Por: Jairo Miguel Torres Oviedo
Rector de la Universidad de Córdoba
Los ciudadanos están a pocos días de acudir a las urnas para ejercer su derecho al voto y elegir al nuevo presidente de Colombia; el líder que dirigirá la nación durante los próximos cuatro años. Este escenario político-electoral se caracteriza por la ausencia de propuestas e iniciativas capaces de marcar el debate público y la deliberación ciudadana. Al igual que en procesos anteriores, predomina la mutua descalificación y la narrativa del odio, el miedo, la desinformación y la violencia verbal; factores que desnaturalizan y degradan el discurso argumentado y la esencia misma del ejercicio político.
En este contexto, enviamos un mensaje a los candidatos presidenciales: a quien reciba el respaldo popular y asuma las riendas de la República, le corresponde gobernar sin odios ni resentimientos, y buscar por todos los medios racionales, dialógicos y constitucionales, el entendimiento necesario para convivir en medio de las diferencias. En ello consiste la salud de una democracia: un desafío difícil, pero una apuesta que debemos sostener con persistencia.
Lo anterior, implica continuar insistiendo en las reformas sociales que se han venido postergando, que son necesarias para construir una nación justa, equitativa y con justicia social. Por ello, desde el sector de la educación superior, representado en el Sistema Universitario Estatal (SUE) En la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun) hemos propuesto, no solo un diagnóstico sobre la educación superior; sino una propuesta para tener en cuenta e integrarla en la agenda de desarrollo del próximo gobierno. Entre ellas, podemos mencionar: 1. Reafirmar la educación como un derecho fundamental progresivo, tendiente a la realización de la dignidad humana y la justicia social de amplios sectores poblacionales que históricamente han sido excluidos del acceso a la educación superior en condiciones de calidad y pertinencia; en consecuencia, debe continuar fortaleciendo la universidad pública, centrado en la ampliación de cobertura, gratuidad, capacidades humanas, físicas y tecnológicas; igualmente, ampliación de cobertura con enfoque territorial. En este orden, continuar avanzando en una gratuidad de la educación superior pública integral, que incluya, no solo la matrícula; sino también, alimentación y transporte.
En este sentido, es importante insistir en que, la educación superior, como un servicio público, es suministrada y soportada en un sistema mixto; es decir, público y privado. En consecuencia, una política de ampliación de cobertura debe reconocer y fortalecer el sistema. 2. Continuar fortaleciendo la universidad pública; ampliando nuevas sedes regionales, con la finalidad de alcanzar una cobertura universal. 3. El próximo gobierno debe priorizar la reforma y fortalecimiento del Icetex, que defienda las políticas de acceso, cobertura y permanencia. 4. Articular los niveles del sistema educativo con la educación superior. 5. Construir una política de aseguramiento de la calidad, haciendo énfasis en el fomento y no solamente en la inspección y vigilancia como modelo dominante. 6. Articular el trabajo de Minciencias con el Ministerio de Educación; de esta forma, generar más impacto en la ciencia, la tecnología y la innovación que promueven las universidades. 7. Impulsar una agenda estratégica de transformación digital y adopción ética y soberana de la inteligencia artificial; asimismo, fortalecer la internacionalización como política de Estado.
Abordar estas y otras iniciativas aportadas por los actores organizados de la educación superior, requiere una mirada de país; de igual manera, una convicción de la necesidad de construir consensos para lograr decisiones políticas y normativas que permitan el avance de la educación superior como una apuesta intergeneracional, concebida como compromiso de Estado. Lo cual permitirá cimentar colectivamente una visión de futuro y avanzar en las transformaciones del sector. No es solo una postura sectorial, sino una verdadera apuesta de país: la convicción sobre el desarrollo sostenible, la justicia social; la paz y productividad dependen de un sistema de educación superior sólido, articulado e innovador. Esperamos, que estas iniciativas, que hacen parte del debate nacional sobre la educación superior; sean asumidas por el próximo gobierno como un compromiso con la juventud colombiana.
