Educación superior gratuita: medida estructural para destruir la desigualdad social, la exclusión y la inequidad en el largo plazo.

Por; Giovanni Argel Fuentes

 

  1. Desigualdades sociales, inestabilidad educacional y exclusión.

 

La desigualdad social es una situación o escenario de diferencias estructurales en la accesibilidad a derechos y beneficios entre clases sociales. Es el resultado de la configuración de problemas socioeconómicos en el territorio y fundamentalmente en la sociedad. Es una condición en la cual hay profundas distorsiones de accesibilidad y priorización sobre los recursos, los servicios, las formas de vida, los ingresos, la educación, la salud y seguridad ciudadana, entre otras variables; por parte de los menos favorecidos. Así las cosas, la desigualdad es un posición discriminatoria y excluyente de un individuo o una clase social hacia otro (a) debido a su posición política, social, económica, ideológica, religiosa, incluso frente a su sexo, raza, color de piel, personalidad, cultura, entre otros aspectos. En ese sentido es violatoria de la democracia participativa de los distintos actores sociales en las decisiones y distribución de los recursos para su bienestar.

 

La falta de humanismo y del legítimo cumplimiento de los deberes y derechos consagrados en las normas de una sociedad, genera estilos extremos de desigualdad social,  de hecho toman la forma de opresión y dominio sobre el actuar y los distintos modos y factores de producción. Es allí cuando se estructura la lucha de clases, la opresión y el exterminio del pensamiento diferente y diverso. Igualmente se correlaciona lo anterior con la aparición de la exclusión social, surgida específicamente de las diferencias entre el verdadero bienestar del individuo, es decir a lo que tiene derecho, y lo que el estado o la realidad manipulada por las clases mayoritarias y opulentas le definen o le dejan.

 

En ese sentido en el reciente concepto sobre epistemología de las virtudes o virtudes epistémicas, se considera que para eliminar las desigualdades es necesario fundamentar condiciones o elementos como la sabiduría, la comprensión intelectual sobre las necesidades del otro, la creatividad intelectual para afrontar y tejer acciones sociales que impulsen a superar la pobreza y la exclusión social y finalmente, por ejemplo, la sensibilidad y la objetividad por los problemas sociales de los que no tienen facilidades para el logro de su bienestar.

 

En esa diferencia de asumir la accesibilidad a los recursos y beneficios en la sociedad, la falta de solidaridad se vería como un componente de no ser sensibles y objetivos, ello aumenta el grado de desigualdad en las sociedades incipientes para este tipo de virtudes. Algunos filósofos indican que frente a este fenómeno lo que se impone es una escala de valores, es decir una jerarquía entre ellos que es asumida por las minorías sociales y la alta clase que tipifica el cumplimiento de unos principios y valores sobre otros. Es allí donde se concentra en su máxima expresión la desigualdad social, más allá del impacto de una situación simplemente económica.

 

Los problemas socioeconómicos como la pobreza, la informalidad, la inequidad salarial, el déficit de inversión pública, la inseguridad ciudadana, la desigualdad, la exclusión social sistémica y el bajo desarrollo humano, entre otros aspectos; se convierten en factores determinantes sobre que clases de desigualdad tiene una población.

En ese sentido, entre ellas podemos destacar: las desigualdades en el acceso a recursos económicos y presupuestales, desigualdad de oportunidades, desigualdades jurídicas, desigualdades territoriales, desigualdades político institucionales y desigualdades en accesibilidad a empleos dignos, entre otras tipologías.

 

Entre todas las tipologías de desigualdades, una de las más influyentes, en términos de sus consecuencias es la desigualdad educacional, generadora de pobreza y bajo desarrollo humano, entre múltiples consecuencias. La poca accesibilidad que poseen los niños en llegar a la educación en zonas rurales e incluso en las urbanas, las lamentables condiciones de infraestructura de la escuela pública en el territorio, las altas tasas de deserción de los jóvenes para vincularse a grupos al margen de la ley y los bajos rendimientos académicos de los estudiantes que llegan a acceder a la educación; son los rigores desbordantes de una desigualdad educativa dispar o distorsionada. Ello ocasiona disparidades en las oportunidades para la población, es demostrado que bajas tasas de escolaridad o analfabetismo estructural, deriva en pésimos empleos y peor aún, en desempleo friccional y por competencias inadecuadas. La tendencia es al atraso, los bajos salarios o la poca dignidad salarial, como a su vez el débil desarrollo humano; tal como se manifiesta en algunos países de América Latina y el Caribe (ALyC).

