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Córdoba y su gente fueron los protagonistas del año

Por: Erasmo Zuleta Bechara 

Gobernador del Departamento de Córdoba y presidente de la Federación Nacional de Departamentos.

La temporada de fin de año suele ser un periodo para compartir en familia, de reflexión y de evaluación; un periodo de cierres y de establecimiento de nuevas metas para el año que viene. Y como gobernador del departamento, lo tengo que decir claramente: Córdoba y su gente fueron los protagonistas de 2025.

Y esta no es solo la opinión de un cordobés que ama su tierra; es una opinión sustentada en cifras, dejando de lado el subjetivismo y permitiendo que las métricas y los hechos hablen por sí mismos. Por ejemplo, para 2024, Córdoba fue el departamento de la Costa Atlántica que más creció, a una tasa del 1,9 % con respecto a 2023, por encima de Magdalena (1,8 %), Atlántico (1 %) o Sucre (0,9 %), e incluso por encima del país, que creció como un todo un 1,6 %.

El mayor crecimiento económico se tradujo en mayor bienestar para la población. La tasa de desempleo departamental disminuyó del 14,6 % en 2020 al 10,9 % en 2024, y la de la capital, Montería, que equivale al 22 % del mercado laboral del departamento, se ubicó en octubre de 2025 en un 8,1 %, la menor tasa de desempleo desde el año 2015. Este menor desempleo ha significado mayores ingresos para los cordobeses, y es así como la incidencia de la pobreza monetaria departamental alcanzó en 2024 un mínimo histórico desde 2016, al ubicarse en un 49,6 %, casi 10 puntos porcentuales por debajo de la registrada en 2020, cuando fue del 59,4 %.

Estos logros son el resultado de múltiples acciones en diferentes sectores que se han venido adelantando en el departamento, como los servicios públicos, el deporte, el turismo y la infraestructura vial, entre otros.

En servicios públicos, por ejemplo, el número de hogares con servicio de acueducto se ha incrementado de 349 mil en 2019 a 455 mil en 2024. En los últimos dos años hemos instalado casi 11 mil acometidas y contadores, más de 500 kilómetros de redes, cinco plantas nuevas de tratamiento y hemos optimizado otras cuatro, con una inversión de COP$ 334 mil millones.

En el sector deporte logramos que, para 2027, Córdoba y Sucre fueran los departamentos elegidos para la celebración de los XXIII Juegos Deportivos Nacionales y VII Juegos Paranacionales, y que en 2028 Córdoba sea sede de los Juegos de la Juventud. Estos eventos, además del impulso que representan en las adecuaciones de infraestructura respectiva, han potencializado el sector turismo en el departamento. Y en este último, los resultados también han sido históricos: en lo acumulado de 2025, el sector en el Golfo de Morrosquillo y la Sabana ha crecido un 9,3 % con respecto a 2024, mientras que en el país el sector ha caído un -2,6 %.

En infraestructura vial, llevamos más de 100 kilómetros intervenidos entre construcción, rehabilitación y mejoramiento, y otros 120 intervenidos con maquinaria amarilla, con una inversión que supera los COP$ 100 mil millones. Con el corredor entre Chinú y San Bernardo del Viento, que beneficiará a nueve municipios y a más de 400 mil personas con destino a la zona costanera, por un valor cercano a los COP$ 255 mil millones, vamos a intervenir 70 kilómetros. Lo mismo sucede con la Transversal del Sur, cuya primera fase supera los COP$ 100 mil millones, donde vamos a intervenir 36 kilómetros que conectarán el sur del departamento con los puertos de Urabá.

Todos estos resultados y perspectivas no hubieran sido posibles sin el apoyo de los cordobeses; por esto, mi personaje del año es el departamento de Córdoba.

Por último, espero que con los cambios administrativos que se avecinan en 2026 podamos recibir un apoyo decidido del Gobierno nacional y así multiplicar todos estos esfuerzos territoriales en pro de la población.

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Mensaje de Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

 Rector de la Universidad de Córdoba 

En estas fiestas de Navidad y fin de año, cargadas de recuerdos, nostalgia, melancolía y anécdotas sobre vivencias pasadas y presentes, evocamos a los amigos de juventud, a los familiares y a los seres queridos ausentes o distantes. Época de regocijo, en la cual las ciudades, pueblos y barrios se llenan de vida, alegría y luces de colores. En donde el centro de esta celebración lo constituyen el pesebre y el árbol de Navidad, símbolos de una tradición cristiana que conservan su originalidad y riqueza espiritual.

