DESIGUALDAD Y COVID: ATROFIA SOCIAL E INESTABILIDAD DEL INGRESO EN COLOMBIA. 2020.

Una mirada desde las tesis de Angus Deaton

Por; Giovanni Argel Fuentes. Ph.D (c).

1. Desigualdad: breve análisis desde los postulados de Angus Deaton.

Hace poco leía un artículo publicado por Judit Vall, titulado Covid y Desigualdad, según Angus Deaton. Desarrollado a partir de un webinario promovido por Daron Acemoglu y Jean Tirole sobre la atrofia del Estado y los fallos del mercado en el contexto de la Covid‑19. El espacio fue organizado por el Princeton Bendheim Center for Finance, de la Universidad de Princeton, como parte de una serie de ciberseminarios dedicados a varios aspectos relacionados con las implicaciones de la Sars-Covid2, estructura de los virus de donde se deriva el Covid-19, y la desigualdad futura que se profundizará en la sociedad para los próximos 3 años.

Angus Deaton fue premio nobel de Economía en 2015, matemático escocés y economista heterodoxo y keynesiano. Su trabajo fundamental se centró sobre el análisis del consumo, la pobreza y el bienestar, definiendo tesis críticas sobre su relación con el crecimiento y las políticas de austeridad.

Veamos algunas de sus tesis y explicaciones sobre la desigualdad y la pandemia, para posteriormente estudiar el caso colombiano. Según Deaton la desigualdad aumentará significativamente mientras estemos afectados por la Covid-19. De hecho, las personas con menor nivel educativo, trabajen o no, en sectores esenciales de la economía, aparte que estarán expuestos al contagio, igualmente tendrán un mayor riesgo económico (más probabilidad de perder el trabajo, ya que la posibilidad de teletrabajar es menor para las personas con menor grado de instrucción). Por lo tanto, de cualquier forma, la desigualdad económica y la probabilidad de un estado de salud inestable aumentarán entre personas con diferente nivel educativo.

Deaton anota “…que los efectos de la covid-19 sobre la desigualdad a largo plazo, serán devastadores. Indica que una vez se acabe la pandemia, vamos a ver el retroceso de la globalización y cierta reversión en las deslocalizaciones de las empresas y la producción mundial, lo que hará que, en consecuencia, regresen a los países desarrollados ―desde países terceros― puestos de trabajo…”.

Desde nuestra perspectiva, la tendencia que se observaría es una acumulación de fuerza laboral como retorno de empresas a sus países de origen; lo que permitiría, dadas las condiciones, un incremento del empleo, pero con una distribución desigual del ingreso, especialmente para las clases sociales bajas.

Las disminuciones en el crecimiento (PIB), afectarán la renta en los distintos factores de producción y mientras se recupera la liquidez empresarial como la moderación y equilibrio en el gasto público del estado; los niveles alcanzados de igualdad en los años anteriores, se destruirán.

En algunos países con fuerza capitalista, como EEUU, Deaton predice que el sistema de salud público sufrirá fuertes presiones para aumentar su cobertura a más población, lo que hará que se reduzca la desigualdad en materia de estado de la salud. De esta manera, a mediano y largo plazo, la pandemia actual resultaría en menor desigualdad entre grupos sociales, especialmente en los estratos bajo de la sociedad que no cuentan con sistemas de seguridad social. El estado deberá responder para evitar indicadores altos de letalidad, ante la positividad que se demuestre públicamente. Ello se traducirá levemente en un moderado equilibrio en la renta como en la salud para la población.

El pensamiento de Deaton se circunscribe a países con fuerza capitalista e infraestructura hospitalaria adecuada, e incluso con óptimos sistemas de seguridad social antes de pandemia. Para los países menos desarrollados, particularmente los de América Latina y el Caribe (ALyC); esto no funcionaría taxativamente. La desigualdad se profundizará. Teniendo en cuenta que el desempleo aumentó por encima del 18% promedio en la región y la contracción de la demanda agregada y en general del PIB estarán cercanos al -6.7% a finales del año. Lo cual se asocia a lo expuesto anteriormente frente a la inestabilidad del sistema de salud en la mayoría de los países de la región, como a su vez, el marcado desequilibrio en el nivel educativo que afectará sustancialmente los escenarios de desigualdad sistemática, tal como se ha indicado.