 

Esa distorsión en la educabilidad de la población, soportada en una pésima o escaza formación para el trabajo o para la sociedad que requiere salidas estructurales para el desarrollo; es precisamente lo que rompe la armonía sectorial y los principios de la igualdad y la equidad de oportunidades. El enriquecimiento de unos pocos a costa del resto de los ciudadanos es una apología a la destrucción de la democracia, pero especialmente concibe con mayor profundidad las brechas entre los más y los menos educados. Es de anotar que los altos niveles de informalidad en la mayoría de los países de ALyC en los últimos 10 años, se fundamentan en las brechas sociales generadas por la baja inversión social, alta pobreza, desempleo y la distribución inequitativa del ingreso. Estos determinantes se ocasionan linealmente por la baja escolaridad, las débiles bases en formación de punta y la precariedad en términos de desarrollo e innovación tecnológica.

 

Si revisamos los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), todos buscan un mundo sin desigualdades e injusticias sociales, pero destaquemos los objetivos: cuatro (Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida) y diez (Reducción de la desigualdad en y entre los países), están centrados en reducir las distorsiones o disparidades sociales, como a su vez en lograr el equilibrio radical entre las clases sociales desde la perspectiva de una mejor distribución de la riqueza y el alcance de mejores indicadores de calidad educacional en la población.

 

Frente al ODS número cuatro (4), la ONU en su último informe indica que “si bien durante la última década, se consiguieron grandes avances a la hora de ampliar el acceso a la educación y las tasas de matriculación en las escuelas en todos los niveles, especialmente para las niñas; aún se hace necesario ascender en cobertura y calidad. Alrededor de 260 millones de niños aún estaban fuera de la escuela en 2018; cerca de una quinta parte de la población mundial de ese grupo de edad. Además, más de la mitad de todos los niños y adolescentes de todo el mundo no están alcanzando los estándares mínimos de competencia en lectura y matemáticas”.

 

Igualmente anota la ONU, “…en 2020, a medida que la pandemia de la COVID-19 se propagaba por todo el planeta, la mayor parte de los países anunciaron el cierre temporal de las escuelas, lo que afectó a más del 91 % de los estudiantes en todo el mundo. En abril de 2020, cerca de 1600 millones de niños y jóvenes estaban fuera de la escuela. Igualmente, cerca de 369 millones de niños que dependen de los comedores escolares tuvieron que buscar otras fuentes de nutrición diaria…”. (https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/education/).

 

Si analizamos el ODS número 10; las naciones unidas, indican que “si bien ha cedido la desigualdad en algunas dimensiones, como la reducción de la desigualdad de ingresos en algunos países y el estatus comercial preferente que beneficia a los países de bajos ingresos, la desigualdad aún continúa.

 

La COVID-19 ha intensificado las desigualdades existentes y ha afectado más que nadie a los pobres y las comunidades más vulnerables. Ha sacado a la luz las desigualdades económicas y las frágiles redes de seguridad social que hacen que las comunidades vulnerables tengan que sufrir las consecuencias de la crisis.  Al mismo tiempo, las desigualdades sociales, políticas y económicas han amplificado los efectos de la pandemia.

En el frente económico, la pandemia de la COVID-19 ha aumentado significativamente el desempleo mundial y ha recortado drásticamente los ingresos de los trabajadores. https://www.un.org/sustainabledevelopment/es.

 

Si cruzamos las incidencias de las desigualdades frente a los bajos niveles de cobertura y calidad educacional, tal como se evidencian en los datos la ONU, aun en el mundo y en especial en ALyC; se manifiesta la urgente necesidad de implementar medidas tendientes a impactar, desde los gobiernos tanto nacionales como regionales, los problemas sociales subsecuentes como la inequidad, exclusión y pobreza que se derivan de lo explicado anteriormente. En ese sentido es importante sostener para efectos de garantizar educación de calidad, el fortalecimiento de un modelo de gratuidad o matricula cero sostenible a largo plazo.

 

2. La gratuidad en la matrícula en la educación superior: medida eficaz para alcanzar igualdad y aumento de cobertura educacional.