Cabe destacar que el pesebre es punto de encuentro para las familias y comunidades: allí se reflexiona, se canta y se espera con júbilo la Nochebuena y el nacimiento del Niño Dios. Comprendamos la riqueza simbólica que representa el pesebre en la vida personal, familiar y comunitaria, inspirados en el mensaje del papa Francisco sobre la Navidad. Para él, los elementos del pesebre reflejan dimensiones de la existencia humana que debemos interiorizar. Francisco nos recuerda que la Navidad, aunque ruidosa, nos invita al silencio para escuchar la voz del amor.

El amor no es solo palabra o expresión: posee un contenido profundo en la vivencia cristiana. Es ayuda al prójimo, definido como hermano. El amor cristiano se encarna en el mensaje de Jesús, tan necesario para la humanidad. Sin amor, la humanidad es una construcción sin sentido. Por ello, alrededor del pesebre debemos escuchar la voz del amor para ser mejores personas.

El papa también nos habla del árbol de Navidad, que simboliza nuestra frágil e imperfecta condición humana, pero que resiste con fortaleza y vigor los vientos de la adversidad, el dolor y la tristeza, así como las dificultades de la vida. Los adornos del árbol representan virtudes, colores que embellecen nuestras vidas. Las campanas de Navidad, al sonar, se convierten en símbolo de unión comunitaria. Nosotros mismos debemos ser campanas, llamados a integrar y congregar.

Asimismo, estamos invitados a ser luz de Navidad: cuando nuestras vidas iluminan el camino de los demás con alegría, paciencia y generosidad. Somos ángeles de Navidad cuando cantamos y proclamamos al mundo un mensaje de paz, justicia y amor. Somos estrella de Navidad cuando guiamos a otros hacia el encuentro con Jesús. Somos Reyes Magos cuando entregamos lo mejor de nosotros, sin importar a quién.

Somos música de Navidad cuando conquistamos la armonía interior. Somos regalo de Navidad cuando nos hacemos verdaderos amigos y hermanos de todo ser humano. Somos tarjeta de Navidad cuando la bondad se escribe en nuestras manos. Somos felicitaciones de Navidad cuando perdonamos y construimos paz en medio del sufrimiento. Somos cena de Navidad cuando compartimos el pan y la esperanza con el pobre que está a nuestro lado.

Que, en esta Navidad, alrededor del pesebre y reunidos en familia y en silencio, podamos vivir y sentir el nacimiento de Jesús en nuestros corazones y en nuestras vidas. Les deseo una feliz Navidad y que nuestras vidas reflejen la sencillez y la esperanza del pesebre.

¡De todo corazón, les deseo una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo!

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RECURSOS DE LA PAZ CAPTURADOS

Antonio Jose Correa Jimenez.
Senador de la República

En regiones como Montes de María, el sur de Córdoba y el sur del departamento de Bolívar, la paz no es un discurso abstracto. Allí la paz tiene nombres, rostros y cicatrices. Son territorios donde la guerra dejó muertos, desplazados, tierras abandonadas y una deuda histórica del Estado que aún no ha sido saldada.

Por eso, la reciente asignación de recursos del OCAD Paz para estas subregiones debe reconocerse como un avance del Departamento Nacional de Planeación en este gobierno. La inversión en territorios PDET no es un favor: es una obligación moral, constitucional y política con las víctimas del conflicto armado, consagrada en el Acto Legislativo 04 de 2017, que acompañé convencido de su sentido reparador. Sin embargo, ocho años después de aprobado ese acto legislativo, sería un error y una irresponsabilidad celebrar sin advertir los riesgos estructurales que desde su creación han rodeado al OCAD Paz y que hoy amenazan seriamente su legitimidad.

Paradójicamente, fue el gobierno de Iván Duque, opositor del Acuerdo de Paz y de este mecanismo, el que terminó estrenando la bonanza de billones del OCAD Paz. Con escándalos sonados de corrupción. Hoy estamos en otro gobierno, pero no podemos caer en la idea de que “todo está bien”. Sin seguimiento riguroso esta historia puede repetirse. Debo decirlo con claridad: en el más reciente OCAD Paz todo empezó mal.

La elección del delegado de los alcaldes se dio bajo un manto de dudas. En ejercicio de mis funciones como congresista, denuncié públicamente hechos graves, como la presunta compra de voluntades para elegir el Alcalde, que representaría a estos en el órgano decisorio encargado de asignar los recursos. Ante estas denuncias, el presidente Petro actuó con responsabilidad institucional y envió a el secretario de Transparencia al lugar.

El resultado fue alarmante: se evidenció que el número de votos depositados no coincidía con el número de asistentes. Pero el problema no termina ahí. Persiste una realidad que muchos alcaldes conocen y pocos se atreven a denunciar por miedo: un cartel enquistado en la tecnocracia del Departamento Nacional de Planeación que vende viabilidades de proyectos(10%). Funcionarios de carrera y otros deciden el destino de iniciativas que deberían estar al servicio de las víctimas. La denuncia de un alcalde es contundente: le habrían exigido 100 millones de pesos para no bajarle la calificación de su proyecto, sugiriéndole incluso que “empeñara el carro” si no tenía cómo pagar.