Estamos de acuerdo que la pandemia fomentará una desigualdad diferencial conforme a la estructura del ingreso en cada territorio, por ello la estimamos como una consecuencia más que una causa; la cual es proveniente no solo de los efectos sanitarios sino también de la focalización en términos el equilibrio en la efectividad de las medidas económicas, políticas, ecológicas y sociales.

Para Deaton, la desigualdad no es lo mismo que la injusticia; y, en su opinión, es esta última la que ha incitado tanta agitación política en el mundo rico de hoy. Algunos de los procesos que generan desigualdad son ampliamente vistos como justos. Pero, otros procesos son profunda y obviamente injustos, y se han convertido en una fuente legítima de ira y rencor para la población. Por ello es importante señalar, desde las tesis del nobel, “la existencia de dos explicaciones distintas para la divergencia entre los ingresos medios y los ingresos superiores, y es muy importante definir cuál es la correcta. La primera explicación atribuye la divergencia a procesos impersonales e imparables como la globalización y la innovación tecnológica, que han devaluado el trabajo poco calificado y favorecido a las personas que tienen una buena educación formal. Lo cual implica y ahonda desigualdades por segmentos poblacionales e incluso inequidad, partiendo de la distribución del ingreso”.

La segunda explicación infiere que “el estancamiento de los ingresos medios es en realidad el resultado directo del aumento de los ingresos y la riqueza en la parte superior”. Según esta explicación, los ricos se están haciendo más ricos a expensas de todos los demás. Lo que implica una concentración del ingreso bajo y medio en la mayoría de la población y focalización de los altos ingresos en pocas personas.

Según estas tesis, en lo sucesivo, la distribución del ingreso en nuestros países se verá afectada por la pandemia, sustancialmente por el alto confinamiento vivido (más de 90 días en promedio para la región), la iliquidez empresarial, la contracción de las ventas, el progresivo desempleo y la informalidad. Así las cosas, las distancias o brechas entre los ingresos bajos y los superiores se harán mayor, al igual que las rentas empresariales entre empresas pequeñas y grandes. De hecho, en muchos países, microempresas han desparecido y otras aún no abren puertas.

Durante la pandemia se ha recrudecido la desigualdad social no solo en el ingreso para aquellos que dejaron de trabajar sino para la dinámica del sistema de salud. Sobre esto por ejemplo Deaton indica que “el financiamiento de la atención médica está teniendo un efecto desastroso en los salarios. Debido a que la mayoría del seguro de salud es provisto por sus empleadores, son los salarios de los trabajadores, esencialmente, los que pagan por las ganancias y los altos salarios que se perciben en la industria médica”.

Con los despidos por parte de las empresas en los países de ALyC, por ejemplo, se afectará la seguridad social y en especial el soporte médico de la población. Esto deriva no solo en una distribución inequitativa del ingreso sino en desigualdad de atención en los servicios de salud, que debe el estado de alguna manera, remediar.

Para el caso colombiano, por ejemplo, esta realidad es evidente y las medidas tomadas para sostener a la población que vive en la informalidad y la pobreza extrema, cercana al 35% y 34.7%, respectivamente; tratarán de sustituir tal desigualdad. Téngase presente que la desigualdad antes de la Covid-19 se ubicaba en el 52%, y se estima que estará por encima del 65%, al cerrar el año. Se suma a lo anterior la falta de personal sanitario en el país, como a su vez bajo ingreso para ellos. Resáltese que este sector tiene un alto desequilibrio de salarios como de orden laboral, lo que ha afectado la productividad de clínicas y hospitales en el país. Para tal fin estudiar las desigualdades y desequilibrios del ingreso en el personal sanitario en Colombia.

De otro lado en ALyC es de mucha dinámica la movilidad de migrantes. De hecho, la inmigración no calificada también plantea un problema para los salarios, teniendo en cuenta que, ante el alto flujo migratorio, los salarios vía demanda laboral bajan. Se presenta una demanda elástica salarial por la abundancia de migrantes como de desempleados intraterritorialmente.

Con la entrada de la pandemia a estos países, incluso a los desarrollados, la oferta de mano de obra se multiplicará ante la escasez de trabajo. Ello origina desestabilización y choques en los estándares salariales. Este desequilibrio en el ingreso deriva en desigualdad, agravada desde las migraciones. Aspectos que analizaremos más adelante.