 

La experiencia internacional demuestra que la gratuidad, genera mayor igualdad en el acceso a la educación superior, pero por sí sola, no garantiza la equidad. Estudios demuestran que Francia y Argentina son ejemplos en este sentido. En ambos casos, las tasas de deserción son mucho más altas para los estudiantes pobres, quienes enfrentan déficits académicos y problemas económicos en su paso por la universidad, aunque la matricula sea gratuita. Seis (6) de cada 10 jóvenes desertan del sistema en estos países, por ejemplo. Por ello, una mayoría de países han implementado mecanismos para aumentar el acceso a la educación superior a estudiantes de bajos recursos y otros grupos desfavorecidos mediante becas, pero con algún gasto o pago por parte del estudiante. Marlon Lloyd, 2019; indica que apoyos como becas y préstamos altamente subsidiados, e igualmente políticas compensatorias son en esencia lo ofertado para elevar la tasa de matrícula y evitar la deserción estudiantil. Chile, por ejemplo, entre 2010-2014 redujo la tasa de interés para los préstamos estudiantiles para estudiantes pobres de 6% a 2%, en un intento por reducir la carga de la deuda estudiantil. El país después implementó la gratuidad para los 5 deciles más bajos, como parte de una estrategia focalizada en beneficio de los más necesitados, medida que logro elevar la justicia social y los niveles de formación equilibrada en el país. Otros ejemplos son, India, Malasia y Brasil, países que reservan lugares para estudiantes de grupos históricamente excluidos en la educación superior, mientras que muchas instituciones en Estados Unidos dan preferencia a esos grupos—sobre todo estudiantes afroamericanos e hispanos—en los procesos de admisión.

 

Si bien la educación gratuita se fundamentó y estructuró en la educación básica y media en la mayoría de los países de ALyC; no ha sido igual para la educación superior. En Colombia, por ejemplo, producto de los efectos de la pandemia las universidades tanto públicas como privadas decidieron durante 2020, reducir sus matrículas en algunos casos y en otros, ofertar completa gratuidad para los semestres académicos, específicamente las públicas.

 

Las dificultades financieras de las familias colombianas, las profundas desigualdades del ingreso y los elevados costos de las matriculas en la educación superior privada que sumado al creciente desempleo en el país durante la emergencia sanitaria y los confinamientos estrictos, provocaron el análisis del Ministerio de Educación Nacional entorno a la matrícula cero. A esta medida se sumaron las gobernaciones departamentales y las alcaldías municipales.

 

Sin lugar a dudas ayudó a fortalecer la educabilidad de los jóvenes que ya accedieron a sus respectivos cupos en las distintas universidades en el país, pero se evidencia para el presente semestre (I/2021), una disminución en los descuentos y ayudas sociales para tal fin.

 

El Ministerio de Educación Nacional anunció la continuidad del Fondo Solidario para la Educación, con el cual se les dio a todas las universidades públicas recursos adicionales para ayudar a financiar el valor de la matrícula de sus estudiantes durante el año 2020. Importante asistencia social que ayudará a reducir un poco la brecha educacional en este frente y se reflejará en los próximos años en la igualdad de oportunidades, tal como explicábamos en el primer capítulo.

 

Se hace esencial continuar y sostener el modelo entendiendo que la educación de calidad aparte de ser un derecho fundamental deje de ser un bien de consumo perentorio y se convierta sosteniblemente en un bien social común, gratuito y con alta accesibilidad. Colombia debe apostarle a una gratuidad plena de la matrícula de la educación superior gradualmente, continuar con el fondo asistencial de solidaridad y con el apoyo de las universidades y los entes territoriales.

 

Las siguientes universidades ya emprendieron este proceso y continuaran el presente semestre de 2021, algunas con matricula cero y otras con descuentos estratificados sobre la matricula: Universidad de Córdoba, Universidad de Antioquia, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Escuela Superior de Administración Pública-(Esap)

Universidad del Valle, Universidad del Tolima, Universidad de Cartagena, Universidad Industrial de Santander (UIS), entre otras.

 

Si el modelo de gratuidad de matrícula en las universidades públicas no continúa, la desigualdad en el país se concentrará y sostendrá, profundizándose los niveles de pobreza multidimensional como de empleo indignos asociados a mano de obra de poca formación. Véase los niveles de desigualdad, desde la distribución del ingreso en ALyC. (Tabla anexa).

Si bien se ha avanzado en reducir la desigualdad en los últimos 30 años, como indicábamos anteriormente, los avances han sido poco significativos, ello indica que las medidas deben ser más efectivas frente a este desempeño y dirigidas a la población que más lo necesita; especialmente en educación, accesibilidad, cobertura y calidad.

 

Para finalizar debo recordar las palabras del ilustre escritor Yuval Harari, historiador Israelí, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien afirma en su libro: “la tiranía del mérito: ¿que ha sido del bien común?”; “la igualdad es un bien común, no es diferenciador, es unificador, pienso que viene siendo hora de pasar de las descripciones de lo que está pasando para ahondar en las causas y en la forma de actuar para evitarlas, vale decir: ir más al fondo que a la superficie”. La desigualdad no espera para fragmentarla y eliminarla.

 

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