Por: Francisco Martínez Ferreira.
A Orlando Benítez Mora le tocó bailar con la mas fea. No sólo encontró un departamento en ruinas, tanto en lo económico, como en lo moral, sino, que luego de tres meses de haber asumido el cargo, se vino la pandemia del COVID 19 que paralizó el mundo, lo confinó, lo enfermó y en parte lo mató. No fue una prueba cualquiera, fue el más grande suplicio de la humanidad en su historia reciente.
Lo vimos correr de aquí para allá, tratando de arreglar el desastre histórico de la salud en Córdoba, buscando atender el drama humanitario, exponiéndose él, su esposa y su equipo y resistiendo las críticas mal intencionadas y mezquinas de quienes son incapaces de reconocer la más mínima virtud del otro.
No obstante, Orlando, obstinado en sus ideales, no renunció al propósito de su aspiración a la gobernación de Córdoba, no cejó en su afán de contribuir en la consolidación de un territorio que requería con urgencia recuperar la confianza, retomar el camino, revivir la esperanza.
Quienes conocemos la historia de Córdoba, sabemos que aquí la política ha girado entre escándalos y peleas por la piñata pública, en escenas que incluso, han rayado en tragicomedia. La gente prefiere reír con ironía, entre dientes, que llorar.
Sin embargo, un hecho llama poderosamente la atención y respalda la teoría de que Benítez ha entendido con claridad meridiana, el papel trascendental que cumple la educación en el proceso de transformación positiva de la sociedad. Nada más certero y contundente para superar la pobreza y suprimir la exclusión, que la educación, la cualificación, el aprendizaje constante, como poderosa herramienta para avanzar, no sólo individual, sino también colectivamente.
Se trató de la importante distinción que el Consejo Superior de la Universidad de Córdoba le confirió al Gobernador de este departamento, un hecho poco común, pues en un centro del saber, de la investigación, del debate constante de las ideas, no se suele otorgar este tipo de reconocimientos a los gobernantes, a los líderes políticos, por su misma naturaleza crítica, rebelde, iconoclasta.
Sin embargo, a Benítez Mora le reconocieron que ha sido el Gobernador que más recursos ha invertido en la Universidad en toda la historia de su existencia, es decir, unos 70 años. “Antes nos tocaba hacer huelgas, presionar y hasta llorarle al mandatario de turno para que mandara unas migajas para la Universidad, pero ahora, es el Gobernador el que nos busca, nos propone, nos llama para invertir en nuestra alma mater”, nos contó uno de los consejeros, visiblemente emocionado. “Nunca habíamos tenido un gobernante tan comprometido con la Universidad”, me dijo otro miembro del cuerpo colegiado que gobierna el primer claustro de educación superior en Córdoba.
Y no es para menos. La cifra, habla por sí sola. Cerca de cien mil millones de pesos de recursos de regalías, plata que antes se iba a los bolsillos de delincuentes de cuello blanco, ahora se invierten tangiblemente en el futuro, en la transformación positiva del territorio a través de la educación.
No olvidemos que fue Benítez quien retomó la sede sabana de la Universidad, destinó los recursos para su culminación y dotación y hoy está en servicio para los jóvenes de esta subregión del departamento, que la tienen mucho más fácil para alcanzar el sueño de convertirse en profesionales.
La construcción del edificio de laboratorios de ciencias básicas, una moderna y soberbia biblioteca, un escenario deportivo, son aportes invaluables a una institución que queremos y valoramos tanto en Córdoba, como lo es nuestra universidad.
Pero, además, fue Orlando Benítez quien impulsó la ordenanza para que el 15% del recaudo del impuesto de registro se destine a los nuevos centros de desarrollo que se encuentran en algunos municipios y que son de enrome ayuda en el proceso de formación profesional de jóvenes ubicados en zonas apartadas del territorio.
Estas noticias son muy alentadoras, nos llenan de esperanza, nos permiten creer que es posible un mejor departamento, construido desde el consenso, desde la unión de voluntades, desde el desprendimiento ideológico y político, uniendo esfuerzos, sin egos y sin mezquindades, siempre será posible construir un devenir mejor para todos.
Aplauso sostenido para el gobernador, para la Universidad de Córdoba, para los jóvenes, que tendrán aquí una plataforma de despegue de sus sueños y anhelos. Porque… ¡Educar es sembrar futuro!