La desigualdad desde el consumo, la otra perspectiva: Angus Deaton también estudió las decisiones de consumo y ahorro a través del tiempo. Especialmente frente a los comportamientos de la demanda individual y agregada. Corrobora el modelo Keynesiano que el nivel del consumo depende del ingreso esperado y que un consumidor racional consumiría parte del aumento de este ingreso esperado. En sus investigaciones y ensayos, el nobel observó que el consumo varía menos que el ingreso. Para resolver esta contradicción entre la teoría y los datos, conocida como la “paradoja de Deaton”, el analiza los incrementos del ingreso de los consumidores y a su vez la leve demanda que experimenta en el tiempo el consumidor. Por ello la relación que se deriva del consumo y el gasto, tiene fundamental impacto en los hogares con pobreza. Y de la distorsión entre ellos se redefine la desigualdad.

En ese sentido Deaton, muestra que el consumo puede ser utilizado para medir y entender la pobreza en países en vías de desarrollo. Frente a lo anterior es deducible que, ante las contracciones de la demanda agregada, sufridas durante los confinamientos estrictos y la débil reactivación empresarial en el marco de la pandemia; los niveles de pobreza, desigualdad e inequidad serán crecientes y progresivos. Veamos tal demostración a continuación:

2.La inestabilidad de los Ingresos en Colombia y el recrudecimiento de la Pobreza. Realidad y tendencia.

Para Colombia las tesis de Deaton, han sido de efectivo cumplimiento. Estudios recientes del Observatorio de Coyuntura Económica y Social del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico – CEDE en la Universidad de los Andes, indica que la caída en los ingresos de los hogares, producto de esta pandemia, podría llegar a elevar la pobreza en Colombia hasta en 15 puntos porcentuales para finales de este año. Es decir que el Índice de Pobreza Muldimensional (IPM) se ubicaría en 49.7%.

Es de resaltar que, en 16 años, Colombia ha experimentado avances sociales, muchos de ellos se iniciaron desde la promulgación de la Constitución del 91. Igualmente se logró avanzar en una mejor, pero aun deficiente, distribución del ingreso y en definir aspectos democráticos y participativos de población vulnerable en los sistemas productivos, que antes era invisible en el país.

Apropia el estudio que “el tamaño de la clase media se duplicó en el mismo lapso, a un ritmo muy superior al de América Latina, en donde la expansión llegó al 50 por ciento. Dicha transformación explica, entre otros, el auge del consumo de los hogares, que se consolidó como el principal motor de la economía en los últimos tiempos, sustancialmente porque dinamiza el PIB”.

Si bien las mejoras fueron destacables y el empleo formal aumentó, desde tiempo atrás se ha advertido sobre una alta proporción de ocupados en la informalidad y en especial de trabajadores por cuenta propia, lo cual los hace más propensos a sufrir un deterioro en las actuales circunstancias.

Dicho en forma esquemática, el grueso de damnificados estaría en el equivalente del estrato tres. El estimativo de los Andes dice que 7,3 millones de personas – unos dos millones de familias– que en 2019 se encontraban dentro del grupo de los vulnerables o de la clase media, pasarían a engrosar las filas de los pobres. En términos prácticos, el país volvería a indicadores parecidos a los registrados en 2005, cuando el índice de pobreza se ubicó en 45 por ciento y la informalidad azotaba los sectores económicos y la inflación (9.2%) presionaba a la disminución del consumo por la vía de bajos ingresos.

Anota el estudio de los Andes que “en esa perspectiva se suma a la advertencia hecha por tres técnicos del Fondo Monetario Internacional, quienes examinaron las repercusiones que otras pandemias recientes tuvieron en aquellos lugares donde más se sintieron. La lista de males abarcó desde el síndrome de deficiencia respiratoria aguda de 2003 hasta el Zika en 2016, pasando por la gripa H1N1 de 2009 o el Ébola en 2014. La conclusión de los expertos es que este tipo de eventos catastróficos castiga con mucha mayor dureza a quienes están en la mitad de abajo de la pirámide de ingresos en todos los países, Colombia no será la excepción.

Allí cobra vigencia el postulado de Deaton, en el sentido que “el empleo de quienes cuentan con niveles de educación avanzados casi no se ve afectado, mientras que el de quienes han alcanzado un nivel básico se reduce considerablemente”. El impacto de lo anterior recrudece el desequilibrio del ingreso y afecta los niveles de consumo como de ahorro en ese segmento poblacional de ingresos medios y bajos. Es decir, los pobres en este momento serán más pobres de continuar los efectos determinantes de la pandemia.