El mandatario cuyo nombre me reservo por razones de seguridad se negó, y su proyecto fue excluido del proceso. Ese nivel de degradación institucional no puede normalizarse. A ello se suman graves suspicacias sobre reuniones irregulares el mismo día de la votación. Varios alcaldes mencionaron citaciones en un hotel San Francisco de Bogotá, donde presuntamente se exigía una “vacuna” cercana al (15) % del valor del proyecto para garantizar la asignación de recursos.
La información de la malla validadora de contratación muestra la presencia de megacontratistas con un control real sobre la tecnocracia del DNP y sobre quienes deciden la asignación de recursos. Se trata de un cartel bien estructurado que los órganos de control están llamadas a investigar. Lo más grave es que los recursos de la Paz se encuentran capturados.

A esto, se suman rumores alarmantes: alcaldes que estarían financiando candidaturas a las curules de paz con recursos recién aprobados. Por favor Dedíquense a gobernar y no a la codicia que enceguece. Respeten el derecho que la ley les otorgó a las víctimas de elegir libremente a sus representantes, sin que millones de pesos del pueblo se utilicen para comprar votos con la misma plata destinada a reparar su dolor.

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Por más transformación

Por: Jairo Torres Oviedo.
Rector de la Universidad de Córdoba

El pasado cinco de diciembre, el Consejo Superior Universitario, como máximo órgano de gobierno y dirección de la Universidad de Córdoba, me designó rector de la institución. Esta designación valida y reconoce la expresión de los estamentos universitarios, manifestada a través de la participación democrática de profesores, estudiantes y trabajadores, donde logramos 8.579 votos, alcanzando un porcentaje de 84,97%. Este resultado constituye un mensaje de confianza de la comunidad universitaria, no solo hacia un liderazgo, sino hacia un proceso y un proyecto que han contribuido a la transformación institucional. Esa confianza es, además, un mandato para continuar con más transformación, que consolide los procesos misionales de docencia, investigación y proyección social.

Durante esta última década de trabajo incansable y sostenido, siento la necesidad social, moral y espiritual de agradecer a Dios, fuente de toda sabiduría, fe y fortaleza, quien me ha acompañado en este camino. A mi familia, mi refugio, razón e inspiración, expreso gratitud por la paciencia, comprensión y amor, como soporte silencioso frente a los avatares de este liderazgo y responsabilidad. A la comunidad universitaria —profesores, estudiantes, egresados y trabajadores— mi reconocimiento por la confianza: ustedes son el soporte y sentido de la esencia y naturaleza de la universidad; representan la fuerza de vida, dignidad y propósito. Cada avance institucional, cada logro, es el resultado del esfuerzo, la inteligencia y el trabajo en equipo de una comunidad universitaria consciente de que la educación es la fuerza más poderosa para transformar seres humanos y convertirlos en sujetos de transformación. Este es el poder que encarna y representa la Universidad de Córdoba para el presente y futuro del departamento.

A la sociedad cordobesa, a la que nos debemos, que nos vio nacer, crecer y formarnos académica, científica y humanamente, y que nos reclama y exige como actores de cambio y transformación, reiteramos nuestro agradecimiento por la confianza y credibilidad en la Unicórdoba. Somos conscientes de que nuestro liderazgo tiene sentido y se valida cuando responde a las demandas y necesidades sociales. Trabajamos todos los días por hacerlo posible, por llegar y hacer presencia en cada región del departamento, en particular en la Córdoba periférica y marginal. En los próximos años culminaremos la materialización de la regionalización de la universidad; nuestra apuesta es dotar a la juventud cordobesa de capacidades en materia de educación y conocimiento.

La Universidad de Córdoba es un patrimonio público, gracias a la lucha de generaciones que han demostrado que la educación es el medio para transformar vidas, generar desarrollo, construir civilización y, sobre todo, abrir un camino de esperanza. Extiendo también un reconocimiento a los distintos actores de la institucionalidad territorial y nacional, pública y privada, que han construido vínculos con la Unicórdoba para poner en marcha proyectos de transformación social del territorio. El fortalecimiento de la universidad es un compromiso compartido que exige responsabilidad, generosidad, visión y corresponsabilidad.

En este mismo sentido, agradecemos a las generaciones pasadas y presentes, a los fundadores de la universidad, por sus aportes para que este sueño fuese posible. Haber creado la Universidad de Córdoba constituye el primer y único acto revolucionario en la corta existencia del departamento. A todos ellos, a mi generación y a la generación que represento, reiteramos un agradecimiento eterno por haber hecho posible el nacimiento del alma máter de los cordobeses y la construcción de una historia que revitalizamos y transformamos para responder al presente.

