicio de todas las causas.

A esto se suma la creciente desconfianza en los medios de comunicación y el fácil acceso a la inteligencia artificial, una combinación peligrosa. Una investigación de la agencia Reuters muestra que los grupos marginados, afectados por la recesión y el desempleo, son más propensos a desconfiar de los medios convencionales. La proliferación de la inteligencia artificial y la facilidad con la que se puede generar información falsa y manipulada podrían crear «un terreno fértil para que la desinformación se arraigue y polarice comunidades, sociedades y países», señalan los autores del informe, que también indica que, con la verdad en riesgo, la amenaza de propaganda y censura aumenta. En respuesta a la desinformación, los gobiernos podrían verse tentados a controlar la información según lo que consideren «verdadero», cooptando la verdad, principio básico del periodismo, para sus propios fines.

El Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes reveló que el 44 % de los sitios web de noticias en Colombia tiene un riesgo mínimo o bajo de publicar contenido sesgado, alentador. Sin embargo, el 40 % de estos sitios muestra riesgo medio debido a la falta de transparencia en sus políticas editoriales y fuentes de financiamiento, y el 12 %, un riesgo alto por publicar contenido manipulador. Esto señala la necesidad de que los medios mejoren su transparencia y fortalezcan la confianza en su contenido, al tiempo que destaca la responsabilidad de los consumidores de verificar la veracidad de la información antes de compartirla. Es crucial elegir bien a quién seguir y con quién informarse.

Como las tías que sacaron los tapabocas por miedo a un brote inexistente, desde la comunicación debemos revisar la facilidad con la que caemos y hacemos caer en el engaño. Es imperativo reforzar los principios informativos en la búsqueda de un solo fin: la verdad. Promovamos la educación mediática para que las audiencias puedan exigir un periodismo comprometido con la verdad, porque la desinformación no solo es un juego peligroso, sino una amenaza real que, como la viruela, puede dejar cicatrices difíciles de borrar.

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En Colombia la política se escribe con P de Petro, paro y Pegasus

De comprobarse la existencia del software espía en el país, sería un arma política y militar letal, de destrucción de la oposición, de desmoronamiento de la sociedad civil

Por: HUBERT ARIZA

Columna tomada de El País (España)

En Colombia, Pegasus no es un mito griego, ni Petro un escuálido mandatario dispuesto a dejarse tumbar por la derecha, como él lo ha denunciado. Cuando la tormenta política arrecia por el paro del empresariado camionero, que mantuvo paralizado a más de medio país esta semana, el jefe de Estado contraataca a la oposición, en una alocución nacional, con un arma de alto poder: la denuncia pública de la supuesta compra, en 2021, por parte de la Policía Nacional, por 11 millones de dólares que nadie sabe de dónde salieron, de Pegasus, un software espía israelí que, como Dios, dicen que existe pero nadie ha visto, ni sabe quién lo opera, ni desde dónde está chuzando a grupos de interés.

Tampoco quién se beneficiaría de la información obtenida, ni cuáles son los blancos de interés de quienes manejarían esa poderosa arma de inteligencia.

Petro, experto en el arte de la guerra, se ha sacudido de la ofensiva en su contra de los últimos días, que ha tenido varios componentes, algunos originados en su propio delirio ideológico, como calificar como tres veces más dictador a su antecesor, Iván Duque, en comparación con el dictador venezolano Nicolás Maduro, o llamar “muñecas de la mafia” a las periodistas, que reaccionaron airadas en defensa de su dignidad, profesionalismo e incluso su vida.

Petro buscaba cambiar la agenda política, como lo ha hecho otras veces, poniendo al país a hablar de otro tema, mientras las carreteras nacionales permanecían bloqueadas, al igual que las entradas de las grandes ciudades. Pegasus no es un elefante alado, pero es un tema muy notorio para pasarlo inadvertido y descartarlo como una locura presidencial por exceso de café. Ignorarlo sería una enorme irresponsabilidad.

