En un movimiento que sacude las proyecciones electorales, el candidato Luis Gilberto Murillo anunció oficialmente su retiro de la contienda presidencial para adherirse a la campaña de Iván Cepeda. La decisión, comunicada en las últimas horas, representa un tanque de oxígeno para el sector de centro-izquierda y redefine la competencia por la Casa de Nariño.
Lo que se rumoraba como una posibilidad lejana se concretó como una estrategia para consolidar un frente común. Murillo, quien venía abanderando una propuesta de regiones y sostenibilidad, decidió declinar su candidatura tras evaluar que la fragmentación del voto podría favorecer a los sectores de oposición más radicales.
«He decidido sumar mi visión de país a la propuesta de Iván Cepeda. Hoy la prioridad es la unidad para garantizar la estabilidad de las instituciones y la paz en los territorios», manifestó Murillo tras el apretón de manos con su ahora aliado.
Con esta jugada, el equipo de Iván Cepeda no solo suma los votos que Murillo concentraba en regiones clave como el Pacífico, sino que también incorpora una figura con amplia experiencia diplomática y técnica. Analistas sugieren que este movimiento busca atraer al votante indeciso de centro que veía en Murillo una opción moderada.
Como era de esperarse, la noticia no cayó bien en las campañas rivales. Sectores liderados por Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella ya han calificado esta unión como una «transacción política» que busca blindar la cuestionada política de Paz Total del actual Gobierno.
Con el retiro de Murillo, la lista de aspirantes se reduce y la polarización se agudiza. Ahora, todas las miradas están puestas en cómo este nuevo bloque responderá a las recientes denuncias sobre presiones armadas en las urnas, un tema que se ha vuelto el eje central del debate nacional.