El proyecto que representamos concibe la vida, y en especial la vida pública, como entrega y servicio al prójimo. No trabaja en función de cargos ni reconocimientos, sino en el compromiso de construir, formar y transformar la vida de los seres humanos. Por ello, servimos con amor, sencillez y entrega. Continuaremos transformando.

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Córdoba es el destino 

Por: Erasmo Zuleta 

Gobernador del Departamento de Córdoba y presidente de la Federación Nacional de Departamentos.

Por estos días, muchos colombianos y visitantes extranjeros se preguntan cuál es el destino ideal para viajar en familia durante la temporada vacacional de fin de año. La respuesta está más cerca de lo que imaginan: Córdoba se siente, se vive y está en el radar, con las puertas abiertas para recibirlos.

Este año, el departamento ha registrado un número récord de turistas internacionales, reflejo del creciente interés por descubrir una región auténtica, diversa y llena de experiencias. Como gobernador del departamento, mi invitación es clara: tanto connacionales como visitantes extranjeros están llamados a conocer todo lo que Córdoba tiene para ofrecer. Aquí convergen playas, ríos, ciénagas, cultura, tradición, gastronomía y experiencias que conectan con la esencia del Caribe colombiano.

Hoy, el turismo en Córdoba ya no se concibe como un plan aislado, sino como una apuesta estratégica de desarrollo local, que genera ingresos en los territorios, fortalece las economías comunitarias y promueve un crecimiento sostenible. Por eso, más que hablar de “sitios”, hablamos de rutas y experiencias: formas de recorrer el departamento con sentido, identidad y calidad.

Uno de los ejes centrales es el turismo de naturaleza. El río Sinú, columna vertebral del departamento, deja de ser solo paisaje para convertirse en experiencia viva: recorridos fluviales, atardeceres memorables y avistamiento de aves hacen parte de una oferta que conecta al visitante con el entorno. Rutas asociadas al Sinú, junto a planes como Descubre a Betancí, visitar el Pueblito Cordobés y actividades alrededor de Montería, una ciudad vibrante y en constante movimiento, consolidan un modelo de turismo de bajo impacto ambiental y alto valor para el territorio.

En este mapa natural se destaca también la ciénaga de Ayapel, cuyo Complejo Cenagoso está reconocido como Sitio Ramsar, humedal de importancia internacional. Allí, los operadores turísticos ofrecen experiencias que integran el agua, el muelle turístico y los sabores tradicionales del municipio, logrando una conexión genuina entre naturaleza, cultura e identidad cordobesa.

El turismo cultural es otro gran pilar, especialmente en el medio y bajo Sinú. Lorica invita a recorrer su centro histórico a través del City Tour Pueblo de Río, donde arquitectura, gastronomía y tradición se entrelazan con el río. Cereté propone una ruta de memorias, pitos y tambores que permite vivir la cultura popular desde adentro; Tuchín abre las puertas al mundo zenú mediante el trenzado en caña flecha; y Purísima ofrece una experiencia profunda de conexión con la tierra y el agua, rescatando los saberes ancestrales de la nación zenú.

Hacia el sur, el Alto Sinú revela una Córdoba de aventura, aprendizaje y contacto directo con la naturaleza. Rutas como Embalse Sinú Arriba, Herencia de la Montaña y la Ruta Cacaotera integran paisaje, conocimiento y comunidades locales, promoviendo un turismo consciente, pausado y respetuoso. Mientras tanto, en la zona costanera, municipios como San Antero, San Bernardo del Viento, Puerto Escondido y Moñitos combinan descanso y mar Caribe, con experiencias familiares y actividades náuticas que completan un portafolio ideal para todo tipo de viajero.

Y la lista podría continuar, porque en Córdoba cada municipio tiene una historia que contar y una experiencia que ofrecer. Todos comparten ese inconfundible sabor caribeño que se siente en la música, en la comida y en la forma de recibir a quienes nos visitan. Pero, sobre todo, comparten lo más valioso: su gente, orgullosa de su tierra y siempre dispuesta a hacer sentir al visitante como en casa.

Córdoba lo tiene todo. Por eso, en estas vacaciones de fin y comienzo de año, es difícil imaginar un mejor destino. Los esperamos para que vengan, lo recorran y se enamoren de este departamento tanto o incluso más que nosotros.