La alocución presidencial del pasado miércoles 4 de septiembre no es la noche septembrina de la derecha, pero sí será recordada como un fenómeno de la era petrista en la que un presidente utilizó su poder comunicacional para denunciar un asunto que, más allá de la coyuntura, sí debe investigarse hasta las últimas consecuencias en busca de la verdad.

No puede quedar en el ambiente una acusación tan grave contra la seguridad nacional, que, de ser cierta, tiene inmerso un complejo entramado de corrupción, en el que estarían involucradas altas dignidades del Estado y del Gobierno anterior, comenzado por el expresidente Duque.

Petro ha sacado de las sombras ese software espía que, como un caballo de Troya, posiblemente entró a Colombia por los laberintos oscuros de la ilegalidad desde hace tres años y puede que esté carcomiendo la confianza en la democracia, la justicia y la seguridad.

Hay que recordar que desde hace varios años, antes de que se hablará de ese caballo alado, el país ya padecía el fenómeno de las chuzadas.

Durante los ocho años de mandato de Álvaro Uribe, por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia fue blanco de ataques a su seguridad, según se denunció, por orden de altos funcionarios de esa administración. El DAS, en ese período, se convirtió, asimismo, en una cloaca bajo el dominio paramilitar, que persiguió incluso en el exterior a lideres de oposición y defensores de derechos humanos. Todos esos delitos están debidamente documentados y forman parte de la historia de violencia estatal en Colombia.

Es cierto que las órdenes de asesinato de varios líderes sociales pasaron por los escritorios del DAS, en cuyo interior se conformó un grupo criminal llamado el G-3, asesorado por José Miguel Narváez, exsubdirector de esa desaparecida policía política, condenado por la justicia por determinar el crimen del humorista Jaime Garzón, que se cumplió por mandato del desaparecido jefe paramilitar Carlos Castaño. Jorge Noguera Cotes, exdirector del DAS, pagó, además, una condena, precisamente, por estar al servicio de las autodefensas.

Colombia es tierra de realismo mágico y de realismo terrorífico. Los más de nueve millones de víctimas de la violencia, como desplazados forzados, desaparecidos, exiliados, las miles de fosas comunes, los hornos crematorios descubiertos y los métodos sádicos de asesinato de líderes de la oposición, no son mitos ni leyendas, sino la cruda realidad de un país que a pesar de intentar la paz por todos los caminos, durante los últimos 40 años, no ha logrado detener la máquina de la guerra. Y muchas de esas víctimas son el resultado de una errada política de Estado de alianza criminal de la fuerza pública con los grupos armados ilegales de extrema derecha, como lo ha demostrado la Justicia Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad.

De comprobarse la existencia de Pegasus en Colombia, entonces, no sería una tecnología pacífica en gentes sanas al servicio de la democracia. Sino un arma política y militar letal, de destrucción de la oposición, de desmoronamiento de la sociedad civil, siempre señalada por la extrema derecha o agentes descompuestos del Estado, en un país en permanente guerra, como aliada o al servicio de la guerrilla. Ese software, en manos de quienes se niegan a aceptar el surgimiento de nuevas fuerzas democráticas capaces de llegar al poder para intentar hacer las cosas de otra manera, sencillamente sería una amenaza a la democracia, al derecho al disenso, a la intimidad de las personas, a la renovación de los liderazgos.

El presidente Petro ha hecho una serie de preguntas que deben ser resueltas por la fiscal de manera rápida, con absoluta transparencia, para esclarecer los hechos y darle un parte de tranquilidad a los colombianos.

Nadie puede sentirse seguro en Colombia mientras gravite la acusación del propio presidente de la República de que un grupo de particulares o funcionarios públicos no identificados administran un software supuestamente comprado con dineros del Estado, que no están registrados en las cuentas de la nación, que usan la información recopilada con fines desconocidos.

Vistas así las cosas, Pegasus es, sin duda, un arma letal contra la democracia, sin control del Estado. Ni el propio presidente sabe a quiénes se vigilaría con ese software, quién procesaría la información, a quién se le enviaría, quién beneficiaría. No es realismo mágico, sería guerra híbrida al máximo nivel contra la sociedad civil y la democracia, pagada con dineros de los contribuyentes y para beneficio de una cofradía invisible que tiene objetivos desconocidos para la opinión pública.

