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Propósito Región

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

Considero con necesaria determinación e importancia se ejecuten políticas regionales en nuestro país, para el logro eficiente del desarrollo sostenible de los territorios, pues de esta manera venciendo las disparidades regionales, conseguiremos implementar acciones que buscan objetivos tales como la distribución de la riqueza, reducción de la pobreza y el desempleo, el incremento de la productividad, la educación, entre otros.

El reto de transformar la realidad de millones de colombianos dentro de sus propias regiones es una urgencia que debemos empezar a solucionar entre todos. Por esta razón, desde Propósito Colombia seguimos comprometidos en poner al servicio de las regiones nuestra experiencia, lograda gracias a las innumerables enseñanzas y retos que afrontamos los exalcaldes durante nuestros cuatro años de gobierno.

En este contexto, el país necesita ir más allá de la simple gestión del Gobierno Nacional. Actualmente, requerimos adoptar una visión integral que garantice una mejora significativa, eficiente y efectiva de las condiciones de vida de nuestra gente. Por ello, seguimos convencidos de que la vía expedita es lograr políticas públicas que conlleven a la autonomía regional, pieza clave para el desarrollo.

Por consiguiente, los departamentos y municipios necesitan programas, acciones y alianzas que no solo respondan a los desafíos inmediatos, sino que también impulsen un crecimiento sostenido en todos los renglones sociales, políticos y económicos del país.

Esto implica, por ejemplo, fortalecer el Plan de Alimentación Escolar, asegurando que nuestros niños, niñas y jóvenes tengan acceso a una nutrición adecuada que fomente su aprendizaje y desarrollo integral. Asimismo, se requiere invertir en educación, vivienda y servicios públicos, como el agua potable, para cerrar brechas y transformar la calidad de vida de millones de colombianos en cada rincón del país.

Acompañado de ello, debemos sumarle que la seguridad sigue siendo un tema de gran preocupación; por lo tanto, se hace indispensable implementar medidas que reduzcan los índices de delitos de impacto. Es importante recordar que la seguridad es la piedra angular que permitirá que nuestras comunidades prosperen, reduciendo el miedo y la inseguridad, factores que por décadas han frenado el progreso y la competitividad de las regiones.

En este amplio panorama, resulta fundamental el apoyo al emprendimiento como motor esencial para revitalizar nuestra economía. Fomentar la creación de empresas y estimular el espíritu emprendedor son pasos fundamentales para incrementar el PIB regional. De este modo, a mayor inversión y creación de empleos, mayor bienestar general y autonomía financiera se podrá alcanzar.

Adicionalmente, no podemos olvidar la importancia de una colaboración que trascienda el color político. El compromiso genuino de trabajar de la mano con la academia, expertos y diversos sectores es esencial para impulsar y concretar acciones efectivas. Sin duda, el esfuerzo colectivo es la verdadera oportunidad para transformar las dificultades actuales en oportunidades para todos, y no solo para unos pocos.

Es momento de que nuestras políticas reflejen el anhelo de nuestra gente, con el propósito de dignificar la vida de los ciudadanos. Al final del día, nuestro propósito es Colombia y, para lograrlo, debemos emplear todos los recursos y conocimientos a nuestro alcance para garantizar un desarrollo equitativo e inclusivo que resuene en cada parte del territorio nacional.

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Descentralización para el desarrollo

Por Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador de Córdoba 

“Descentralizar por descentralizar no es nuestro objetivo, sino cumplir unos fines de política pública: equidad territorial e inclusión social; descentralización para la vida, descentralización como modelo de desarrollo para todos; como goce efectivo de la autonomía; y como mecanismo para hacer público lo público», manifestó Darío Restrepo, director técnico de la Misión de Descentralización, concluida en el mes de junio de 2024. En mi concepto, como Gobernador del Departamento de Córdoba, una de las misiones más importantes de los últimos años.

Gran parte de las amenazas y oportunidades para el desarrollo económico de Colombia se gestan o están en las regiones, y la descentralización, tal como ha funcionado hasta hoy, tiene bastantes oportunidades de mejora. Precisamente, la Misión tuvo como objetivo tratar cinco asuntos de gran interés: I) Proponer una redefinición de competencias entre los diferentes niveles de gobierno; II) Proponer una modificación a las fuentes y usos asignados a las entidades territoriales; III) Modificar la arquitectura institucional existente; IV) Crear un Estado abierto, incentivando la participación ciudadana territorial; y V) Incorporar en la descentralización a los territorios indígenas.