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Pirómanos autócratas

Por Jairo Miguel Torres Oviedo

Rector de la Universidad de Córdoba

En las últimas semanas estamos presenciando el despliegue militar norteamericano en costas venezolanas. La última vez que un hecho similar sucedió en la región fue durante la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989. El despliegue militar en el mar Caribe demuestra lo que todos conocemos: el enorme poder militar norteamericano; en este caso, utilizado para intimidar y presionar la salida del régimen venezolano encabezado por Nicolás Maduro. En esta ocasión, la razón que justifica la descomunal avanzada militar es la lucha contra el narcotráfico, y no la lucha contra el comunismo ni contra el enemigo interno, característico de la Guerra Fría.

Pero detrás de esta justificación lo que se pretende es esconder y distraer la realidad política que viven los Estados Unidos: la favorabilidad de Trump está en 36 %, existe una inflación incontrolable, aumento de la pobreza, persecución a los inmigrantes, escándalos por aparecer en la lista de Jeffrey Epstein y protestas masivas en las calles. Una paradoja en esta justificación: mientras lideran una lucha contra el narcotráfico, perdonan a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado a 45 años por narcotráfico.

Esta realidad política interna, centrada en el descontento de sus electores y en una fuerte oposición, ha llevado al presidente Trump a asumir una conducta semejante a la de un pirómano: provocar incendios de manera continua, impulsiva y descontrolada, para luego observarlos, analizarlos e intentar apagarlos. Es decir, al igual que un pirómano, Trump siente una fascinación patológica por el fuego, pero en la lógica política que aplica, lo hace con un propósito intencional: distraer y controlar.

Ahora bien, esta conducta adquiere relevancia cuando es ejercida desde una posición de poder; en este caso, la del presidente del país más poderoso del planeta. Con esta lógica de poder político, expresa una supremacía militar con la que intimida y somete, desconociendo la soberanía y autodeterminación de los Estados, el derecho internacional, los tratados sobre derechos humanos y los organismos multilaterales creados para regular, dirimir conflictos y alcanzar la paz entre los Estados y al interior de los mismos. En esa línea de conducta, gobiernan los Estados Unidos y tratan de controlar el mundo, sin ningún tipo de restricción legal.

¿Qué pasará con Venezuela? En el Caribe es posible que, bajo esta conducta dominante, se pretenda profundizar el incendio con mayor presión psicológica y bloqueos marítimos y aéreos, con la intención de que el régimen venezolano dé un paso al costado. Un escenario improbable, dado el arraigo del chavismo en amplios sectores venezolanos y, en particular, en las fuerzas militares. Otro escenario posible es incendiar con ataques aéreos y terrestres algunos espacios estratégicos del país caribeño, lo cual podría debilitarlos y obligar a una rendición, o, por el contrario, profundizar una guerra interminable. Los escenarios están abiertos y el mundo bajo una amenaza de incendios que se propagan sin control alguno.

En este sentido, las voces más sensatas claman por una salida dialogada, autónoma y soberana, con acompañamiento de la comunidad internacional; mientras otros avivan el fuego con la invasión militar. Estos últimos, desde la comodidad económica y política, buscan hacer parte del saqueo del petróleo venezolano. Este es el trasfondo y la verdadera justificación para invadir Venezuela: incendiar para distraer y luego sustraer. La era Trump responde a ideales de superioridad racial, cultural, política, económica y militar, respaldados por billonarios dueños del poder económico mundial. Con ello, imponen una versión del capitalismo salvaje soportado en un modelo neoliberal sin rostro humano, poniendo en jaque la paz y el equilibrio del orden internacional. Sorprende la reacción del mundo «civilizado», en particular, de los países europeos, quienes han asumido una posición sumisa y obediente, convertidos en espectadores de lo que Hannah Arendt denominó la banalidad del mal. Este es el escenario de la geopolítica internacional: el resurgimiento de nuevos nacionalismos centrados en la supremacía racial y en la negación de principios esenciales de la democracia liberal.

Posdata: Quienes desde Colombia avivan el fuego para que los pirómanos del norte incendien Venezuela, pensando solo en sus intereses, también pueden hacernos quemar.

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Ruby Chagui reaparece como la carta fuerte del uribismo en Córdoba

Por: Jesús Mora Díaz

En la política nada es casualidad, y menos en un departamento como Córdoba, donde cada gesto, cada aparición pública y cada pronunciamiento puede anticipar movimientos de fondo. La reaparición de Ruby Chagui Spath en un multitudinario evento en Cereté encendió las alarmas —y las expectativas— dentro del Centro Democrático, una colectividad que se prepara para una contienda legislativa en la que necesita recomponer fuerzas y recuperar terreno.

El encuentro del pasado 22 de noviembre no fue uno más en la agenda regional. Fue un termómetro del pulso político del uribismo en Córdoba. Allí, frente a centenares de simpatizantes, la presencia conjunta del expresidente Álvaro Uribe Vélez y la exsenadora Ruby Chagui dejó un mensaje inequívoco: la dirigencia y las bases quieren a Chagui de vuelta en el Senado.

