El informe final entregado al Ministerio de Defensa sobre la tragedia del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC), ocurrido el pasado 23 de marzo de 2026 en Puerto Leguízamo, Putumayo, concluyó que el siniestro que dejó 69 muertos y 57 sobrevivientes estuvo estrechamente asociado a una falla humana, el exceso de peso en la aeronave y las condiciones de la pista. La investigación detallada, elaborada por una comisión de expertos de la FAC y de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, reunió análisis del fuselaje, el terreno y las condiciones meteorológicas, además de los testimonios de los sobrevivientes.
De acuerdo con las conclusiones del documento oficial, la aeronave de matrícula FAC 1016 despegó a las 9:50 a. m. con más de 120 ocupantes a bordo —en su mayoría personal del Ejército Nacional— para cubrir la ruta entre Puerto Leguízamo y Puerto Asís. Tan solo cuatro segundos después del despegue, el avión impactó contra tres árboles, lo que afectó gravemente la operación de uno de los motores y obligó a la tripulación a intentar una maniobra desesperada para recuperar el control. El impacto provocó una severa pérdida de potencia y la comisión halló ramas de hasta dieciséis centímetros de diámetro incrustadas en el motor afectado.
Tras permanecer en el aire durante 36 segundos, la aeronave se precipitó a tierra a más de dos kilómetros del punto de despegue, mientras el piloto alcanzaba a advertir a los pasajeros sobre el inminente impacto. Pese a que en su momento el entonces comandante de la FAC, el general Carlos Fernando Silva, había señalado que el avión contaba con condiciones de aeronavegabilidad favorables antes de iniciar el vuelo, este informe oficial esclarece de manera definitiva las causas técnicas y humanas detrás del fatal accidente en la Amazonía colombiana.