De las múltiples recomendaciones de la Misión, dos llamaron mi atención y quiero resaltarlas. La primera hace referencia a la reforma del Sistema General de Participaciones (SGP). El SGP es la fuente de financiación más importante que soporta la descentralización en Colombia. Aunque las estimaciones de lo establecido originalmente en la Constitución del 91 proyectaban que los recursos destinados a las regiones para cubrir las necesidades de salud, educación y saneamiento serían el equivalente al 46.5% de los Ingresos Corrientes de la Nación (ICN), este porcentaje para 2023 fue de solo un 21%. Como resultado, muchas de las competencias que deberían ser cubiertas por el SGP, tales como la alimentación escolar, están siendo financiadas por otras fuentes de los departamentos, como las regalías, que se caracterizan por ser recursos inciertos.

La segunda recomendación de la Misión que quiero destacar es la modificación del Sistema General de Regalías (SGR). Esta modificación debería estar encaminada a respetar la autonomía de las entidades territoriales y permitir que los recursos del SGR sean usados para el financiamiento de proyectos estratégicos. Para ello, la Misión propone, entre otras cosas, suprimir los OCAD regionales y sectoriales (paz y ciencia, tecnología e innovación, CTeI) y sustituirlos por la gestión directa de las entidades territoriales. Por ejemplo, en la actualidad, en el OCAD de CTeI se realizan convocatorias públicas y competitivas para la asignación de recursos, lo que, por un lado, tiende a favorecer a oferentes que concentran más capacidades y a negar el acceso a los recursos a los territorios menos desarrollados o con menores capacidades, lo cual es un contrasentido, pues esos territorios deberían ser los más beneficiados.

Otras recomendaciones de la Misión incluyen modificar las categorías de las entidades territoriales, reformar el Marco de Responsabilidad Fiscal Subnacional y crear el Fondo de Convergencia Económica Territorial (FECET). Los gobernantes y el país no podemos seguir siendo pasivos y solo contemplar que, mientras la pobreza monetaria en Medellín alcanza un 22.6%, en Quibdó llega al 60.1%, y continuar indiferentes. Por ello, invito al Congreso de la República y al país a acompañar las iniciativas legislativas tendientes a mejorar la descentralización en Colombia y así alcanzar una mayor equidad e inclusión social.

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Un Paso Decisivo hacia la Seguridad Vial en Colombia

Por: Antonio José Correa Jiménez

En Colombia, los siniestros viales se han convertido en una problemática de gran magnitud, con cifras alarmantes que demandan una intervención estatal más efectiva y oportuna.

Es por ello que, como Autor y ponente del Proyecto de Ley 205 de 2023 del Senado, me complace presentar a la opinión pública los beneficios y la importancia crucial de esta iniciativa legislativa, que tiene como objetivo central fortalecer las medidas de control y ejecución de políticas públicas para la reducción de los siniestros viales en nuestro país.

El Proyecto de Ley 205 de 2023 no es solo una respuesta a las estadísticas preocupantes que enfrentamos, sino un compromiso con la vida y la seguridad de todos los colombianos.

Según el último informe de seguimiento del Plan Nacional de Seguridad Vial (PNSV), la mortalidad por siniestros viales en Colombia sigue siendo una de las más altas de la región, con incrementos preocupantes en el número de fallecidos, especialmente entre los usuarios de motocicletas y vehículos de cuatro o más ruedas.

El proyecto propone una serie de medidas innovadoras y estrictas que buscan no solo reducir las cifras de mortalidad y lesiones graves en accidentes de tránsito, sino también crear un marco normativo más robusto que garantice la efectiva implementación de políticas públicas, con una clara coordinación entre las diversas autoridades de tránsito, incluyendo al Ministerio de Transporte, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), y las entidades territoriales.

Otro aspecto relevante en el articulado es la creación de un banco de proyectos enfocado exclusivamente en la prevención de siniestros viales.

Este banco permitirá a gobernadores y alcaldes postular proyectos que serán evaluados y viabilizados por un comité especializado de la ANSV, asegurando que las inversiones se destinen a intervenciones que realmente contribuyan a la seguridad vial, como la construcción de glorietas, pasos seguros, puentes peatonales y mejor iluminación pública.