La escena fue reveladora. El público, entre consignas y ovaciones, no pedía simplemente una aspiración. Lo que reclamaba era liderazgo, coherencia y fortaleza. Y para muchos en Córdoba, ese liderazgo lo encarna Chagui, una dirigente que ha acompañó a Uribe por más de 20 años, en momentos de alta tensión política y que logró construir un sello propio dentro de la colectividad.

Durante su paso por el Congreso, Ruby Chagui se consolidó como una voz estructurada, disciplinada y con capacidad de interlocución nacional. Su defensa de los principios fundacionales del Centro Democrático, sumada a una agenda legislativa enfocada en el desarrollo regional, la convirtió en una figura con ascendencia tanto dentro de la bancada como en sectores sociales y productivos del Caribe.

Hoy, con un partido que busca reorganizarse ante el desafío electoral de 2026, su eventual regreso adquiere un valor estratégico. Fuentes internas del Centro Democrático confirman que su nombre suena con fuerza en los últimos días, y que la presión de las bases podría acelerar una decisión que muchos consideran necesaria para revitalizar la presencia uribista en el Senado.

Si Chagui da el paso, el mapa político de Córdoba podría experimentar una recomposición significativa. El departamento, históricamente cercano al proyecto uribista, encontraría en ella una figura capaz de articular voluntades, atraer nuevos apoyos y contrarrestar el avance de otras fuerzas políticas que han ganado protagonismo en la región.

Más allá de la especulación electoral, lo que quedó claro en Cereté es que Ruby Chagui mantiene intacto su capital político. Su nombre sigue generando adhesión, expectativa y, sobre todo, confianza entre quienes consideran que el Centro Democrático necesita recuperar liderazgos con trayectoria, disciplina y claridad doctrinaria.

La pregunta ya no es si la quieren en la contienda. Eso quedó demostrado. La pregunta es cuándo y cómo anunciará su decisión. Y, sobre todo, qué implicará ese movimiento para una colectividad que empieza a mover sus fichas con la mirada puesta en 2026. Porque en la política cordobesa, y en el uribismo especialmente, pocas figuras mueven el tablero como Ruby Chagui.

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La infraestructura no es un lujo  

Por: Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador del Departamento de Córdoba y presidente de la Federación Nacional de Departamentos (FND)

Con gran preocupación debemos recibir los colombianos la caída en el crecimiento económico del sector de la construcción, acumulado a sep-25, de -2,6%, mientras que el crecimiento promedio del 2006 al 2024 para este mismo sector fue del 2,6%. Dentro del mismo se encuentran subsectores tan relevantes para el bienestar de los colombianos como el de edificaciones o el de carreteras y vías de comunicación.

Particularmente en las regiones, es muy sentido el clamor de mayores inversiones en la construcción de carreteras, vías de ferrocarril y proyectos de servicios públicos. Nada se saca con decir que se apoya el sector agropecuario si los campesinos no tienen cómo transportar sus productos para comercializarlos, si los costos de transporte son muy elevados, o si se pretende impulsar el turismo con carreteras en mal estado o afectadas por derrumbes, erosión costera u otros fenómenos naturales.

Según Fedesarrollo, en términos económicos, la inversión en construcción de carreteras y obras civiles tiene un efecto multiplicador muy importante: cada peso invertido en obras civiles implica un aumento de COP$ 2,25 en la producción nacional, COP$ 2,46 en salarios y COP$ 4,90 en recaudo fiscal. Pero la relevancia del subsector de carreteras y vías de ferrocarril dentro del PIB nacional, que llegó a ser del 2% en 2014 y 2015, ha presentado una tendencia decreciente desde aquel entonces, hasta llegar a sep-25 a un 1,1%, casi la mitad de lo que representó hace 10 años.

De conformidad con diversos centros de estudios económicos, son dos las razones que explicarían el deterioro tan marcado en la infraestructura vial. Por un lado, la baja ejecución presupuestal de entidades como el INVÍAS, que presentó una ejecución promedio del 50% entre 2022 y 2025, y por el otro, la poca confianza entre los actores del sector, que ha incrementado la percepción de riesgo contractual.

Entre tanto, en Colombia se reconoce que las regiones hemos sido, a pesar de los modestos recursos con que contamos, quienes hemos dinamizado el sector en la actualidad. Pero, evidentemente, las presiones fiscales de las regiones también se han incrementado desde otros frentes, como el de la educación, la salud o los servicios públicos, y se hace imperativa la ayuda inmediata de las entidades del sector transporte del orden nacional para coadyuvar con el desarrollo de proyectos viales o de ferrocarril que impactarían en la competitividad de largo plazo a nivel regional.

