Palabras del presidente Gustavo Petro durante el cabildo abierto sobre salud en Cartagena, Bolívar
Bien, estamos ya casi completando dos años de discusión sobre cómo cambiar el sistema de salud de Colombia. Es interesante de todas maneras, y aquí hay varios congresistas que tienen en sus manos aún la posibilidad de ese cambio. En otros gobiernos lo que estaríamos discutiendo es cuántos han matado, cuánta gente ha desaparecido, cuánto dinero se han robado. Discusiones que tenían que ver con graves problemas nacionales, indudablemente, pero que, y esto es lo interesante, se ha venido desplazando hacia cómo tener una mejor salud, cómo tener un mejor régimen pensional, cómo tener más estabilidad en el trabajo, cómo tenemos más, no solo derechos, sino garantías a los derechos, como seres humanos que somos.
*Las mujeres, víctimas del sistema de salud*
Poco a poco la discusión en Colombia ha pasado de la barbarie a la construcción de una democracia y de la justicia social. Quizás es más intensa esta discusión que la de antaño. La prensa se dedicaba a esconder la masacre y el genocidio y ahora trata de meterse, de acuerdo con la manera de ver de sus propietarios, en un debate que no solo le pertenece a ella, no solo a los actores políticos del Congreso, sino a toda la sociedad. ¿Cómo tener una salud mejor?, que es lo que nos convoca aquí en este coliseo. Y aquí hay una demostración de lo que nosotros proponemos, no simplemente un discurso. Seres humanos precisamente aquí presentes, los equipos básicos de salud. Básicos. Yo diría fundamentales, porque es aquí con la presencia física de ustedes, en su mayoría mujeres. Y esto es importante también. Esa experiencia la obtuvimos tres años, hace ya diez años, en la ciudad de Bogotá.
Cuando se habla de prevenir la enfermedad, las personas que se hacen alma de ese proyecto son las mujeres. Cuidan la sociedad desde el punto de vista de la vida, en uno de sus aspectos fundamentales: la salud. Cuando, por razones yo diría mercantiles, una parte del Congreso dice, “no votamos por esa reforma a la salud que establece un sistema preventivo”, está votando contra la mujer, tanto en la fuerza fundamental que se podría organizar para prevenir la salud, para prevenir la enfermedad, incluso la muerte, porque es una fuerza de la vida, como en el caso de los pacientes, porque lo que hemos logrado determinar a partir de las estadísticas es que los indicadores de salud que más fallan son los que corresponden precisamente a las mujeres.
Por eso, tenemos una tasa de mortalidad materna, la más alta de toda la OCDE. No solo las mujeres. Los niños. Por eso, tenemos una tasa de mortalidad infantil, la más alta de la OCDE. La OCDE, que es el club al que pertenecemos, de decenas de países, a los cuales, no logramos alcanzar en materia de salud.
*Negociantes de la salud a favor de los poderosos*
Y el debate que se ha desatado tiene que ver con la pertinencia de tener un sistema preventivo en salud. Y con la pertinencia de girar directamente los recursos públicos a hospitales y clínicas sin intermediarios. Eso es lo fundamental. Hay una tecnología para una y otra cosa, pero lo que hemos dicho es que si tenemos un sistema preventivo y se le puede girar directamente al médico, a la médica, al hospital privado o público, se puede garantizar mejor el derecho a la salud en Colombia, que si se le gira directamente a unos intermediarios financieros, muchos de los cuales resultaron ser vulgares negociantes.
La salud de un pueblo no se les entrega a los negociantes, porque con toda seguridad van a fracasar, porque primero va a estar el precio de la medicina, primero va a estar la ganancia, primero va a estar la codicia, que el simple cuidado de la vida. La codicia por encima de la vida. Ese ha sido el signo en los últimos 30 años del sistema de salud colombiano.
No es que algunas EPS no han hecho su mejor esfuerzo. Indudablemente. No es que el personal médico no haya hecho su mejor esfuerzo. Indudablemente. No es que la gente no se haya organizado aquí y allá y haya resistido. Indudablemente. No es que la gente que trabaja en un hospital público no haya tratado de defender su hospital. La población de una región tratando de que no se cierre, sabiendo que allí estaba la posibilidad de garantizar la vida y la salud.