Por último, este proyecto actualiza disposiciones de la Ley 769 de 2002, adaptando la normativa existente a las necesidades actuales de la seguridad vial en Colombia, y es una herramienta esencial para transformar el panorama de la seguridad vial en nuestro País. Su aprobación no solo salvará vidas, sino que también fortalecerá la confianza de los ciudadanos en las instituciones encargadas de velar por su bienestar.

Es un paso firme hacia un país más seguro, donde la movilidad no sea sinónimo de peligro, sino de progreso y desarrollo.

Invito a mis colegas del Senado y a todos los colombianos a apoyar esta iniciativa, porque la vida de cada uno de nosotros merece todas las garantías que el Estado pueda ofrecer.

 

 

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Pronto Lorica y el bajo Sinú contarán con Subasta Ganadera

Tras conversaciones del alcalde Carlos Mario Manzur con Subagan, ya está a punto de ser una realidad la sede de la Subasta Ganadera en Lorica y bajo Sinú.

La apertura fortalecerá el sector ganadero, brindando más oportunidades al municipio y productores.

Con esta infraestructura los ganaderos de Lorica y el bajo Sinú tendrán un escenario nuevo para la comercialización del ganado.

La Alcaldía de Lorica informó que avanza en un 85% la nueva sede de @subagan, tras destacar que es el inicio de un ambicioso proceso que sin duda dinamizará la economía en el bajo Sinú y fortalecerá la actividad ganadera y toda la cadena productiva.

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Petro, dos años nublados por corrupción

Ningún logro de los resaltados por el presidente es tan fuerte como para impedir que la deshonestidad de algunos funcionarios sea la etiqueta imborrable de esta primera mitad de la administración

Por: Hubert Ariza

Columna de opinión tonada de El País de España.

Con el estallido del escándalo de la UNGRD, el incendio político en el vecindario, los índices de popularidad en rojo y el crecimiento del pesimismo colectivo, no hubo mucho que celebrar en Colombia el pasado 7 de agosto, cuando se cumplieron dos años de la posesión del presidente Gustavo Petro, el primer mandatario firmante de un proceso de paz exitoso.

Esta vez no ondeó, como en 2022, la bandera del M-19 en la Plaza de Bolívar, no se escuchó un discurso inspirador o desafiante del statu quo, ni el país renovó las ilusiones del éxito en ese proyecto político de izquierda. Tampoco expresó optimismo en que ahora sí llegará el anhelado acuerdo nacional que impulse las grandes reformas que transformen la vida de la nación.

“Pero sí hemos hecho, y hemos hecho más de lo que muchos piensan”, dijo Petro al hacer la lista de logros de su Gobierno, muchos de los cuales el país ignora o se niega a creer por la ausencia de una exitosa política de comunicación gubernamental y el desafiante estilo de gobierno del mandatario.

Ese balance ha sido nublado, sin embargo, por el eco del estallido del escándalo de corrupción protagonizado por funcionarios petristas deshonestos de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, que pusieron un billonario presupuesto al servicio de un entramado para enriquecerse ilegalmente y, al mismo tiempo, impulsar las reformas gubernamentales en el Congreso de la República.

Un escándalo que involucra a los máximos exdirectivos de esa entidad, a cuatro ministros y dos ex altos funcionarios del Gobierno, y a nueve congresistas, incluidos los expresidentes de Senado y Cámara.

Justo ese día de conmemoración, la Fiscalía realizó la audiencia de imposición de medida de aseguramiento contra los principales acusados en el expediente de la UNGRD, Olmedo López y Sneyder Pinilla, que fue transmitida en directo por varios medios de comunicación, copando la agenda mediática e impactando a la opinión pública, mientras en el histórico Puente de Boyacá el presidente pronunció un discurso sobre las fuerzas militares, con el sol a las espaldas y rodeado de funcionarios con caras largas.

Al mismo tiempo que el mandatario hablaba del futuro, la Fiscalía demostraba la capacidad de daño de unos funcionarios deshonestos que demolieron la esperanza.