La información compartida por las agencias internacionales de inteligencia financiera ha encendido las alarmas con movimientos no claros de millones de dólares en compra de tecnología maliciosa. Es información muy sensible que Petro ha utilizado en defensa de su Gobierno y para contraatacar a la derecha. La Cancillería, seguramente, tendrá que dar explicaciones a los aliados sobre el manejo público de esa información reservada. Pero el daño de Pegasus en Colombia podría ser de tal dimensión que el primer mandatario ha preferido saltarse los protocolos y atacar a quienes supuestamente están montados en Pegasus, espiando la vida de los colombianos y tomando decisiones con información ilegal para dañar reputaciones y cambiar el rumbo de la opinión.

La denuncia significa un enorme reto para la inteligencia colombiana, la Policía Nacional, el sistema judicial, y los medios de comunicación, que deben contribuir a esclarecer esta denuncia, que en un país desarrollado significaría una hecatombe política, pero en Colombia se busca meter en la licuadora de la polarización para minimizar los hechos.

¿En cuánto tiempo sabremos sobre la real existencia de Pegasus y sus alcances? Ojalá sea pronto. Ese caballo alado, de actuar en el país, podría estar en manos de algún Dios de la guerra anónimo, que, como Marte, quiera que Colombia arda en llamas y la derecha liquide el nuevo olimpo radical que lidera Petro.

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Desempleo en Colombia, un gran desafío

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

El reciente reporte del DANE sobre la tasa de desocupación en Colombia para el trimestre de mayo a julio de 2024 nos presenta una realidad que no podemos ignorar. En algunas regiones, los datos son alentadores, pero en otras, el panorama exige que se tomen acciones urgentes.

A nivel nacional, la tasa de desocupación aumentó 0,4 puntos porcentuales, pasando del 9,8 % en 2023 al 10,2 % en 2024. En este mismo periodo, del 1 de agosto de 2023 al 31 de julio de 2024, la cifra se sitúa en un 10,3 %. Son datos que muestran la necesidad de un trabajo conjunto y comprometido en pro del desarrollo de las regiones.

Mientras ciudades como Bucaramanga (8,4 %), Medellín (9 %) y Santa Marta (9,1 %) han logrado mantener tasas de desempleo en un solo dígito, otras como Neiva han mostrado una notable reducción de 2,6 puntos porcentuales, lo que evidencia que el cambio es posible. Sin embargo, el país no se puede conformar únicamente con los logros de ciertas ciudades; es necesario que las buenas prácticas y acciones en materia de generación de empleo se repliquen por todas las regiones colombianas.

Para el caso de mi ciudad, Montería, se están dando pasos firmes hacia la recuperación económica. En 2023 se lograron cifras históricas y alentadoras que contribuyeron a reducir la pobreza monetaria extrema a un solo dígito, disminuir la desigualdad, bajar la tasa de desocupación en más de 12 puntos porcentuales desde el pico más alto de la pandemia, que para el trimestre abril-junio de 2020 se reporto un 24,8 %, y activar la economía y microeconomía de los barrios luego de las dificultades que generó el Covid 19.

En la actualidad, las estadísticas indican un desempleo del 10,8 % y una disminución de 3,7 puntos en el desempleo juvenil, lo que nos llena de esperanza. Pero, ¿qué sucede en Quibdó, Arauca y Mocoa?, es preocupante que estas ciudades enfrenten tasas de desocupación que superan el 20 %. En Quibdó, por ejemplo, hemos visto un incremento alarmante en la tasa de desempleo, que ha pasado del 25,4 % en 2023 al 26,8 % en este año. Arauca, con un preocupante 30,5 %, y Mocoa con 27 %, nos recuerdan que aún hay largos caminos por recorrer.

Es momento de visibilizar el potencial de estas comunidades. Se necesitan esfuerzos para implementar políticas públicas que no solo busquen mitigar el problema del desempleo, sino que también fomenten el empleo formal. Las altas tasas de informalidad en la región Caribe son alarmantes: Sincelejo (65,8 %), Montería (61,4 %), Riohacha (61,1 %), Valledupar (61 %) y Santa Marta (59,3 %), y evidencian que es necesaria una transformación que conlleve a la creación de empresas estables.