Por ejemplo, en Córdoba tenemos los peajes, pero no vemos las inversiones. En Puerto Rey, la erosión costera amenaza las vías y las obras no aparecen para su mitigación. Ya lo informó la Cámara Colombiana de Infraestructura con respecto al programa de Gestión Vial Integral (GVI): aunque los ingresos de este programa dependen de los ingresos de los peajes, la reinversión local es baja en la mayoría de los corredores y el resultado es que cerca del 60% de la red a su cargo se encuentra en regular, mal o muy mal estado. En algunos lugares, la reinversión local alcanza tan solo el 12,6%.

Las carreteras no son un lujo, son una necesidad económica para los habitantes de los territorios del país. El discurso ideologizado de que las carreteras son “para los ricos” o para las “élites” no sirve como justificación a un campesino que no puede comercializar sus productos, movilizarse a los centros de salud o colegios, o para tantas otras actividades conexas que una infraestructura vial acorde a las necesidades del territorio solamente podría generar como progreso.

Mi llamado respetuoso a las entidades del sector transporte es a que ejecuten los recursos disponibles para el sector con mayor eficacia, que aparezcan a nivel territorial para trabajar coordinadamente y que, evidentemente, no se espante a los inversionistas que ayudan al desarrollo de este sector.

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NARRATIVAS EXTREMISTAS

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo 

Rector de la Universidad de Córdoba 

En análisis anteriores hemos abordado el tema de la muerte de las democracias, un problema que ocupa el centro del pensamiento político occidental en estos tiempos de turbulencias, extremismos y polarización ideológica. La confrontación de discursos y narrativas en cada extremo del péndulo político —negando la democracia en nombre de la democracia— nos expone a discursos dogmáticos, poseedores de verdades irrefutables, defendidas a costa de negar y violentar libertades. Es un modelo que recorre Occidente y nos obliga a reflexionar sobre la vigencia de la democracia: revitalizarla o verla morir.

El escenario político nacional es una muestra de lo que ocurre en la región, en Estados Unidos y en Europa. La frágil cultura política actual se alimenta de caudillismos y personalismos, apelando a principios fundacionales que nunca han existido. Entristece observar el nivel de polarización y el irrespeto en la vida pública nacional: hemos caído en un empobrecimiento del debate, dando paso a la descalificación y a la anulación del otro. Esto impone la necesidad de un liderazgo inaugural y transformador que tenga como centro la reafirmación de la convivencia social. Si no aprendemos a convivir en la diferencia, no podremos construir una democracia.

Desde hace un tiempo hemos caído en un estado de opinión determinado por una narrativa mediática de desinformación y posverdad. Con ello estamos construyendo nuevas formas de violencia, en las que los referentes son, en su mayoría, líderes de opinión, medios de comunicación y dirigentes políticos que han convertido la democracia en un escenario de anulación y discriminación. Bajo estas tensiones y desencuentros es imposible construir un proyecto de nación.

Para validar lo anterior basta con observar, escuchar y reflexionar sobre la decadencia y degradación del discurso político y de quienes lo representan. En la frágil democracia colombiana hace tiempo dejamos de escuchar voces sensatas, sabias e ilustradas, orientadoras de la sociedad que debemos construir. Las pocas existentes han sido invisibilizadas por discursos ruidosos cargados de insultos y descalificaciones, generando malestar en la vida pública y defendidos bajo el argumento de la tendencia y el rating mediático. Con ello empobrecimos el debate y la vida pública, desconectando a la ciudadanía de la realidad que debería asumir conscientemente, reemplazada por una realidad construida mediáticamente. El propósito ha sido incidir en la creación de imaginarios sociales apocalípticos para anular a unos y engrandecer a otros, convirtiéndolos en héroes, salvadores y mesías con discursos proféticos y fórmulas redentoras para nuestras desgracias. Toda esta realidad ha generado un retroceso democrático.

Estamos acostumbrados a creer que las democracias mueren mediante golpes de Estado clásicos: el palacio presidencial incendiado, el presidente asesinado, encarcelado o exiliado. Pero hoy no hay tanques en las calles. La Constitución y otras instituciones nominalmente democráticas continúan vigentes. La población sigue votando. Los autócratas electos mantienen una apariencia de democracia, que van vaciando de contenido. Lo anterior ocurre dentro de las mismas instituciones democráticas, partidos políticos y élites que, por temor y/o oportunismo, incorporan estas lógicas de poder al sistema general, poniendo en riesgo la democracia.

Esta es precisamente la paradoja trágica de la senda electoral hacia el autoritarismo: los asesinos de la democracia utilizan las propias instituciones democráticas de manera gradual, sutil e incluso legal para liquidarla. Este es el camino por el que transitan actualmente las democracias occidentales: una nueva forma de negarlas y destruirlas, con los mismos actores y el mismo contexto.

