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JOSÉ LUIS MENDOZA Y UN OFICIO ‘ENTRE LA RUBIA Y LA MORENA’

Por Orlando Benítez Quintero

José Luis Mendoza fue un mentor, una figura fundamental en la osadía personal de comentar béisbol profesional; una ‘biblia’ —se sabía el ‘librito’ completo—. Todo un referente en el periodismo deportivo, no solo por su ejercicio sabio y profesional, sino por su comportamiento siempre respetuoso, humilde en exceso, e intachable; atributos escasos en el ejercicio hoy en día.

“Ya se le ve la placa al carro”, decía cuando el equipo local anotaba carreras y se acercaba en el ‘score’. Pero José Luis se fue ‘al otro lado’ sin siquiera estar cerca de divisar el número de ese bólido delantero que se llama tranquilidad. Una larga vida de trabajo, entrega y pasión, que no sirvieron de nada cuando quiso alcanzar el privilegio de coronar una jubilación, para terminar, al menos de forma digna, la carrera feroz del paso por este mundo.

José Luis murió en el abandono, apelando al régimen subsidiado, con cero en el banco, con hijos menores sin terminar de criar, abrigados por el desamparo. Su familia hacía lo que podía en medio de la escasez. Un final sin las glorias que tanto narró o comentó en los diamantes de Colombia. Doloroso recordar la última vez que lo vi desde una ventana, solitario, en la oscura y calurosa sala de la casa en la que vivía en arriendo, medio inmóvil y con una voz débil, pero siempre cortés. Me dijo tres frases: “¿Cómo están las cosas?”, “¿La familia?” y “Gracias”. El radio que lo acompañaba y lo conectaba con el mundo exterior se escuchaba a todo volumen con las noticias del mediodía. No había posibilidad de entrar y tampoco era un deseo que me embargara luego de mirar por la persiana. La imagen era estremecedora. Sin mucha valentía, elegí salir huyendo, con la precaria misión de ayuda cumplida.

El final del juego fue doloroso para José Luis; una derrota por amplio carreraje. La vida lo apaleó sin compasión y lo terminó noqueando sin oportunidad de reacción, sin el chance de responder a las rectas feroces que le lanzaba por el centro del plato.

Una historia que es reflejo de otras, una metáfora que se puede repetir para colegas que envejecieron tras los micrófonos y que no han tenido ni tendrán la oportunidad de alcanzar la tranquilidad de ese sueldo vitalicio que merecen por tantas horas de narraciones, comentarios y deleite para sus oyentes, televidentes y lectores. Muchos se dejaron obnubilar por el éxito y no previeron el momento de colgar los guayos. Algunos cuentan con familias que los cobijan; otros no tienen la misma suerte y sobreviven de la caridad. Los pocos que alcanzaron pensión, o tienen posibilidad de una, son quienes hicieron parte de alguna gran empresa mediática o quienes optaron por otra profesión y convirtieron su pasión periodística en pasatiempo.

Colombia no cuenta con un régimen especial de pensiones para periodistas, un gremio que enfrenta un riesgo permanente, que el Estado no reconoce. Quienes ejercen el oficio forman parte del sistema general, sin condiciones particulares. Los intentos por cambiar esta realidad se han ‘ponchado’, los proyectos de ley presentados han fracasado, y las iniciativas para que se reconozca la experiencia como tiempo cotizado han sido ‘strikes’. Existe un histórico desinterés gubernamental por la precaria situación laboral de los periodistas, quienes en su mayoría trabajan como independientes, sin contratos formales, y por ende, sin cotizar para pensión. Es hora de que el gremio, desde sus organizaciones, vuelva a coger el bate, enfrente al lanzador de 100 millas y conecte un hit.

Es crucial que exista voluntad política desde los poderes públicos —de otra manera es imposible— para reconocer a tantos José Luis Mendoza como hay en Colombia. El país debe darle el valor a la labor y al camino que han abierto los maestros que han sabido narrar, escribir y contar nuestra historia.

Nota: A José Luis Mendoza (1943-2020), quien narró con pasión cada jugada de la vida sin el aplauso final que merecía. Que su legado inspire a luchar por la dignidad de quienes entregan su voz al servicio de la verdad.

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El deporte como alternativa de crecimiento

Por: Erasmo Zuleta Bechara

Gobernador del Departamento de Córdoba.