Colombia no se puede esconder a este gran reto, por lo que se hacen necesarias acciones inmediatas de inversión en el campo, capacitación y asistencia técnica a nuestros ciudadanos, impulso de la educación y creación de entornos favorables para que inversionistas locales y extranjeros vean en Colombia un país lleno de oportunidades. De ahí que los esfuerzos del Gobierno Nacional deben ir de la mano del sector privado, formando una alianza armoniosa y estratégica que permita construir un futuro laboral más prometedor para todos.

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Acuerdo nacional por la financiación de la universidad pública

Por: Jairo Torres Oviedo

 Rector de la Universidad de Córdoba 

El pasado tres de septiembre, el Ministerio de Educación Nacional, en conjunto con los actores del sector de la educación pública superior, radicaron el proyecto de ley denominado «Acuerdo nacional por el rescate financiero de la educación superior pública», proyecto de ley, que tiene como propósito modificar parcialmente el Capítulo V del título III de la Ley 30 de 1992; es decir, los artículos 86 y 87 de la mencionada ley. El Sistema Universitario Estatal SUE, desde el año 2019, lideró la construcción de un modelo de financiación que resuelva la desfinanciación estructural de la Universidad Pública; teniendo como referencia: 1. Los estudios de los impactos de la normatividad actual. 2. El sistema prestacional docente. 3. Las brechas y análisis de estándares mínimos-requeridos. 4. Las ejecuciones presupuestales de gastos. 5. La recopilación de dificultades y propuestas de más de una década; las cuales, fueron incorporadas al nuevo modelo de financiación Ices (Índice de Costos de la Educación Superior). Por consiguiente, la reforma de la Ley 30 integra los elementos necesarios para subsanar el desfinanciamiento.

Recordemos, que el presupuesto de la universidad pública de orden nacional, departamental y municipal están constituidos por los siguientes aportes: Presupuesto nacional para funcionamiento e inversión. Aportes de los entes territoriales y recursos propios generados por cada institución. Con la aprobación de la reforma de la Ley 30; los aportes de nación y entes territoriales a las universidades oficiales, se calculará tomando como base el presupuesto asignado en el año inmediatamente anterior, por el mismo concepto, y ajustándose como mínimo cada año por el Ices de las universidades públicas, calculado por el Dane. Adicionalmente, en cada vigencia se asignarán recursos a la base presupuestal para atender las variaciones del sistema salarial y prestacional docente y las que afecten el costo salarial de las universidades. En el presupuesto general de la nación se dispondrán recursos adicionales orientados a aumentar progresivamente el acceso, permanencia y graduación de estudiantes de educación superior pública en pregrado, teniendo como criterios las brechas de acceso y permanencias territoriales y sociales, mejoramiento de la calidad y pertinencia de la oferta. Además, recursos a la base presupuestal orientados al fortalecimiento de plantas profesoral y administrativos. Dicho de otro modo; la propuesta de reforma de la Ley 30 planteada por el MEN y los actores del sector, consistente en cambiar la indexación en el tiempo del indicador tradicional; o sea, el IPC por el Ices. Lo cual, recoge los elementos estructurales planteados por el SUE, que consta de las siguientes variables: 1. Presupuesto actual de aportes de la nación y entidades territoriales ajustado por el Índice de Costos de la Educación Superior – Ices. 2. Presupuesto asignado por costo de los nuevos puntos docentes derivados de la aplicación del Decreto 1279 de 2002. 3. Presupuesto asignado para la vinculación de nuevos docentes y administrativos para cierre de brechas de calidad. 4. recursos para la ampliación de cobertura. 5. Presupuesto para el funcionamiento derivado de las decisiones del ejecutivo y el legislativo que impactan las finanzas y fuentes de financiación.

Esperamos que el trámite de esta reforma necesaria e impostergable permita una deliberación pública amplia; además de esto, la voluntad política del Congreso de la República; de esta forma, convertirla en una realidad social.

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