Por ello, la euforia de hace dos años fue reemplazada por un sentimiento generalizado de frustración. Fue un día de decepción para los más de once millones de electores del presidente, porque ningún logro, de los resaltados por Petro y sus funcionarios, es tan fuerte como para impedir que la corrupción sea la etiqueta imborrable de esta primera mitad de la administración. Una etiqueta que borró la promesa de valor de un mandatario que llegó al poder con la bandera del cambio, después de décadas de lucha en el Congreso contra la podredumbre política y sus alianzas criminales con el paramilitarismo, que sembraron de sangre la geografía nacional.

Consciente de ello, el jefe de Estado reconoció que ese fenómeno afectó su gestión. “Ese flagelo ha logrado permear a nuestra sociedad y nuestras instituciones. A nosotros en el Gobierno nos ha permeado y era algo que no debía haber pasado en el Gobierno del cambio”, dijo en su alocución televisada de balance de dos años de mandato.

Unas horas antes, había enfilado baterías en la red social X, antes Twitter, contra la periodista Diana Saray, tratando de poner el espejo retrovisor en otros escándalos en administraciones anteriores, como el supuesto saqueo de las EPS durante la pandemia, y de ratificar su compromiso contra la corrupción, al tiempo que descalificaba la labor de los medios, siempre críticos con una administración que ha atacado su credibilidad e independencia. “Que Olmedo se vaya a la cárcel, yo mismo exijo la reparación de la UNGRD, pero que no vengan los dueños de ciertos medios con su propaganda contra nosotros a ocultar su propia y enorme podredumbre llena de sangre”, escribió Petro.

Precisamente por esos permanentes ataques, la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, ha emitido constantes comunicados condenando los excesos gubernamentales en ese campo.

Del 7 de agosto de 2024 queda el mea culpa del presidente por el caso de la UNGRD, su recuento de quince logros en su gestión, y el llamado insistente a un acuerdo nacional, en el que pocos creen, excepto él mismo y su ministro del Interior, Juan Fernando Cristo. “He hecho un llamado a los partidos políticos, empresarios, organizaciones sociales para que nos sentemos a construir un gran acuerdo nacional en torno a la reforma de la salud, la reforma de los servicios públicos, la implementación del acuerdo de paz y la lucha contra la corrupción”, dijo.

Esta vez no habló de las reformas agraria, política y a la justicia, ni del reordenamiento territorial, un tema vital para los gobernadores, hastiados del exceso de centralismo y presidencialismo. Tampoco mencionó la convocatoria de una Constituyente, ni insistió en su tesis del poder constituyente. Tal vez ya entendió que el palo no está para cucharas y que debe conformarse con entregar el poder pacíficamente el 7 de agosto de 2026.

En 2020, Colombia hablaba del estallido social, lo que impulsó el ascenso al poder de Petro en 2022. En 2024 se habla del estallido de la corrupción como el detonante de la narrativa de una derecha que busca demoler cualquier logro del Gobierno del cambio e impactar la campaña presidencial de 2026. Con el escándalo de la UNGRD, la Fiscalía está recuperando el protagonismo, el respeto y la independencia perdida, y la Justicia tiene una dura prueba para demostrar eficiencia y compromiso en defensa del Estado social de derecho y la democracia, que se debilita con cada hecho de corrupción e impunidad, que alimenta los discursos de odio y el deseo de venganza de los electores.

El tercer año del Gobierno del cambio ha comenzado, entonces, con el propósito de allanar el camino hacia un acuerdo nacional, que debe demostrarse con hechos y no con palabras. En tiempos de escepticismo y baja popularidad del presidente, con las heridas abiertas por la corrupción y el anhelo de justicia colectivo, la narrativa de venezolanización del país tomando fuerza, el fuego amigo al interior del Pacto Histórico, y la campaña presidencial avanzando con fuerza, hay poco optimismo en que se logre ese objetivo.

Quizá el primer paso debería darse desde la Casa de Nariño, bajándole el volumen de agresividad en X contra la prensa y la oposición, y apoyando la justicia para que se castigue ejemplarmente a los involucrados en los hechos de la UNGRD. Corrupción e impunidad no pueden ser sellos del cambio. También impulsando una audaz política pública anticorrupción, que se traduzca en el fortalecimiento de la Justicia y los órganos de control, despolitizándolos y sacándolos de la órbita de la politiquería enquistada en sus organigramas.

La campaña del 2026 comenzó con fuerza.