Indudablemente la gente ha resistido, pero ha podido más el poder de los negociantes adueñándose de la vida política y de la libertad de la gente, que la misma gente. Y por eso este sistema de salud ha durado tanto y por eso está tan degradado, que ya cualquier investigador de un órgano de control puede encontrar, no que se perdieron 100 mil millones o 70 mil millones como aquella ministra de TIC’s alguna vez dejó refundir, cuando el dinero iba para el internet de los niños. 70 mil millones ya no es la cifra que encontramos. Ni 100.000 ni 500 mil millones ni 1 billón. Ahora cada investigación nos va mostrando que en un año cualquiera se perdieron 5, 6, 9 billones de pesos. Cantidades billonarias del dinero público que se fueron por unos vasos capilares complejos, escondidos ante la mirada pública, siendo el dinero público el que corría por allí a unas alcantarillas que finalmente terminan en las cloacas de los bolsillos particulares de los mismos dueños de la EPS, que sí tienen entonces para comprar clubes de golf, casas en Miami, jets privados y particulares, para gastarse el recurso, incluso, en sus propias clínicas que se agrandan, crecen, se multiplican, generalmente en los barrios más pudientes de Colombia. Nunca jamás, en un territorio negro. Nunca jamás, en un barrio olvidado y pobre. Nunca jamás, en las regiones excluidas de Colombia carcomidas por la violencia. Violencia que se produce, precisamente, porque allí se puede palpar, vivir y sufrir y morir, el abandono del Estado. Eso es lo que hemos querido cambiar. Y la experiencia concreta es que están, en su mayoría mujeres, participando de los equipos fundamentales de la salud, que hoy en un número de 62 todavía insuficiente, estamos comenzando.
Van por esos barrios pobres de la Cartagena que ningún turista conoce, que ningún Presidente de la República ha conocido, casita por casita, a veces en los barrios de invasión, donde no hay agua potable, donde no hay alcantarillado. Mirando cómo esta mañana, hace pocos minutos, vimos cómo está la señora, la mujer embarazada, afiliada a una EPS. Le preguntaba a Ana, allá en las lomas de San Francisco, cerca de La Popa. ¿Bueno, y si usted está afiliada a una de EPS, por qué no la han mirado? Y ella me decía, porque las citas me las ponen después de que se acabe el embarazo. Y resulta que si le da una preeclampsia y tenía efectivamente una preeclampsia, y la descubrió una de las mujeres que está aquí presente, haciéndole un simple examen. Problema en la maternidad que la podría llevar a la muerte, como todos sabemos, y engrosar las estadísticas que nos hacen el país con mayor mortalidad materna de la OCDE.
Gracias a que se visitó esa casa, gracias a que se recorre ese barrio de pobres, gracias a que hay gente que sabe de salud, yendo a donde está la gente y no esperando que llegue el paciente, quizás sin ningún remedio, a una puerta del hospital donde lo espera el paseo de la muerte. Gracias a eso hay una cartagenera, nacida en Cartagena, que hoy puede hablar y sobre la cual ya tenemos certeza que no va a morir en manos de la EPS. Quizás habría que recoger los dineros en el barrio para comprar un humilde féretro y enterrarla.
Si esto se hace en todo el país, si todo el territorio de Colombia se pueda cuadricular de tal manera que una organización del sistema preventivo de salud pueda ir hasta donde está la gente, tengamos la salud, la seguridad que ese joven, niño antioqueño del municipio de Urrao, no hubiera tenido que caminar ocho horas después de ser picado por una culebra y morir, cuando simplemente una inyección, una medicina, lo hubiera podido salvar.
¿Qué dirán los dueños del poder económico de ese niño? No les importa. Para ellos es invisible. Para ellos es suficiente con tener la medicina prepagada que ellos mismos, por su capacidad de pago, pueden obtener y creen, casi que de manera automática, que los servicios de alta calidad que ellos reciben, los recibe toda la población colombiana. Y no se dan cuenta de que el sistema de salud que defienden está dejando a la gente literalmente morir.
Ellos no saben del sur de Bolívar ni del centro. Ellos no saben qué pasa en La Mojana. Ellos no saben qué pasa en el territorio insular del departamento de Bolívar, que, por alguna razón, de esas malas formas de organizarnos administrativa y territorialmente, -tema que debería reformarse- llega casi hasta Panamá, allá en una isla que a mí me encantaba cuando era joven. Me gustaba dormir en las playas durante semanas: la Isla Fuerte.
Cuánta gente en esas islas sin ver un médico, sin que una embarcación que puede ser de sanidad, que sería bueno que aquí se dotara al Distrito de Cartagena, o a la Gobernación, más bien del departamento de Bolívar, de una de esas, para que recorriera los islotes, para que fuera al grupo de islas de San Bernardo o las del Rosario, hasta la Isla Fuerte y pudieran atender a toda la población isleña, mucha de la cual no sabe qué es un médico, qué es una médica.
