Al entregar a los campesinos 5.300 hectáreas de tierras que le pertenecieron al narcotráfico, el presidente de la República invitó a los grupos al margen de la ley a dejar las armas y priorizar una salida dialogada.
Desde el Magdalena Medio les envió un mensaje directo a las organizaciones criminales que aún persisten en la violencia, señalando que la verdadera seguridad nacional se fundamenta en la vida y la justicia social, y no en la perpetuación de la muerte que ha marcado a la región por décadas.
El jefe de Estado enfatizó que la paz depende de resarcir al campesinado y garantizar que no se repitan las tragedias del pasado, cuando grupos paramilitares y narcotraficantes como los del cartel de Medellín y Rodríguez Gacha desplazaron a miles de campesinos.
El mandatario fue enfático al señalar que el camino de las armas es un anacronismo que solo deja dolor, invitando a quienes aún permanecen en la ilegalidad a transitar hacia la producción lícita y el trabajo digno en las tierras fértiles que hoy recupera el Estado.
Sobre este llamado a la desmovilización y el cese de hostilidades, dijo: “A quienes todavía portan fusiles por ahí, les digo, aquí está la salida. Dejen de agarrarse con troncos, nos mandan misilazos y no es bueno. Podemos es trabajar en paz y que no tengan riesgo nuestros hijos y nuestras hijas, como no pudieron decir las madres que aquí han hablado, no tengan riesgos de morir por la mano de otro o de otra, sino que el homicidio y la violencia desaparezcan en Colombia y nos podamos morir de viejos, criando a los nietos, para que esos nietos puedan tener esperanza en vivir en el país más hermoso de la tierra”.
El mandatario también vinculó la lucha por la tierra con la soberanía alimentaria, advirtiendo que la ocupación ilegal de predios por parte de «narcos y corruptos» debe terminar de inmediato. Insistió en que la entrega de miles de hectáreas es una herramienta para reducir el hambre y la inflación, permitiendo que el campesinado sea el dueño de la agroindustria y la tecnología, alejando a la juventud de la necesidad de migrar o de caer en las filas de la criminalidad.
Al referirse a la propiedad del suelo y el agua, recalcó que estos recursos no pueden seguir al servicio de economías oscuras o de latifundios improductivos que frenan el desarrollo nacional: «la tierra y el agua no pueden ser del narcotráfico, no pueden ser de los señores de la tierra que no la producen… la tierra fértil debe ser del campesinado para producir alimentos, y eso venimos a hacer aquí».
Finalmente, el presidente instó a recuperar la memoria histórica del Magdalena Medio, una región que alguna vez estuvo llena de «lucecitas» de casas campesinas que fueron apagadas por el terror. Con un llamado a la esperanza, concluyó que la misión de su gobierno es encender de nuevo esos faros de vida:
«La tarea de nosotros hoy es volver a prender las luces, ser como un faro en la historia de Colombia que alumbre no sólo el pasado sino este presente, y el futuro», concluyó.