En los últimos días, las buenas noticias no paran para el departamento de Córdoba, que ha sido anfitrión de diversos eventos deportivos. En 2024, Montería, la capital, será la sede de los Juegos Intercolegiados Nacionales. En 2027, Córdoba y Sucre fueron los departamentos elegidos para la celebración de los XXIII Juegos Deportivos Nacionales y VII Paranacionales. Además, en 2028, Córdoba será la sede de los Juegos de la Juventud.

El impacto económico, aunque complejo de cuantificar debido a los encadenamientos productivos intersectoriales y las condiciones macroeconómicas del momento, será, sin duda alguna, positivo. Para la celebración de estas justas, serán muchos los sectores que se verán influenciados. Por una parte, antes de la celebración de los mismos, se requerirán inversiones tanto públicas como privadas en infraestructura deportiva, hotelera y de restaurantes, por ejemplo. La afectación de cada uno de estos sectores tendrá un efecto multiplicador en la economía. Esto significa que por cada peso que se demande en el sector de la construcción, la producción de todos los sectores de la economía (incluida la demanda del sector de la construcción) se incrementará en 2,2 pesos. Así mismo, por cada peso que se demande en el sector inmobiliario, la producción de toda la economía se incrementará en 1,2 pesos.

Durante la celebración de las justas deportivas, serán los sectores de la administración pública, el comercio, la industria y las actividades artísticas los que más se verán influenciados. Los multiplicadores de estos efectos también son muy significativos. Por cada peso que se demande en el sector industrial, la producción de toda la economía se incrementará en 2,3 pesos; por cada peso que se demande en el sector comercio, la producción de toda la economía se incrementará en 2 pesos; por cada peso que se demande en el sector de la administración pública, la producción de toda la economía se incrementará en 1,7 pesos; y por cada peso que se demande en el sector artístico, la producción de toda la economía se incrementará en 1,5 pesos.

Algunos gremios económicos estiman que, gracias a estas justas deportivas, la inversión en infraestructura superará los 500 mil millones de pesos; que tendremos más de 150 mil visitantes; que se generarán más de 15 mil empleos directos e indirectos; y que el PIB de la región podría crecer hasta un 2% adicional. En definitiva, a menos de un año de cumplir mi gestión como mandatario de los cordobeses, estoy convencido de que este tipo de eventos, que además de traer desarrollo económico visibilizan y posicionan al departamento en el radar de turistas e inversionistas tanto nacionales como extranjeros, son la forma en que podemos llevar a Córdoba a otro nivel y propender para que su economía no dependa, como históricamente ha sucedido, de la administración pública.

El objetivo de estos logros es simple: como ha sucedido en los últimos meses, debemos consolidar la tendencia decreciente del desempleo en el departamento con empleos formales. Las estrategias que estamos liderando desde la gobernación son diversas: a través de eventos nacionales como estas justas deportivas y sus grandes efectos multiplicadores, con el impulso a la agroindustria, al comercio y a la infraestructura, entre otros. Todo esto redundará en la consolidación de la tendencia a la baja de la pobreza en el departamento. Según las cifras de pobreza monetaria publicadas el viernes, la pobreza en Córdoba para el año 2023 descendió del 54% en 2022 al 50,4%. A pesar de continuar siendo uno de los departamentos más pobres del país, nos encontramos en la dirección correcta con estos resultados. Por lo pronto, y durante los siguientes años, espero que la llama del deporte no se extinga.

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Caribe: Potencia para el desarrollo integral del país

Carlos Ordosgoitia Sanin

El Caribe Colombiano, sin lugar a preámbulo alguno, es una de las regiones del territorio nacional histórica, social y culturalmente más importantes del país. Aunque apenas ocupe poco de más del 11 % del territorio y este conformada por 8 departamentos en los que se concentra el 20 % de la población nacional.

Es de resaltar que la base económica es extremadamente variable, destacándose la agricultura, ganadería, minería, industria, turismo y el transporte marítimo. A lo que se suma que el 90 % del carbón y el 72 % del gas ofertado, salen de esta región, a lo que se suma el 69 % de la generación térmica de energía eléctrica que abastece a Colombia.

Por todas estas razones, consideró con profunda convicción que el Caribe Colombiano es vital para el desarrollo integral de Colombia, debido a su gran potencial, ya que sus departamentos suman un total de 197 municipios. Esta región, además de ser rica en biodiversidad y patrimonio cultural, se constituye como un motor económico fundamental para el país.

En primer lugar, su diversidad geográfica y climática favorece una variada agricultura que se complementa con sus puertos estratégicamente ubicados. Asimismo, en los últimos años, el Caribe Colombiano ha demostrado su importancia en el ámbito de las exportaciones, representando aproximadamente el 30 % del total del país, lo que evidencia, no solo la capacidad productiva de la región, sino también su potencial para diversificar su oferta y fortalecer su posición como un actor clave en el comercio internacional.

