En Concordia, Magdalena, el jueves no amaneció como los demás. Iris Paola Colón Polo había cumplido 30 años pocas horas antes y había compartido la fecha con los suyos. Al día siguiente, esa celebración quedó atrás.
La casa todavía olía a celebración cuando el jueves no amaneció como los demás. En Concordia, Magdalena, Iris Paola Colón Polo había cumplido 30 años pocas horas antes. Había compartido la fecha con los suyos, el brindis de un año más, la costumbre de quien llega a una cifra redonda creyendo que el día siguiente será igual de ordinario. No lo fue.
Durante la mañana del 1 de octubre, sus familiares notaron que no se había levantado como de costumbre. La espera se volvió inquietud y la inquietud, alarma. Entraron a su habitación. Iris Paola estaba allí, sin signos vitales.
La noticia recorrió el municipio con la crudeza de lo que nadie alcanza a preparar. Treinta años, un cumpleaños recién cerrado y, al otro lado de la misma noche, el hallazgo. Familiares, amigos y quienes la conocían recibieron el anuncio con un dolor que el pueblo resumió en una sola palabra: consternación. No por un final anunciado, sino por la cercanía entre la fiesta y el silencio.
Hasta ahora no hay una causa oficial de la muerte. Las autoridades adelantan los procedimientos de rigor para establecer qué ocurrió en esa habitación y en esas horas que separan la celebración del hallazgo. Mientras tanto, en Concordia el relato se sostiene en lo que sí se sabe: una mujer de 30 años, un cumpleaños compartido y una mañana en la que no se levantó.
Familiares y allegados lamentan la partida y acompañan a los suyos. En el municipio queda el contraste que más duele: la víspera, un año más de vida; al amanecer, la habitación en calma y una ausencia que nadie esperaba.
«Este artículo contó con la asistencia de IA para la recopilación de datos y estructuración de párrafos, bajo estricta revisión y edición editorial de un periodista»