La derecha aplaude la crisis permanente de la izquierda, pero no ha logrado posicionar un candidato que supere el desastre de la campaña de 2022 y su falta de liderazgo cuando vendió como alternativa a un candidato condenado hoy por corrupción. Por ahora, su narrativa no pasa de escaramuzas mediáticas de corta duración.

Aunque Petro goza de impopularidad, la derecha no parece ser la alternativa ante su falta de imaginación y líderes cualificados. El centro tiene hoy una enorme oportunidad de construir un relato que saque a Colombia de la dicotomía Petro o Uribe, y encarrile a Colombia hacia un verdadero acuerdo nacional en defensa de la Constitución de 1991, para impedir que el populismo autoritario se empodere con las banderas de la lucha contra la corrupción.

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Honor y compromiso por Colombia

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

Con ocasión del pasado 7 de agosto, fecha en la que conmemoramos los 205 años de la Batalla de Boyacá y los 214 años de nuestro glorioso Ejército Nacional, quiero dedicar las siguientes líneas a los valerosos hombres y mujeres que de manera abnegada y con orgullo prestan su servicio a la patria.

En los campos de batalla y en tiempos de paz, su valentía se erige como un pilar fundamental para nuestra democracia. Nuestros miles de héroes anónimos han demostrado, a lo largo de la historia, un compromiso inquebrantable en la defensa de la soberanía y el bienestar de los colombianos.

La Batalla de Boyacá, librada el 7 de agosto de 1819, marcó un punto crucial en el camino hacia la independencia de Colombia. Enfrentamiento que no solo selló la libertad, sino que también forjó las bases esperanzadoras de un futuro soberano y próspero.

Durante 214 años el Ejército Nacional ha jugado un papel esencial en el apoyo a la institucionalidad y en el combate contra la insurgencia que ha acechado al país. Desde su fundación en 1810, el Ejército ha evolucionado y se ha adaptado a los desafíos cambiantes, siempre con la misión de servir a la patria y proteger a sus ciudadanos. Destacándose también el trabajo que realiza nuestra Armada Nacional y la Fuerza Aérea para defender el territorio por agua y cielo.

A quienes, desde la parte civil, se suma la Policía Nacional, con hombres y mujeres que se esfuerzan diariamente por garantizar la tranquilidad y la seguridad de los colombianos. Gracias a su labor incansable en las calles de nuestras ciudades, la población puede seguir construyendo su vida cotidiana en paz.

Durante décadas, estas instituciones han enfrentado numerosas adversidades y retos, que van desde conflictos internos hasta amenazas externas, siempre con el propósito de mantener el orden, la legalidad y la estabilidad de nuestra democracia.

Es esencial que como sociedad valoremos y mostremos nuestro respeto hacia estas instituciones y las personas que las componen. Su trabajo a menudo implica riesgos significativos y un sentido de responsabilidad que va más allá de lo común. Reconocer su esfuerzo y valentía no solo fortalece el vínculo entre la Fuerza Pública y la ciudadanía, sino que también fomenta un ambiente de colaboración en el mantenimiento del orden, la seguridad y la justicia.

Nos conmueve el servicio que presta su personal anteponiendo a la Nación sobre sus familias. Enfrentándose al difícil reto de equilibrar el amor hacia sus seres queridos con el cumplimiento de su deber, lo que demuestra su dedicado compromiso y la fortaleza de espíritu que caracteriza a quienes eligen este noble camino.

Como colombiano me llena de orgullo poder contar con cada uno de estos hombres y mujeres que son un digno ejemplo de dedicación y valor. Así como respetar y honrar sus lemas ¡Patria, Honor y Lealtad!, y ¡Dios y Patria!, que conllevan una mística y filosofía cargada de amor por la defensa de nuestro país. Su entrega y sacrificio sin temor a equivocarme son el sustento esencial sobre el que reposa nuestra libertad y seguridad. Su labor es un legado que merece ser reconocido y exaltado cada día.

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Hipocresía en el deporte

Por: Jairo Torres Oviedo

 Rector de la Universidad de Córdoba 

Por estos días, el país vibró de emoción y alegría; todo esto, por cuenta del deporte. En esta ocasión, la medalla de plata lograda por el joven cucuteño Ángel Barajas, quien con 17 años alcanzó la gloria en los Juegos Olímpicos de París 2024 a través de una disciplina de mucha exigencia, como lo es la gimnasia olímpica; modalidad reservada para un pequeño grupo de deportistas de la élite; allí, algunos alcanzan dicha gloria, convirtiéndose en dioses o semidioses en la gimnasia; para de esa forma estar al lado de Zeus en el monte olimpo y convertidos en ejemplo para la humanidad. Precisamente, eso representa Ángel Baraja; un ejemplo para los jóvenes colombianos; quien con talento y disciplina logró superar las adversidades para cumplir sus sueños.