El Caribe contribuye significativamente al turismo nacional gracias a su vibrante cultura, playas y destinos históricos, lo que hace de esta región un destino único, atractivo y dinamizador de la economía. De hecho, esta región posee todas las cualidades para desenvolverse exitosamente en el ámbito agrícola, gracias a la diversidad de sus municipios, la variedad de industrias y la riqueza de sus suelos.

Barranquilla, gracias a su estratégica ubicación y el vigor de su infraestructura portuaria, se posiciona como un núcleo comercial clave para la exportación de productos agrícolas. Del mismo modo, Santa Marta, con uno de los puertos más antiguos y de aguas profundas, es crucial para el transporte marítimo de mercancías.

Además, Cartagena no solo se destaca por su turismo histórico, sino también por su potente industria, con las refinerías que impulsan el comercio energético, mientras que Montería reviste una gran importancia como un núcleo económico, cultural y educativo. Su ubicación estratégica junto al río Sinú la convierte en un centro agroindustrial destacado y un centro ecológico con prácticas sostenibles que promueven la conservación del medio ambiente y el turismo.

Asimismo, La Guajira se presenta como un territorio de grandísimo potencial energético y agrícola, con una expansión en energías renovables y una tierra fértil aún sin explotar. Y también se destaca Mompox, por su encanto colonial, rica historia y cultura, así como su vocación para actividades de pesca sostenible.

Debemos resaltar los puertos de Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Puerto Antioquia y el Golfo de Morrosquillo, esenciales para el desarrollo del país. Gracias a su ubicación estratégica, facilitan el comercio y la exportación de productos agrícolas e industriales, impulsando la economía regional. Estos puertos son clave para conectar la región con mercados globales y, por supuesto, promueven un crecimiento sostenible beneficioso para las comunidades locales y la economía del país.

El Caribe Colombiano tiene todo para consolidarse como un epicentro agrícola y comercial de Colombia y el mundo. Mediante un enfoque integral, se pueden liderar acciones, procesos y políticas públicas en materia de producción agrícola, innovación sostenible y comercio internacional, con miras a un futuro más prometedor y competitivo.

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REDUCCION DE LA MATRICULA EN EDUCACION SUPERIOR

Por: Jairo Torres Oviedo

Rector de la Universidad de Córdoba 

La universidad como institución milenaria, conserva y abriga un arsenal de conocimientos para la formación espitual y moral de los pueblos; ella, encarna la fuerza emancipadora y liberadora que una sociedad requiere para alcanzar la mayoría de edad kantiana y sobre todo civilidad, progreso social y humano; en ello, consiste la naturaleza de la universidad; sujeta a una dialéctica continua, como esencia del conocimiento. En este escenario, la universidad se mueve entre turbulencias y tensiones entre una concepción abierta a cambios y transformaciones y otra conservadurista; evidencia de lo anterior; los planes de estudio, currículo, pedagogías, didácticas de enseñanza y aprendizaje; caracterizadas por su rigidez inamovible; negación de las nuevas tecnologías; convirtiendo la universidad en una institución que proclama cambios, pero resistente a los mismos. Lo anterior; teniendo presente los cambios y trasformaciones que atraviesa la educación; donde emergen nuevos modelos y referentes educativos y pedagógicos que responden a las necesidades formativas de los jóvenes; acompañado de nuevas tecnologías; como los nuevos paradigmas de formación y educación. Es ineludible estudiar y comprender estos cambios, para adaptarlos e incorporarlos como medios en el proceso formativo. En cuanto a la educación superior; debe transformarse; acorde a las tendencias y cambios en la educación del sigo XXI. Asistimos a una reducción de matricula en las instituciones de educación superior IES; en particular las IES privadas; las publicas mantienen cobertura; con incrementos paulatinos. Pero que factores están incidido en la reducción de matricula; Para ello, tenemos como referencia la cobertura en educación superior para el año 2023 del 55.38%. De acuerdo con proyecciones del DANE y estadísticas del ministerio de educación, en Colombia, 2.280.847 jóvenes estaban matriculados en programas de pregrado en alguna de las 304 IES; de los cuales, el sector privado 46% y el oficial 54% de la matricula; de una población aproximada de 4.1 millones de jóvenes en edad de cursar sus estudios universitarios. Según estos datos, no hubo incremento de estudiantes matriculados entre el año 2022 y 2023 en pregrado; sin embargo, presenciamos un aumento de estudiantes matriculados en las IES publicas. Las investigaciones y estudios sobre el problema; arrojan algunas variables que inciden en la disminución de la matricula en educación superior: 1. La disminución de la tasa de natalidad; convertida en una tendencia progresiva a nivel mundial; según el DANE, en la ultima década, el 2024 es el año con mayor caída de nacimientos en Colombia, al registrar un total de 145.416 nacidos vivos; es decir, -14,6% en comparación con el 2023. Esta información estadística muestra en el año 2000 nacieron 750 mil niños y en 2023; es decir, 23 años después 510 mil niños y niñas. 2. Programas de pregrado con poca pertinencia a las demandas y necesidades de los jóvenes y territorios. 3. Oferta académica rígida; con duración extensa en contenido y tiempos de formación. 4. Prevalencia de condiciones económicos y geográficas que impiden el acceso a educación superior. Estas variables inciden poderosamente en la reducción de la matricula en educación superior. Es necesario repensar y cambiar para transformar. Sino lo hacemos, estamos condenados ha quedarnos en el pasado.

