Indignación en Purísima: ¿Por qué quedó libre el conductor ebrio que causó la tragedia en Los Corrales?
La muerte de Jeremy Fuenmayor y las graves lesiones de su esposa, Caroline Ospino, no fueron suficientes para que la justicia dictara una medida de aseguramiento intramural contra el responsable. Mientras la comunidad del corregimiento de Los Corrales despide entre lágrimas al joven padre, el presunto causante de la tragedia, identificado como Jesús Polo Navarro, ya se encuentra en su hogar, desatando una ola de indignación en el departamento de Córdoba.
A pesar de los testimonios que ubican al conductor un docente de la zona consumiendo alcohol tras un partido de fútbol y de la evidencia del fatal impacto, la ley colombiana permitió su liberación inmediata. Bajo el marco del homicidio culposo, si el implicado no representa un «peligro de fuga» evidente y cuenta con seguros vigentes (SOAT y póliza todo riesgo), el sistema suele permitir que el proceso se surta en libertad.
Para los habitantes de Purísima, esta interpretación de la norma es una «bofetada» a la memoria de la víctima. «¿De qué sirve la ley si quien mata manejando borracho duerme en su casa mientras una bebé de ocho meses se queda sin padre?», cuestionan allegados a la familia.
Mientras Polo Navarro recuperaba su libertad en tiempo récord, la familia Fuenmayor enfrentaba un calvario adicional: demoras en la entrega del cuerpo por parte de Medicina Legal en Lorica. No fue sino hasta la noche del martes que pudieron recibir los restos de Jeremy para iniciar su velación.
Por otro lado, la situación de Caroline Ospino sigue siendo crítica. La joven madre permanece bajo pronóstico reservado, enfrentando el dolor físico de múltiples cirugías y el golpe psicológico de haber perdido a su compañero de vida.
¿Justicia o reparación económica?
El hecho de que el vehículo tuviera los seguros al día parece haber facilitado la libertad del conductor, bajo la premisa de una «eventual reparación económica». Sin embargo, para la comunidad, el caso no debe reducirse a una póliza de seguros. La exigencia es clara: una sanción penal ejemplar que castigue la irresponsabilidad de mezclar el licor con el volante, una conducta que en esta ocasión dejó a una lactante en la orfandad y a un pueblo sumido en la desconfianza hacia sus instituciones.
