La tragedia del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial, accidentado en las selvas del Putumayo, ha extendido su sombra de dolor hasta el departamento de Sucre. Entre los uniformados que abordaron la aeronave se encuentra Kaleth David Julio Severiche, un joven de tan solo 20 años cuya suerte es, hasta el momento, un misterio que mantiene en vilo a dos comunidades sucreñas.
La historia de Kaleth guarda un matiz de sacrificio particular. Según relataron allegados al militar, el joven ya había cumplido con su tiempo de servicio obligatorio; sin embargo, su permanencia en las filas fue extendida hasta este mes de marzo debido al despliegue de seguridad requerido para la reciente jornada electoral en el país.
El joven, con raíces en el corregimiento de Berrugas (San Onofre) y residente del barrio Dulce Nombre en Corozal, representaba para su familia el orgullo del servicio a la patria, un servicio que hoy los tiene sumidos en una angustiante espera.
A pesar de que han pasado horas desde el impacto de la aeronave cerca de Puerto Leguízamo, la familia Julio Severiche no ha recibido un reporte oficial que confirme el estado del joven militar. Esta falta de información técnica ha convertido las viviendas de sus allegados en centros de oración y vigilia, donde amigos y vecinos aguardan un pronunciamiento de la Fuerza Aeroespacial.
«Estamos atentos a cualquier señal, a cualquier lista. La incertidumbre es el peor de los dolores», comentaron conocidos en el barrio Dulce Nombre, donde Kaleth es recordado como un joven disciplinado y alegre.
El caso de Kaleth Julio no es el único que golpea al Caribe colombiano; su nombre se suma a los de varios jóvenes de Córdoba y otras zonas de la región que hacían parte de este vuelo oficial. Mientras avanzan las complejas labores de identificación en la zona del desastre, en Sucre la esperanza se resiste a morir, exigiendo celeridad a las autoridades militares para poner fin a la agonía de estas familias.