Qué hablar del Chocó, qué hablar del litoral Pacífico, qué hablar de los sures, qué hablar de tanto territorio aislado, qué hablar de la gran ciudad. Yo que conozco, porque me tocó dirigirla como alcalde, la ciudad de Bogotá, la más grande, sé que es muy distinto tener un servicio de salud en Ciudad Bolívar o en Bosa, que tenerlo en el Chapinero Alto. Casi todos los dueños de comunicación son del Chapinero Alto y creen que lo que ellos reciben en servicio es igual al que recibe una señora en Ciudad Bolívar, y se engañan y mienten y mienten.
*Congresistas, salven la reforma a la salud*
Les pido a los congresistas aquí presentes que el lunes traten de salvar la reforma a la salud, porque es salvar a la gente. El Congreso de la República se puede reconciliar con la población, porque no es que se obtuvieron no sé cuántos votos en total diez, 11 millones o 12 para la elección de los congresistas. Es que la legitimidad de una institución depende del apoyo diario y cotidiano de la población. Cuando ese apoyo se pierde porque no está mirando las necesidades de la gente. Y el Congreso de la República sí que tiene décadas de no mirar las necesidades de la gente.
Veinte años estuve allí y yo nunca observé un proyecto de ley, más bien, una ley aprobada, que fuera para el pobre. Siempre eran leyes para los ricos, para los poderosos. Constituyendo sistemas, en donde lo que es común y lo que es de todos y de todas, se iba convirtiendo a través de la máquina, en dinero particular de banqueros, de la gente más rica, de los multimillonarios de Colombia, a veces de extranjeros.
Eso ya no puede seguir así. El estallido social y las elecciones del 2022 lanzaron un mensaje que debe ser aprendido, que debe ser analizado y tramitado. El mensaje es que el pueblo colombiano no quiere seguir más en la injusticia, que el pueblo colombiano no quiere seguir más en la violencia, que el pueblo colombiano no quiere seguir más en la ignominia y que, por ello, necesita de instituciones que lo atiendan, que lo escuchen y que le hagan caso.
Cuando el pueblo decide y se le hace caso, el pueblo es constituyente, el pueblo tiene poder. Nosotros somos – y dice la Constitución – servidores públicos. Servidor es el que sirve. Es que es sirvienta de su pueblo, no al revés. Eso somos nosotros, usted gobernador y usted ministro y yo como presidente de la República y ustedes, congresistas, sirvientes del pueblo.
*Prevenir es mejor que curar*
Claro que el pueblo no piensa todo igual, nadie piensa igual que otro, pero hay unos factores, hay unas necesidades comunes, hay unos objetivos comunes que hay que atender. Cómo así que han priorizado en la inversión pública hacer carreteras 4G y no hay un solo proyecto de agua potable. ¿Cómo así? ¿Acaso es que el agua potable no es esencial? En la casa de la señora Ana, atendida por preeclampsia, descubierta por un equipo básico de salud, no hay agua potable, no hay alcantarillado y así viven 1.200 familias en ese barrio.
Esto es lo que se llama el Sistema Preventivo de Salud. No es solamente que alguien que sepa de la salud -porque es enfermera o porque es médica- pueda llegar a los hogares de cada colombiano, pagados, pagadas ellas, por el presupuesto nacional o distrital o departamental, sino que las condiciones que en esa comunidad generan la enfermedad, quizás ella, usted que es médico Guillermo Alfonso, se enfermó porque no había agua potable. No sé qué lleva a la preeclampsia. Se enfermó porque no hay alcantarillados y los malos olores no simplemente, sino los virus y las bacterias, se hacen presentes de manera dañina en la existencia de la persona.
Si no hay un gobierno que ponga el agua potable, si no hay un gobierno que ponga el alcantarillado, si no hay un gobierno que lleve el personal médico a la casa, a las casas de ese barrio, pues la gente va a morir. La gente va a enfermar, y de enfermedades tan graves, que al llegar al hospital o a la clínica o ya es tarde o cuesta muchísimo dinero público el curarlas.
Una de las tesis para detener la reforma a la salud en el Congreso de la República, decían las señoras y los señores de la extrema derecha de Colombia, que creen, absurdamente, que a través de los negocios se puede hacer cumplir los derechos de la gente, decían que no había plata para financiar el sistema de salud que nosotros proponemos. Eso no es cierto, porque precisamente, y es de lo que no se dan cuenta, un sistema preventivo lo que hace es abaratar el sistema de salud, porque es más barato prevenir que curar, decía mi abuela ¿Y mi abuela estaba equivocada? ¿Y entonces las señoras de la extrema derecha tienen razón? ¿O las señoras y señores de la extrema derecha están equivocados? Y es mi abuela la que tiene razón. Cuando mi abuela decía, es mejor prevenir que curar, no estaba hablando ella sola. Casi todas las abuelas de los colombianos y las colombianas han dicho lo mismo. ¿Y eso qué significa? ¿Qué todas están equivocadas?
