Hay frases que se clavan en la memoria colectiva porque logran resumir, en pocas palabras, un dolor que es inabarcable. “No mató a un animalito… mató a mi hija”, fue el desgarrador lamento de Yolanda, la madre de Tatiana Arroyo Paternina, una joven cuya vida fue segada en abril de 2023. Hoy, mientras el caso vuelve a ser centro de conversación tras los recientes hechos de orden público en el municipio de Ciénaga de Oro, el clamor de esta madre sigue siendo el espejo de la impotencia frente al feminicidio.
Un duelo marcado por la impunidad
Para Yolanda, el luto no ha sido un proceso silencioso, sino una batalla pública contra el olvido. Su testimonio, que superó los 4 millones de reproducciones en plataformas digitales, desnudó las fallas de un sistema que permitió que el presunto agresor caminara por las mismas calles que la familia de la víctima. “Sentía que el dolor se multiplicaba cada vez que lo veía afuera”, recuerda Yolanda, describiendo una revictimización que sufren cientos de mujeres en el departamento de Córdoba.
El caso de Tatiana Arroyo dejó de ser un expediente judicial para convertirse en una bandera de lucha en Ciénaga de Oro. La comunidad, que se volcó en apoyo a Yolanda, ha transformado la tragedia en foros y jornadas de sensibilización. El objetivo es claro: que el sistema de justicia no sea reactivo, sino preventivo, y que las rutas de atención para mujeres en riesgo dejen de ser simples documentos en un escritorio.
A pesar de la frustración por las demoras procesales y la sensación de una justicia que llega tarde, Yolanda no ha bajado la guardia. Su voz se ha convertido en el soporte de otras familias que atraviesan tragedias similares. En las esquinas de Ciénaga de Oro, el nombre de Tatiana sigue vivo, no solo como el recuerdo de una hija perdida, sino como el recordatorio de que la dignidad humana no admite excepciones.
Este relato de lucha cobra hoy una relevancia inusitada tras confirmarse la muerte de Anselmo de Jesús Villero Pinedo, alias «Pata e’ Guama”, señalado y condenado a 41 años de prisión por el feminicidio de Tatiana.
Los hechos ocurrieron en el sector de El Papayo, en la vía que conecta a Sahagún con Ciénaga de Oro, donde Villero fue interceptado por sujetos armados. Tras recibir al menos cinco impactos de bala e intentar huir por una zona boscosa, donde minutos después fue hallado sin vida.
La muerte del agresor ocurre en un escenario de profunda controversia, pues a pesar de existir una condena en su contra, Villero Pinedo se encontraba en libertad debido a que la orden de captura no se había hecho efectiva. El desenlace violento cierra el historial criminal del victimario, pero deja abierta la herida de una justicia institucional que, para la familia de Tatiana, nunca llegó a tiempo por las vías legales.