 

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Alto al fuego

Por: Antonio José Correa Jiménez.

En la Región Caribe de Colombia, la no implementación de los acuerdos de Paz de Ralito sí que le han pegado duro a dos ciudades que en otrora se caracterizaban por ser modelos de paz, y lugares que eran propicios, por la hospitalidad de sus habitantes, para recibir a víctimas del conflicto armado, pero no a victimarios.
Me refiero a Barranquilla y Cartagena, que lamentablemente personifican la nueva generación de la guerra, donde lo primero que debemos destacar es que son los retratos perfectos del traslado de la guerra de lo rural a lo urbano.
Hoy, las calles de estas dos ciudades, han visto cómo mueren a diario niños, jóvenes, hombres y mujeres de todas las edades, en un conflicto que tocó sus puertas, y que le ha hecho un daño inmenso a la sociedad.
Este dramático relato es la escenografía de un monstruo de mil cabezas representado en combos de la muerte, oficinas de sicariato y grupos ilegales que se dividen en barrios y localidades disputándose el control territorial y dejando como secuelas extorsión, muerte, secuestro express, microtráfico y control de los puertos legales e ilegales para que sean tomados por la economía ilegal del narcotráfico.
La violencia que en otros tiempos caracterizaba a estas dos ciudades eran las guerras de pandillas. Hoy, centenares de esos jóvenes han sido reclutados por las temidas bandolas que se pelean a sangre y fuego por el control territorial y, sobre todo, de los puertos por donde se envían sus productos ilícitos hacia Centro América, EEUU y Europa.
Los tiempos pasados quedaron en el olvido, antes ciudades como Barranquilla eran albergues de marimberos, por ejemplo, existían cánones de no trasladar sus guerras de La Guajira hacia la Puerta de Oro de Colombia, pero hoy las batallas que se disputan no tienen límites de ninguna naturaleza.
La búsqueda de una paz integral es esencial para resolver este conflicto. En esta región, particularmente, se debe comenzar con la declaración de un alto al fuego inmediato entre todos los actores involucrados en el conflicto, con los cuales el Gobierno Nacional ha iniciado mesas de negociación. Me refiero a las mesas instaladas con el EGC, Itagüí y Sierra Nevada, y la identificación de nuevos combos, como Los Castor, entre otros, para la inclusión en estas mesas de paz.
Hoy hacemos un llamado al Señor Presidente de la República y al Comisionado de Paz para que propendan por un cese al fuego y cese esta horrible noche que viven los barranquilleros y cartageneros, Este paso es crucial para desescalar el conflicto y crear un ambiente propicio en nuestra sociedad para las negociaciones de paz venideras.
Junto con el alto al fuego es esencial trabajar de la mano con las autoridades territoriales para que tengan capacidad resolutiva que les permita abordar de manera efectiva las causas sociales subyacentes de la violencia y proporcionar seguridad a los ciudadanos.
Esto incluye una mayor inversión en la Seguridad Ciudadana a través de nuestra Policía Nacional. Ello, tras realizar una depuración que conlleve la judicialización de las manzanas podridas que se hayan mezclado con las oficinas de sicariato y sigan en la disyuntiva del pasado, de hacerse al lado de la ilegalidad por una tajadya o por hacer parte del negocio, lo que no ha permitido la captura, identificación y judicialización de oficinas de la muerte encubiertas dentro de la sociedad civil

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Tenemos los Juegos, ahora contémoslo al mundo

Por Orlando Benítez Quintero 

Córdoba y Sucre serán las sedes de los Juegos Nacionales 2027, un logro que se siente como un jonrón con bases llenas en el último inning y que más que una victoria deportiva es una oportunidad dorada para transformar nuestra región y proyectarla al mundo. Para convertir este reto en un éxito rotundo, se necesita la preparación y el respaldo de todos los sectores de la sociedad, y en ese proceso, la comunicación será clave.

Es el momento de mostrar al mundo lo mejor de esta tierra, contar nuestras historias con convicción y proyectar la región como un territorio de oportunidades. Esto requiere compromiso, responsabilidad y, sobre todo, una comunicación sólida en cada paso. Más allá de contar el orgullo de haber obtenido la sede, hay que trascender y comunicar lo que este triunfo significa para Córdoba y Sucre.

Los Juegos son un escenario ideal para los medios. Representan una oportunidad única para proyectarse y fortalecer su posición como actores en la promoción y consolidación del desarrollo regional. La cobertura de un evento de esta magnitud no solo elevará la visibilidad del territorio, sino que también posicionará a las plataformas de comunicación locales como protagonistas en el proceso.

El enfoque estará ahora en los desafíos que siguen: la construcción y modernización de infraestructura, la organización y logística de los Juegos, la adecuada preparación de los deportistas que nos representarán en casa y la gestión eficiente de los recursos, sin perder de vista la tarea de vigilancia. La forma en que se comunique cada etapa será crucial para mantener la confianza y atraer apoyo. Se podría construir un relato histórico de transformación del territorio.

El ejemplo de Cali con los Panamericanos de 1971, donde la comunicación efectiva jugó un papel crucial, es una inspiración cercana. Esa cita deportiva no solo impulsó el crecimiento de la capital del Valle del Cauca, sino que la posicionó como un referente deportivo en América Latina. Barcelona 1992 utilizó los Olímpicos para transformar su costa y consolidarse como un destino turístico mundial. Tokio 2020 se proyectó como líder en sostenibilidad. En estos casos, la comunicación fue esencial para asegurar que los eventos deportivos dejaran un impacto positivo duradero.

Los Juegos Nacionales han sido un motor de cambio. Montería es un ejemplo, con la construcción de los estadios de béisbol y fútbol y otros escenarios deportivos cuando la ciudad fue subsede en 1988 y 2012. Obras que mejoraron las condiciones deportivas y dejaron huellas de desarrollo en la región.

Valoremos el poder de la palabra y la imagen para movilizar a nuestra gente y generar el respaldo necesario para los Juegos Nacionales 2027. Contar nuestra historia de manera efectiva, transmitir el orgullo que sentimos y hacer que todos formen parte de esta gesta será tarea del periodismo y las estrategias de comunicación.

La región celebra este logro gracias al liderazgo y la visión del gobernador de Córdoba, Erasmo Zuleta, un apasionado del deporte, quien junto a su equipo —mención especial para Comunicaciones— ha demostrado que «cuando se quiere, se puede», en llave con la gobernadora de Sucre, Lucy García.

Cuando el Caribe se une, es capaz de alcanzar metas extraordinarias. Que este sea el comienzo de una gran historia para Córdoba y Sucre.

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Pruebas Saber: Medición de calidad o desigualdad

Por: Jairo Miguel Torres Oviedo 

Rector de la Universidad de Córdoba 

El pasado 18 de agosto, el Icfes aplicó las Pruebas Saber a 616 mil estudiantes de grado 11; prueba que se realiza cada año, utilizada como instrumento de evaluación estandarizada para medir por parte del Estado, la calidad educativa ofrecida a quienes terminan la educación media; la cual es un requisito para el ingreso a la educación superior. Aunque la prueba permite pensar y mejorar los procesos de formación y repensar el tipo de ciudadano que estamos formando; son muy pocos los avances alcanzados. El Estado estandariza una prueba de conocimiento sin tener en cuenta las asimetrías regionales, sociales, económicas… determinantes y condicionantes donde estamos formando; convirtiendo la prueba en un instrumento para medición de desigualdad educativa y social. En consecuencia, han convertido la Prueba Saber en un ejercicio pragmático e instrumental, desconociendo los fines esenciales de la educación, conduciendo a los estudiantes a responder preguntas; para ello, las secretarías de educación e instituciones educativas contratan fundaciones «educativas» que enseñan la mecánica de responder preguntas; como una tendencia progresiva y dominante impuesta como forma de competencia y medición de calidad entre instituciones formativas. La calidad entendida como resultados que excluye procesos y realidades.

Para comprender lo anterior, analicemos los resultados de la Prueba Saber 11 del año 2023, donde se evaluaron 499.952 estudiantes. Los resultados evidencian que, esta prueba como instrumento de evaluación estandarizada continúa siendo ineficiente para mejorar el nivel educativo del país de acuerdo con las áreas evaluadas: lectura crítica, matemáticas, ciencias sociales, y ciudadanía, ciencias naturales e Inglés. En esta ocasión, el puntaje promedio alcanzado por los estudiantes evaluados en el examen fue de 257 puntos, sobre 500, donde más de la mitad de estudiantes evaluados están por debajo del puntaje promedio; reafirmando la persistencia de brechas de calidad educativa entre instituciones educativas públicas y privadas, regiones del país, zonas urbanas, rurales y ruralidad dispersa. Desigualdades presentes en los distintos ciclos de vida y niveles educativos; e incluso, la educación superior evidencia la acumulación de estas prevalentes asimetrías. De igual modo, en las universidades encontramos jóvenes que ingresan con buenos puntajes del Icfes; pero con dificultad en las áreas ya mencionadas.

Además de lo anterior, la prueba aún desconoce las persistentes limitaciones para garantizar a niños, niñas y jóvenes el acceso y permanencia en la educación; en particular, las zonas rurales. Es muy preocupante que, en la educación media la brecha de acceso de los grupos más vulnerables de la población; donde, aproximadamente uno de cada cinco jóvenes 20 % entre 16 y 22 años abandonan la educación media sin completarla o sin iniciarla; situación que empeora en las zonas rurales; donde el 38% de los jóvenes abandonan el sistema educativo antes de terminar la secundaria; y más de la mitad de los estudiantes que finalizaron el grado 11, no logran el tránsito a la educación superior.

Por consiguiente, la Prueba Saber debe ser un instrumento para evaluar y mejorar el sistema educativo; contribuyendo en la toma de decisiones por parte del Estado para cerrar brechas sociales; y no solo para medir y competir en calidad educativa; el esfuerzo debe estar centrado en mejorar la calidad y competir con los mayores niveles de igualdad y equidad. Solo así, podemos lograr desarrollo, progreso y justicia social.

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Identidad por lo nuestro

Por Carlos Ordosgoitia Sanin

En un mundo que avanza a pasos agigantados, mantener vivas nuestras tradiciones es vital. Colombia es un país generoso en diversidad cultural y natural, y la identidad de cada una de nuestras regiones constituye un tesoro invaluable que debemos preservar y enaltecer. Esta riqueza nos invita a abrazar lo que nos une y celebrar lo que nos hace únicos.

Tener un profundo sentido de pertenencia hacia nuestras raíces no solo nos define como individuos, sino que también nos impulsa a convertirnos en ciudadanos comprometidos y empoderados, compartiendo un único propósito: el bienestar común.

¿Y qué significa ser ciudadanos?, la diferencia entre ser un ciudadano y un habitante puede parecer sutil, pero en la práctica es fundamental para la construcción de una mejor sociedad. Un ciudadano es aquel que, más allá de residir en un país, entiende su realidad, se involucra activamente y busca contribuir desde su ámbito personal o profesional, reconociendo que su papel es crucial. Por el contrario, un habitante es simplemente aquella persona que reside en una región con el único propósito de buscar su propio beneficio, sin interesarse por el impacto de sus acciones ni por contribuir a un cambio significativo más allá de su bienestar personal.

Este es el momento de transformarnos de simples habitantes a ciudadanos comprometidos con nuestro tejido social, la historia y los lazos que nos unen, no solo como regiones, sino como una gran Nación. Así, encontraremos un futuro lleno de esperanza y prosperidad.

En este sentido, un buen ciudadano debe ser consciente del importante papel que cumple en el entramado social. Por ejemplo, el compromiso con la seguridad es esencial, ya que constituye uno de los eslabones fundamentales de la democracia. Un país seguro no solo depende de las Fuerzas Armadas y la Policía, sino también de la participación activa de los ciudadanos quienes deben estar vigilantes y dispuestos a cooperar y colaborar estrechamente con las instituciones para prevenir y mitigar cualquier amenaza que pueda alterar el orden público.

En este sentido, cada quien tiene la responsabilidad de articular esfuerzos con los demás actores de la sociedad civil y las autoridades del orden para asegurar que cualquier vulnerabilidad, que afecte interna o externamente a su región o al país, sea abordada y contenida de manera pronta y efectiva.

El cuidado del medio ambiente, es otro punto fundamental. Hoy, más que nunca, necesitamos unirnos con el propósito de preservar el mundo para las generaciones futuras, realizando pequeñas acciones diarias que fomenten prácticas sostenibles. La diferencia entre habitar un lugar y ser un ciudadano comprometido radica precisamente en estas acciones conscientes y responsables.

Debemos participar activamente en nuestras comunidades, promoviendo el respeto por las tradiciones y valorando nuestra diversidad, para reforzar nuestro sentido de identidad e impulsar grandes transformaciones que conduzcan al bienestar de nuestras regiones.

Asumir un papel activo en la construcción de un mañana mejor para cada uno de nuestros territorios es el mayor acto de amor que podemos ofrecer a nuestra amada tierra colombiana.

Juntos, podemos construir un mejor país y lograr el verdadero cambio que anhelamos ver: una Colombia unida, sostenible, equitativa, y sobre todo, socialmente justa.

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Comunicación y mentalidad ganadora

Por Orlando Benítez Quintero.

“No puede ser que perder se convierta en una tradición colombiana y que los medios y el público lo normalicen. Corremos el riesgo de que las nuevas generaciones lo acepten y se vuelva parte de nuestra cultura—si es que ya no pasa. Talento sobra, falta mentalidad ganadora”, comentaba recientemente en la red social X. Esta opinión, motivada por la preocupación ante la conformidad con los resultados de los deportistas colombianos en competiciones internacionales, me lleva a indagar y reflexionar sobre el papel que los medios de comunicación desempeñan en la construcción de esta mentalidad colectiva, en este caso para un tema que despierta tantas pasiones como el deporte.

Es indudable que los medios de comunicación, incluidas las ahora dominantes plataformas digitales, ejercen un poder significativo sobre la opinión pública. Como señaló el teórico argentino Héctor Schmucler—incluso tiempo antes del auge de las redes sociales—, la comunicación mediática no solo ha ampliado su presencia, sino que también ha incrementado la incertidumbre sobre su impacto en la vida de las personas. Esta realidad nos plantea una pregunta crucial: ¿cómo influye lo que comunicamos en la mentalidad colectiva de nuestras audiencias?

La respuesta a esta pregunta cobra especial relevancia cuando analizamos el discurso que rodea a las derrotas deportivas. Los medios, al limitarse a expresiones como “Lo dieron todo”, “Aunque no se alcanzó el objetivo, qué grande es…”, o “Es que la decisión de los jueces incidió en el resultado”, ofrecen consuelo, pero contribuyen a la peligrosa normalización de la derrota. Mauricio Cabrera, quien se autodenomina en redes como terapeuta de contenidos, señala que es fundamental “explicar, mas no justificar” para evitar perpetuar la conformidad con resultados negativos. Dice que se deben buscar “razones solo para tener una explicación de lo que ocurre, nunca para justificar su reiteración”. ¡Eso! Explicar mas no justificar, ese es un buen inicio para no volver a caer en la tendencia derrotista.

El técnico colombiano Francisco Maturana popularizó la frase: “Perder es ganar un poco”, una expresión que, en su momento, cuando Colombia apenas emergía en el deporte internacional, sirvió para consolar en épocas de triunfos escasos. Sin embargo, en la actualidad, con la inmediatez de la información y el aumento del número de deportistas de élite, esta idea puede ser contraproducente. Hoy, más que nunca, necesitamos un discurso que refleje la realidad de nuestros logros y aspire a la victoria, en lugar de conformarse con excusas.

El profesor peruano León Trahtemberg, en una entrevista con el portal Tiempos Mundo, analizó la relación entre la mentalidad de la sociedad peruana y el desempeño de su selección de fútbol, argumentando que las constantes derrotas reflejan una falta de predisposición hacia una mentalidad ganadora, señalando que siempre se alude a “victorias morales” que no se convierten en victorias reales. Sugiere que esta mentalidad solo puede transformarse si se produce un cambio integral en todos los ámbitos de la vida: político, empresarial, profesional, científico y, por supuesto, deportivo. Esto implica replantear la educación, dejar de lado la mentalidad de derrota y comenzar a actuar como personas ambiciosas, deseosas de liderar y triunfar -ejemplos hay en el continente-. “Mi tesis es que el fútbol es una metáfora de la sociedad peruana que inconscientemente no está predispuesta a una mentalidad ganadora, lo cual queda expresado una y otra vez con tantísimos partidos bien jugados pero perdidos, o campeonatos bien iniciados que luego se concluyen con derrotas consecutivas”, dice en una descripción muy similar al contexto colombiano.

En esta discusión no se puede pasar por alto el papel de los estereotipos en la construcción de narrativas mediáticas. Cora Edith Gamarnik, licenciada en Ciencias de la Comunicación, explica que los estereotipos, al simplificar y generalizar la información, refuerzan consensos que limitan nuestra comprensión de los otros y de nosotros mismos. En el contexto deportivo, esta simplificación puede llevarnos a aceptar la derrota como algo inevitable, en lugar de profundizar en las verdaderas causas e impulsar el trabajo hacia el éxito.

Como comunicadores, tenemos una responsabilidad ineludible: elevar la calidad de la información que transmitimos para evitar que la derrota se convierta en parte del paisaje cultural. Es nuestra tarea fomentar una mentalidad orientada al éxito, la superación y la victoria. Al asumir este compromiso, no solo contribuimos a una narrativa más constructiva, sino que también impulsamos un cambio en la sociedad. Debemos ser los agentes que cultiven una cultura de triunfo, donde el éxito no sea una excepción, sino la norma que guíe nuestras aspiraciones y logros.

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Una reforma necesaria e impostergable

Por: Jairo Torres Oviedo 

Rector de la Universidad de Córdoba 

En estos últimos días, el Contralor General de la República manifestó públicamente la situación del desfinanciamiento de la universidad pública, haciendo un llamado al Ministerio de Educación Nacional con el fin de atender esta situación. El anuncio del contralor reafirma lo sostenido por el Sistema Universitario Estatal – SUE en los últimos años, debido a la necesidad de reformar los Artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992; la cual rige la educación superior; lo anterior, con el propósito de corregir el desfinanciamiento estructural del sistema en mención. Esta reforma permite construir un nuevo modelo de sostenibilidad financiera; necesaria e impostergable, que demandan los estamentos del sector de la educación superior pública; y que, tiene como propósito fortalecer las universidades oficiales. El actual modelo de asignación y distribución de recursos financieros para las universidades estatales, definidos en los Artículos 86 y 87 de la Ley 30; consta de varios componentes: el presupuesto destinado al funcionamiento e inversión. Los recursos de funcionamiento que son orientados al crecimiento sostenible de los provistos por el Estado y requeridos por las universidades públicas, consta de cuatro factores que son: presupuesto para el funcionamiento con ajustes por diferenciales salariales, productividad docente, aumento de cobertura y cierre de brechas interinstitucionales. Estos recursos financieros son definidos y distribuidos a través de un indicador de transferencia IPC. En este sentido, desde 2019 el SUE trabajó y construyó un nuevo modelo de asignación de recursos financieros para la sostenibilidad de las universidades oficiales; que impida los déficits anuales originados por los costos educativos superiores al IPC. Estos costos han producido el desfinanciamiento estructural de la universidad pública y con ello, una tendencia progresiva a la autosostenibilidad.

La construcción del Ices (Índice de Costos de la Educación Superior) como nuevo modelo de transferencia financiera para asignación estatal de recursos al SUE, reconoce la complejidad y diversidad del sistema; a la vez que, propende por el cierre de brechas regionales, institucionales y sociales. En este orden, sería importante preguntarse, ¿cuál es el contenido del modelo propuesto por el SUE? El nuevo modelo recoge las experiencias vividas por el Sistema Universitario Estatal desde la aprobación de la Ley 30 de 1992. Donde hemos tenido incremento en cobertura, al pasar de 152 mil estudiantes en el año 1993 a 650 mil en 2023; esta ampliación de cobertura está acompañada de otros cambios como la formación de los profesores universitarios, investigación, internacionalización, movilidad de estudiantes, acreditación; tanto de programas académicos como en lo institucional. Tal crecimiento de las universidades implicó un proceso de mejoramiento en los factores que constituyen una política de aseguramiento de la calidad. Todos los costos asociados a la educación superior pública de calidad tienen crecimientos superiores al IPC; lo que ha generado un desfinanciamiento estructural. El actual modelo de sostenibilidad de las universidades públicas está soportado en el IPC, como indicador de transferencia de la Nación a las universidades; lo que es insuficiente para el financiamiento del SUE. Por consiguiente, el nuevo modelo de financiamiento propuesto corrige el desfinanciamiento estructural y permite la sostenibilidad financiera.

Por último, es deber del Congreso de la República propiciar los escenarios de deliberación y argumentación para construir una reforma necesaria, con el objeto de corregir y garantizar la sostenibilidad financiera de las universidades públicas.

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