Un drama humano y de profunda soledad se vive en las salas de un centro asistencial de la capital cordobesa. Yoleida Paola Viga Sánchez, una joven de 23 años oriunda de Tierralta, ha cumplido más de 270 días de hospitalización sin recibir una sola visita de sus familiares, quienes cortaron todo vínculo con ella poco después de su ingreso.
Yoleida llegó inicialmente remitida por problemas respiratorios, pero el diagnóstico médico reveló una realidad más compleja: padece epilepsia y una condición de salud mental que, según los especialistas, le otorga una edad cognitiva similar a la de una niña pequeña. Esta vulnerabilidad se ha agravado por el abandono total de su red de apoyo, dejando al personal de salud la responsabilidad de una custodia que sobrepasa sus funciones médicas.
Pese a que el personal del hospital intenta brindarle cuidados, el prolongado aislamiento ha comenzado a pasar factura. Al no contar con un tutor legal que tome decisiones sobre su tratamiento o alta médica, la joven permanece en una zona de observación. Sin embargo, en sus momentos de desorientación, se desplaza por diferentes áreas del centro médico, lo que aumenta el riesgo de contraer infecciones intrahospitalarias o sufrir incidentes debido a su condición neurológica.
Ante la ausencia de los padres o familiares, las autoridades del centro asistencial han escalado el caso al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y a las secretarías de salud pertinentes. El objetivo es que se declare su estado de vulnerabilidad y se active una ruta de protección definitiva que le garantice un hogar de paso o una institución especializada donde pueda recibir el tratamiento digno que su familia le negó.