El estudio indica que lo más viable es que la desigualdad en Colombia volverá a aumentar. Estiman que “La participación del 10 por ciento más rico en el ingreso nacional subiría al 46 por ciento este año –un avance de más de cinco puntos–, mientras que la del 50 por ciento más pobre caería en proporción parecida, al 12 por ciento. Esto se debería a que las clases menos afectadas directamente por la crisis serían las de mayores ingresos”.

Como indicábamos este efecto aumentará los niveles de desigualdad frente al ingreso nacional y en el marco de una población demográficamente más envejecida y con alto desempleo en la crisis. Esto se acompañará con un Coeficiente Gini, que mide la disparidad en el ingreso, el cual volvería a subir al punto en el que estaba al arrancar el siglo, cuando nos ubicábamos en los peores lugares en la región, a la par de Brasil en lo que atañe a inequidad.

Tabla No 1. Evolución de la desigualdad en América Latina en los últimos 30 años

Índice de Gini. Mientras más se acerque a cero, menor es la desigualdad. Fuente: Banco Mundial. Los países sin datos actualizados no fueron incluidos.

Si revisamos el Gini en América Latina y el Caribe, Tabla No 1. Observamos que estudios del banco mundial desde el año 1990 a la época, demuestran que Colombia presenta uno de los coeficientes más altos en América Latina y el Caribe con 49.7 a lo corrido de 2020. Si bien se ha disminuido moderadamente en solo 1.8 puntos~(51.5 en 1990)~, es insuficiente frente a la atrofia estatal y las desviaciones sociales que esto ha implicado. En ese sentido, lo anterior, nos indica que no ha mejorado mucho la distribución del ingreso, consolidando la estructural pobreza, anteriormente descrita. Finalmente, es de anotar, que estos datos demuestran la inestabilidad del ingreso y el grado de inequidad en las distintas regiones del país, explicado desde la perspectiva de la desigualdad. Para soportar lo anterior, véase la tendencia histórica de la desigualdad e inequidad en Colombia, en una serie histórica comparativa. Gráfica No 1.

Adicional a lo anterior, algunas cartografías definen la estructura del coeficiente por departamentos y los niveles de pobreza multidimensional en el territorio a 2020. Nótese la evidencia de la relación entre la distribución del ingreso y la pobreza comparativa entre años 2018 a 2020. Los departamentos con mayor crecimiento en el Gini son los de mayor pobreza multidimensional. Algunos no presentaron datos y se ubican en escenarios de pobreza extrema tanto multidimensional como monetaria. Igualmente, los departamentos y municipios con mediana volatilidad en el Gini, presentan creciente pobreza y se ubican en el interior del país. Las dos costas (Caribe y Pacífica) presentan alto y creciente Gini como también alta y moderada pobreza, ver las cartografías.

¿Qué hacen los países, como cartilla, para enfrentar el problema de la desigualdad?: lo tradicional para aliviar el cerco de la desigualdad es cobrar más impuestos a quienes más tienen, una especie de tributación diferencial. Una especie de plan Robin Hood, cobrarles a los que más tienen para darles a los más pobres. Ello implica próximas reformas tributarias que se concentren donde esté el mayor nivel de ingreso y equilibre por estos años, su distribución y apoye socialmente el ahorro a los ciudadanos. Sin embargo, las últimas reformas tributarias presentan mayores exenciones a multinacionales y grandes empresas en Colombia. Lo cual podría repetirse para la actual, semejante despropósito en esta crisis, por ello esta medida debe ser aplazada y asumir rápidamente aumentos del gasto público vía créditos internacionales y emisión de títulos de deuda pública. Para finalizar es importante definir que los empréstitos y los recaudos diferidos de los tributos deben servir para surtir el gasto ocasionado por la pandemia y para apoyar a los más vulnerables. Sin embargo, la desigualdad crecerá por encima del 50% y en algunas regiones como la caribe se ubicará por encima del 70% en varios departamentos. Se requiere fortalecer los niveles de recaudo de las grandes empresas, con el fin de ayudar a cerrar la inmensa brecha fiscal que se abrirá en 2020. Igualmente, anota el estudio citado de Uniandes, que “tampoco sobraría acabar con tantas exenciones y deducciones en el sector empresarial, por cuenta de las cuales hay firmas que contribuyen poco junto a otras que pagan mucho”. *Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia.