El perfil de Josué Cubillos García, el joven de 24 años responsable del ataque a miembros de la producción de Sin Senos sí hay paraíso ocurrido en un rodaje
en el barrio Los Laches en Bogotá revela el retrato de una tragedia anunciada por un sistema de salud y seguridad que no logró contenerlo.
Registros clínicos y testimonios de sus familiares confirman que Cubillos padecía de un trastorno psicótico asociado al consumo crónico de sustancias, cuadro que con el tiempo derivó en diagnósticos de trastorno bipolar y episodios severos de desorganización del pensamiento.
Aunque contaba con medicación diaria prescrita para controlar sus impulsos y la ansiedad, el tratamiento no se cumplía con la constancia necesaria, lo que lo mantenía en un estado de vulnerabilidad mental permanente y conductas erráticas.
Las señales de alerta fueron múltiples y constantes antes del desenlace fatal. En abril de 2025 ya enfrentaba denuncias por intimidación y, a principios de 2026, fue citado ante una Inspección de Policía por comportamientos agresivos en la vía pública; sin embargo, en esa ocasión no se impusieron sanciones ni se activaron rutas de atención psiquiátrica obligatoria.
Días antes de la masacre, Cubillos había amenazado de muerte a un vecino bajo el delirio de estar siendo víctima de «brujería» y protagonizó un altercado en el Instituto Roosevelt, donde intentó acceder por la fuerza a su historia clínica, siendo expulsado por el personal de seguridad del lugar.
Este historial de psicosis no tratada y roces con la autoridad fue el preludio de lo ocurrido el pasado sábado 18 de abril. Según la hipótesis de la Policía Metropolitana de Bogotá, Cubillos García habría confundido al equipo de producción de la serie ‘Sin senos sí hay paraíso’ con los guardias de seguridad del instituto médico con los que había tenido el conflicto previo.
Bajo este delirio persecutorio, el joven irrumpió en el set de grabación armado con un cuchillo y, en un ataque relámpago, asesinó al conductor Henry Alberto Benavides Cárdenas y al asistente Nicolás Francisco Perdomo Corrales, dejando además un tercer herido en estado crítico.
El episodio terminó cuando miembros del equipo de logística intervinieron para frenar la agresión, resultando en un forcejeo donde el propio atacante perdió la vida.
Mientras el alcalde Carlos Fernando Galán ha calificado el suceso como un hecho aislado vinculado a la salud mental, el gremio audiovisual y los residentes de Los Laches señalan que la muerte de los dos trabajadores es el resultado de una cadena de negligencias. La realidad de un paciente psiquiátrico sin control estatal terminó irrumpiendo violentamente en una jornada de rodaje, dejando una cicatriz imborrable en el corazón de la industria televisiva del país.