Decía el cantante Facundo Cabral, si las vacas todas comen pasto, es que no están equivocadas. Nuestras abuelas no estaban equivocadas, habían recogido una sabiduría popular, una sabiduría y una sapiencia de la humanidad que nosotros estúpidamente negamos en nombre del negocio y en nombre de la codicia. En toda Colombia y en todo el mundo, prevenir es mejor que curar. Por tanto, tener un sistema preventivo es mejor que no tenerlo, porque el negocio está en la enfermedad y nuestro sistema de salud actual lo que quiere, lo que estimula, es que la gente se enferme al no prevenir, porque entonces se hacen los grandes negocios, las ventas de medicamentos, los pagos a grandes especialistas y sobre todo, el robo del dinero público. Si prevenir es mejor que curar, lo que estamos proponiendo en el Congreso de la República es mucho mejor para la existencia del pueblo colombiano.
Aquí hay que tener un hospital público de la máxima calidad. Aquí hay que hacer que la Universidad de Cartagena y su Facultad de Medicina se pueda extender por todo el Caribe, porque necesitamos más jóvenes que entren a estudiar para ser médicos, médicas y enfermeras. Necesitamos muchísimo personal de salud, porque nos faltan en La Guajira, porque nos falta en el Cesar, nos falta en Santa Marta y nos falta en el Magdalena. Nos faltan en los barrios pobres de Cartagena y en todas las regiones de Bolívar, que incluso no se pueden comunicar entre sí. Nos falta en la Mojana, nos falta en el Alto Sinú y nos falta el Urabá, que también es parte del Caribe.
Facultades de Medicina que podamos instalar en las regiones y en las provincias del Caribe colombiano. No que toca ir a Bogotá a pagar diez, catorce y hasta 20 millones por semestre, para después de cinco años terminar con un sueldo de 2 millones o 3 millones en una EPS. Son cantidades las enfermeras que se han ido a los Estados Unidos, o se las han llevado, porque aquí no tienen futuro y estamos perdiendo nuestro saber, nuestro cerebro en la salud, solo porque no se les paga un buen salario, solo porque no tienen estabilidad.
Yo le he pedido a Leal, el superintendente de Salud atacado por la Procuradora, que garantice que en ese pago de las EPS que se han intervenido, a la IPS – el lenguaje de la ley 100- es decir, a las clínicas y hospitales, que garantice que esas clínicas y hospitales entren en programas de formalización de su fuerza laboral. Es decir, que empiecen a trabajar cada vez con más gente. El traslado de los contratos de las enfermeras, de las médicas, de los trabajadores de esas IPS, que yo llamo contrato basura, por dos y tres meses, hacia contratos que tengan estabilidad laboral y que les garanticen a esas personas la tranquilidad para poder cuidar de la vida de sus semejantes.
Ese tiene que ser uno de los frutos de la intervención del Gobierno, como tiene que ser otro de los frutos de la intervención del Gobierno que el precio de las medicinas baje, porque no es posible que la misma medicina valga cuatro y hasta diez veces menos en el Ecuador que en Colombia. Nos están estafando para sacarle el billete público al Estado y que podamos entonces, cada EPS intervenida, contratar de su unidad de capitación, se llama así, unidad de pago de capitación, los equipos básicos de salud en los territorios donde son fuertes.
Siguiendo este ejemplo, el ejemplo de Cartagena, que también tenemos que extender al conjunto del departamento de Bolívar, que no se quede ninguna persona afiliada a esas EPS sin un verdadero programa de prevención, sin un verdadero sistema que haga que sea mejor prevenir que curar. Ya veremos qué pasa el lunes. Si el Congreso le da la cara al pueblo o le da la espalda. Si el Congreso demuestra que está abierto al alma popular o simplemente espera los aplausos y otras cosas de los negociantes y bandidos.
Ojalá que el Congreso abra sus puertas al pobre. Ojalá que el Congreso abra sus puertas al viejo. Ojalá que el Congreso le abra sus puertas a Colombia, para que podamos hacer la gran transformación que necesita este país. Ojalá que ciertos sectores que creen que hay que mantener las cosas iguales o peores no sean la mayoría. Ojalá que la gente que quiere el cambio, salir de este estilo de gobierno de podredumbre, pueda hacer la mayoría. Ojalá que Colombia pueda ser una potencia mundial de la vida. Gracias, muy amables.