La Noche de la Undécima: Barranquilla se Funde en un Abrazo Eterno con su «Tiburón»

Barranquilla no durmió. Lo que comenzó como un murmullo de esperanza en Ibagué terminó convirtiéndose en un rugido ensordecedor que recorrió cada kilómetro de las carreteras del Atlántico. La undécima estrella del Junior no fue solo un título deportivo; fue el combustible de un carnaval anticipado que borró las fronteras entre la noche y el amanecer de este 17 de diciembre.
A diferencia de otras finales marcadas por el drama del último minuto, esta vez la hinchada pudo disfrutar de una superioridad técnica que permitió que la celebración se encendiera mucho antes del pitazo final. «A Junior se le respeta», era el grito de guerra que se escuchaba en las caravanas de motocicletas y vehículos que, como ríos de luces rojas y blancas, inundaron las arterias viales del departamento.
El epicentro de la euforia se trasladó al Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz en la madrugada. Allí, el avión que traía a los héroes de Ibagué fue recibido con el tradicional arco de agua de los bomberos, un bautizo de gloria para los nuevos monarcas del fútbol colombiano. Pero el verdadero termómetro de la pasión estaba afuera.
A las 2:00 de la mañana, mientras el resto del país descansaba, las inmediaciones del hotel Dann Carlton parecían el propio Estadio Metropolitano. Miles de almas, desafiando el cansancio y la brisa de la madrugada, se agolparon para ver de cerca el trofeo y a sus protagonistas. Rostros pintados, banderas al viento y cánticos incesantes crearon una atmósfera de júbico que solo el equipo «Tiburón» es capaz de provocar en la Puerta de Oro.
La magnitud del festejo ha desbordado todas las previsiones. En las calles, el clamor es uno solo: la solicitud formal al alcalde Alejandro Char para que declare día cívico. Los barranquilleros, entregados a la alegría de la undécima, reclaman el espacio para extender una fiesta que, según se siente en el ambiente, apenas está comenzando.
Con la copa en casa y una ciudad volcada a sus ídolos, Junior ratifica que es más que un club; es el corazón de una región que hoy, más que nunca, se siente orgullosa de su identidad.