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Pronunciamiento del Consejo Nacional de Rectores de ASCUN

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo

 Rector de la Universidad de Córdoba 

El pasado 30 de octubre, en la Universidad Externado de Colombia, se llevó a cabo el “Consejo Nacional de Rectores” No. 159 de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun). Este escenario permitió dialogar y analizar los retos y desafíos del sistema mixto de educación superior, integrado y liderado por Ascun como actor relevante en el contexto de la educación superior colombiana.

El Consejo de Rectores tuvo como uno de sus propósitos que la Presidencia, la Junta Directiva y la Dirección Ejecutiva de Ascun presentaran un informe de gestión, destacando los siguientes resultados:

1. Incidencia en políticas públicas y representación nacional.

2. Fortalecimiento de liderazgos universitarios, promoviendo la cooperación entre instituciones mediante programas y encuentros de alto impacto.

3. Alianzas estratégicas e internacionalización, con la ampliación de la red global de Ascun: 26 convenios vigentes, cinco misiones académicas internacionales (Suecia, España, Etiopía, Corea del Sur y Alemania–HRK) y dos proyectos Erasmus+Cbhe.

4. ⁠Bienestar universitario, cultura e inclusión. Ascun reafirmó su compromiso con el bienestar universitario a partir de tres ejes estratégicos: prevención de violencias; deporte, cultura y envejecimiento activo; y desarrollo humano y permanencia estudiantil.

5. ⁠Comunicación, visibilidad y reconocimiento público. Ascun se posiciona como fuente técnica y de referencia en temas de educación superior.

⁠En este sentido, el Consejo Nacional de Rectores concluyó con un llamado y pronunciamiento público dirigido a los candidatos a la Presidencia de Colombia. En un escenario nacional e internacional marcado por la incertidumbre, el cambio tecnológico acelerado y diversas tensiones sociales y ambientales, reafirmamos el papel de las instituciones de educación superior —estatales u oficiales, privadas o de economía solidaria— como agentes de cohesión, progreso y esperanza.

El sistema mixto de educación superior colombiano ha demostrado su capacidad para articular esfuerzos entre sí y con el Estado, el Congreso, el sector productivo y la sociedad civil, proponiendo políticas públicas basadas en el conocimiento, la evidencia y la experiencia acumulada en nuestros territorios.

Por ello, desde el Consejo Nacional de Rectores hemos trabajado en propuestas iniciales dirigidas a quienes se postulen a la Presidencia y al Congreso de la República; esto, con el propósito de fortalecer el diálogo entre la academia y las decisiones de Estado, consolidando un compromiso nacional con la educación superior. Estas propuestas se articulan en torno a las siguientes preguntas esenciales para el futuro de Colombia:

 • ¿Cómo logramos que más estudiantes accedan a la educación superior?

• ¿Cómo garantizamos que culminen sus estudios, accedan a empleos de calidad y que el sistema les siga ofreciendo educación para toda la vida?

 ⁠• ¿Cómo elevamos el nivel de calidad y la capacidad de innovación de nuestro sistema en su conjunto? • ¿Cómo aseguramos una mayor presencia pertinente en todo el territorio nacional?

• ¿Cómo avanzamos en una ciencia, tecnología e innovación que potencie a Colombia en los nuevos órdenes mundiales?

• ¿Cómo logramos un modelo de financiación integral, progresivo y sostenible para el sistema de educación superior?

⁠En este sentido, hacemos un llamado al Gobierno Nacional, a los gobiernos locales, al Congreso de la República y a la sociedad colombiana para seguir acompañando y fortaleciendo de manera decidida a las instituciones de educación superior, garantizando su sostenibilidad, autonomía y capacidad de seguir contribuyendo a la democracia, la equidad y el desarrollo humano integral.

Como lo expresó Kofi Annan, ex Secretario General de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz (1997): “El conocimiento es poder. La información es liberadora. La educación es la premisa del progreso, en toda sociedad y en toda familia”. Y como afirmó John Dewey (1916), filósofo y pedagogo estadounidense: “La democracia tiene que nacer de nuevo con cada generación, y la educación es su partera”.

Invertir en educación es apostar por el futuro de nuestros jóvenes, pero también es mucho más: es una inversión en la calidad de vida, la paz y la prosperidad de toda la nación.

Como Consejo Nacional de Rectores, reafirmamos que la educación superior es un bien público y un derecho social que debe ser protegido y promovido por todos los sectores del país. Solo así será posible construir una Colombia más justa, innovadora y democrática, en la que el conocimiento y la cooperación sigan siendo la base del desarrollo sostenible.

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