La medalla de plata obtenida por Ángel en los Juegos Olímpicos de París permite reflexionar sobre el deporte colombiano, históricamente centrado en el fútbol; convertido en espectáculo comercial y lucrativo, con pocos logros y alegrías. A los colombianos nos inculcaron solo fútbol y, marginalmente, otros deportes como el ciclismo; la gimnasia solo la vemos y escuchamos en las olimpiadas. Cuando nuestros deportistas participan en el certamen deportivo más importante del mundo; como los juegos olímpicos realizados cada cuatro años, encontramos que, Colombia no es solo fútbol; sino múltiples disciplinas deportivas, donde muestra la capacidad y talento en disciplinas como: boxeo, taekwondo, karate, yudo, atletismo, pesas, natación, tenis, bicicross, gimnasia, entre otros. Deportistas que han ofrecido triunfos y alegrías al deporte colombiano con poco apoyo estatal, sin políticas claras en materia deportiva, mendigando ayuda económica para representar al país.

Estos deportistas tienen algo en común; reflejan el orden social construido. Jóvenes como Ángel Baraja son testimonio de superación en medio de la exclusión y poco apoyo estatal; quienes enfrentan la adversidad con sacrificios y disciplina para alcanzar sus sueños. La medalla de plata de Ángel no es fruto de la suerte y azar; es el sacrificio, disciplina y perseverancia; un joven que creyó en sí mismo, proveniente de una familia humilde, de una madre soltera cabeza de familia; como la mayoría de las madres colombianas que entregan todo por sus hijos; un entrenador con pocos recursos apoya e inspira.

Así cosechamos los mayores triunfos en el deporte. Festejado y aplaudido de forma hipócrita por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo y no lo hacen; de concebir el deporte como la mayor plataforma de proyección e imagen del país ante el mundo, para mostrar la identidad cultural y el talento de nuestros jóvenes. Desafortunadamente, el deporte colombiano como expresión marginal muestra y reafirma lo que somos: un país injusto e inequitativo que refleja una permanente hipocresía.

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Reactivación y desempleo

Por: Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador de Córdoba 

Poco halagadoras fueron para el país las cifras de desempleo publicadas esta semana. La tasa de desempleo nacional se ubicó en un 10.3% en junio de 2024 y hace un año se había ubicado en un 9.3%. En términos de personas desempleadas, el país pasó de tener 2.3 millones de desempleados a 2.6 millones de desempleados. Es urgente la puesta en marcha de un plan de reactivación económica a nivel nacional que impulse el crecimiento a través de una mayor inversión y confianza industrial, comercial y del consumidor.

A nivel territorial, en la Costa Atlántica fueron muy pocas las regiones que contuvieron el desempleo. Dentro de estas se encuentran las ciudades de Barranquilla, Valledupar y Montería, destacándose que, en esta última, la tasa de desempleo disminuyó 3 puntos porcentuales al pasar de 14.3% en junio de 2023 a 11.3% en este año, lo que significó 15 mil nuevos empleos frente al mismo periodo del año anterior.

El resultado de la capital de Córdoba se logró, entre otras cosas, gracias a la inversión por parte de la administración pública (Alcaldía y Gobernación) y a los importantes eventos nacionales e internacionales que se llevaron a cabo durante el mes de junio, tales como la Feria Nacional de la Ganadería, edición número 62, y las Fiestas del Río. Actividades de este tipo, que promueven la confianza inversionista del sector productivo y de los consumidores, son las que el país necesita para que los beneficios del crecimiento económico y la generación de empleo se irradien a lo largo y ancho del territorio colombiano.

Volvamos al panorama nacional. Durante el primer trimestre de 2024, conforme a las estadísticas más recientes del DANE, la participación de la inversión como porcentaje del PIB fue de tan solo un 13.5%. Esta es la menor participación de la inversión en un primer trimestre desde al menos el año 2005. Por ejemplo, la participación de este rubro fue de 24.7% en 2007, 24.1% en 2014, 20.6% en 2022 y 18% en 2023. Recordemos que la inversión es el componente del PIB que nos habla del futuro del país: de educación para el trabajo, de maquinaria para generación de valor y de bienestar.

