América Latina se divide tras la captura de Maduro: Del apoyo total al rechazo por la soberanía

La detención de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense ha generado un sismo político en el hemisferio. Mientras algunos líderes celebran el fin del régimen, otros advierten sobre los peligros de una intervención unilateral para la estabilidad de la región.

Los sectores de derecha en el continente han sido los más contundentes al apoyar la acción de Washington. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, fue tajante al afirmar que «a todos los criminales narco-chavistas les llega su hora». En una línea similar, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, calificó el hecho como una «gran noticia», argumentando que la permanencia de Maduro solo había traído desestabilización y el éxodo de millones de venezolanos.

Desde Colombia, los expresidentes Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque defendieron la intervención. Uribe señaló que Estados Unidos hizo lo que las fuerzas armadas venezolanas y los organismos internacionales no pudieron por estar «sobornados por la dictadura». Duque, por su parte, describió la captura como un «deber moral» ante la violación sistemática de derechos humanos.

En contraste, el actual Gobierno de Colombia emitió un comunicado oficial manifestando «profunda preocupación» por la escalada bélica. La Cancillería colombiana rechazó cualquier acción militar unilateral y reafirmó su compromiso con el derecho internacional, haciendo un llamado urgente a la desescalada para proteger a la población civil.

Por su parte, el expresidente Juan Manuel Santos adoptó una posición moderada, advirtiendo que ninguna transición en Venezuela será duradera si no cuenta con legitimidad democrática y el respaldo multilateral de la comunidad internacional, más allá de la fuerza física.

El presidente panameño, José Raúl Mulino, se sumó a las voces que piden un proceso ordenado. Aunque no condenó la acción, enfatizó que Panamá será solidaria con una «transición legítima», dejando claro que el foco ahora debe estar en la paz del país vecino.