La reciente muerte de un ciudadano colombiano a manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE), descrita por diversos sectores como una ejecución extrajudicial, ha desatado una intensa controversia política en el país. El foco de la discusión se ha centrado en el absoluto silencio del presidente electo, Abelardo de la Espriella, ante el fallecimiento de quien, además, era un reconocido seguidor de su movimiento político.
Para la analista política María Angélica Prada, este silencio no es una omisión menor, sino la prueba fehaciente de una contradicción de fondo que ya se había advertido durante la campaña: la incompatibilidad entre su nacionalidad estadounidense y el ejercicio de la Presidencia de Colombia. Prada calificó al mandatario electo como un «tigre de papel» y señaló que la situación evidencia un claro conflicto de intereses y lealtades.
Según la analista, al verse obligado a elegir entre asumir la defensa de un compatriota o mantener su fidelidad política hacia Donald Trump, De la Espriella ha tomado una postura inequívoca al optar por el silencio. Para Prada, lo que en su momento fue presentado por los defensores del mandatario como un debate teórico sin implicaciones reales, se ha convertido ahora en una realidad ineludible que cuestiona el compromiso del nuevo jefe de Estado con la protección de los ciudadanos colombianos en el exterior.