Pero el comportamiento de la inversión va inexorablemente ligado al comportamiento de la confianza. ¿Quién va a invertir sus recursos en un ambiente tan hostil que no le permita tener sus recursos de vuelta o disfrutar sus compras? La respuesta corta es: nadie. En el país, el termómetro de la confianza lo lidera Fedesarrollo, que mide la confianza de tres grandes actores: la confianza de los consumidores, de los comerciantes y de los industriales. La confianza industrial está en terreno negativo desde el mes de febrero de 2024, la del consumidor desde junio de 2022 y la única en terreno positivo a junio de 2024 es la confianza comercial.

A propósito de los 30 años de la Federación Nacional de Departamentos, mi invitación a los líderes departamentales es a seguir trabajando para atraer la inversión generando confianza, sin olvidar el importante apoyo y apalancamiento que se puede generar desde el gobierno central. Con mayor inversión seremos más productivos, más competitivos y prósperos. A escala departamental, la Feria de la Ganadería fue un éxito para el Departamento de Córdoba. Más iniciativas de estas y a mayor escala, atrayendo inversionistas nacionales e internacionales, es lo que necesitamos los colombianos. Si a nivel global se espera un crecimiento económico en 2024 de 3.2% y de un 1.9% para los países emergentes de Latinoamérica, Colombia no se debería conformar con una tasa del 1.1%, que es lo proyectado.

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Educación y deporte: Dúo para el desarrollo rural

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

El concepto de desarrollo social debe entenderse como un conjunto de acciones e iniciativas encaminadas a incentivar y promover un proceso de cambio de las sociedades locales o rurales que propicien el mejoramiento integral de la calidad de vida de la población, incluyendo actividades económicas y de desarrollo social que ensamblan otras fundamentales como la salud, y la educación y el deporte que sin lugar a dudas son factores integradores por excelencia del tejido social de las comunidades rurales fortaleciendo la sana convivencia y los valores éticos y morales.

Para ello, no solo se le debe apostar a los procesos agropecuarios, sino que se deben destinar inversiones significativas en educación y deporte, un dúo que sin duda abre el camino de las oportunidades y el desarrollo, toda vez que poseen el poder transformador para equilibrar la balanza y así dejar atrás las desigualdades que han tenido que padecer muchas generaciones campesinas.

La educación, como derecho fundamental consagrado en nuestra Constitución, es el pilar de una sociedad próspera y equitativa. Sin embargo, en las zonas rurales, la situación educativa es deficiente. A menudo nos topamos con infraestructuras carentes y escasas de docentes, puntos que se tornan en la principal limitación para las poblaciones rurales condenadas a duros ciclos de pobreza, exclusión, violencia y desplazamiento.

El reto está en que el nivel central, en conjunto con los gobiernos locales y la empresa privada, logren la destinación de recursos importantes que, además de mejorar la infraestructura, conduzcan a la implementación de acciones, proyectos y planes innovadores con metodologías relevantes y adaptadas a las necesidades de cada región, con programas de formación y apoyo para docentes rurales y el uso de tecnologías digitales para acceder a recursos educativos globales como el bilingüismo y la inclusión real y respetuosa de las comunidades étnicas con sus lenguas y culturas tradicionales.

Debemos empezar a mirar experiencias exitosas como Finlandia, país conocido como uno de los mejores sistemas educativos del mundo y el que ha demostrado que la inversión en educación y la capacitación continua de los docentes puede generar resultados extraordinarios como el de lograr que las zonas rurales finlandesas sigan el mismo modelo de calidad, con un enfoque personalizado y recursos adecuados.

Lo anterior debe estar complementado con el impulso de las prácticas deportivas como una poderosa herramienta de inclusión social y desarrollo personal.

Desafortunadamente, las instalaciones deportivas rurales son precarias o inexistentes, lo que priva a nuestros niños, niñas y jóvenes campesinos de la oportunidad de practicar alguna actividad que mejore su salud física y los aleje de los peligros de la drogadicción y la violencia.

Es vital la creación de programas deportivos sostenibles y accesibles, que indiscutiblemente se convierten en un faro de esperanza y un poderoso motor de cambio. Tal y como se hace en Brasil con el programa «Deporte para Todos», iniciativa que ha desarrollado espacios públicos en comunidades vulnerables para proporcionar acceso gratuito a diversas actividades deportivas o en nuestro país con el “Golombiao”, estrategia que combina el fútbol y la pedagogía para promover valores y habilidades sociales entre los jóvenes, fomentando la convivencia, el respeto, la equidad y la solidaridad entre familias y comunidades.

La inversión en educación y deporte en las zonas rurales es estratégica para el mejoramiento de la calidad de vida, la disminución de la pobreza y el incremento de la cohesión social. Es el momento indicado para crear políticas públicas encaminadas a canalizar esfuerzos y recursos, públicos y privados, para alcanzar el máximo potencial de la ruralidad colombiana.

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Están muriendo las democracias

Por: Jairo Torres Oviedo
Rector de la Universidad de Córdoba

Asistimos y presenciamos en la cultura política occidental, un creciente deterioro de las democracias; resultado de los extremismos ideológicos, radicalismos políticos, negacionistas, polarización, sectarismos y mutua satanización de un lado y otro del espectro político; situación que está conduciendo a una estrepitosa caída de las democracias actuales, lo que conlleva a la necesidad de repensarlas y revitalizarlas como verdadera forma de gobierno. Podemos observar en el escenario político, las patologías sociales que evidencian, cómo fallecen las democracias. Oportuno citar el libro: «Cómo mueren las democracias» editado por la Editorial Ariel y escrito por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de Harvard; quienes analizan las democracias, construyendo la tesis sobre las razones que inciden en la muerte de estas, dado la pertinencia y actualidad histórica del tema, para comprender las dinámicas democráticas en Occidente. Lo que permite decir, que la democracia es frágil y vulnerable; especialmente en América Latina, donde a partir de los 90 iniciamos la transición a la democracia.

Desde esta perspectiva, el bienestar de un sistema democrático está determinado por: 1. Una constitución que exista realmente. 2. Convicciones sobre la libertad e igualdad. 3. Una robusta clase media. 4. Elevados niveles de riqueza y educación. 5. Amplio y diversificado sector privado. 6. Organizada y fuerte sociedad civil. 7. Partidos políticos organizados con agenda de nación. Cuando estas condiciones están débiles o inexistentes, la democracia se vuelve vulnerable y fallece, desvirtuando la idea de que la democracia solo muere en manos de hombres armados. Por ejemplo, en la Guerra Fría, golpes de Estado provocaron el colapso de tres de cada cuatro democracias; entre ellas, la democracia de Argentina, Brasil, República Dominicana, Grecia, Guatemala, Nigeria, Pakistán, Perú, Tailandia y Uruguay perecieron de este modo. En todos estos casos, la democracia se disolvió mediante la coacción y poder militar; sin embargo, existen otras maneras de hacer quebrar una democracia, un modo menos dramático, pero destructivo; no a manos de generales, sino líderes electos democráticamente que subvierten el proceso que los condujo al poder; esta es la forma como están muriendo las democracias.

Por otro lado, las dictaduras flagrantes en forma de fascismo, comunismo y gobierno militar prácticamente han desaparecido. En esta dirección, cuando finalizó la Guerra Fría, la mayoría de las quiebras democráticas las provocaron los mismos gobiernos electos. Dirigentes elegidos por la población han subvertido las instituciones democráticas. Estamos acostumbrados a creer que las democracias mueren por medio de golpes de Estado clásicos, donde el palacio presidencial es incendiado, el presidente asesinado, encarcelado o exiliado y, la Constitución suspendida o descartada. En cambio, por la vía electoral no ocurre nada de esto; sin tanques de guerra en las calles, la constitución y otras instituciones nominalmente democráticas continúan vigente y la población sigue votando. Los autócratas electos mantienen una apariencia de democracia, a la que van decantando hasta despojarla de contenido.

Lo anterior, tiene como contexto las mismas instituciones democráticas, partidos políticos, élites políticas y económicas. Esta es la paradoja trágica del ejercicio electoral utilizado por los autócratas como estrategia gradual, sutil e incluso legal para liquidarla. Por este camino transitan las democracias occidentales actualmente; una nueva forma de liquidarlas y negarlas. Pero, también tenemos el conocimiento y la forma de evitar su extinción.

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