Magnífica Humanitas
Por: Jairo Miguel Torres Oviedo
Rector de la Universidad de Córdoba
Recientemente, el papa León XIV publicó su primera carta encíclica Magnífica Humanitas, la que hace referencia a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Esta encíclica marca y reafirma el pensamiento de la Iglesia católica centrado en la verdad, la difusión y defensa del mensaje cristiano en tiempos de turbulencia e incertidumbres. El papa plantea que la magnifica humanidad, que es una creación de Dios, se encuentra hoy ante un dilema decisivo: levantar una nueva Torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos.
En este orden, para el Papa León, cada generación hereda una historia diversa y plural; pero configura y define una forma a su propio tiempo; esa forma es una contribución, un aporte en la maduración de la historia; es decir, cada generación es responsable del presente que le corresponde vivir y asumir. La maduración de la historia es aprendizaje, memoria y conciencia que proteja, realice y dignifique la condición humana, a través de la promoción de la justicia y la fraternidad entre los seres humanos. En palabras del filósofo Levinas: «El otro puedo ser yo; yo me reflejo en el rostro del otro».
De acuerdo con lo anterior, el Papa centra gran parte de su mensaje en la reafirmación y defensa de la dignidad humana; en estos tiempos de guerras, superioridad racial, acumulación de riqueza, destrucción del medio ambiente, injusticias y desigualdades sociales aberrantes. Es a través de la realización de la dignidad humana, la forma como podemos madurar la historia; de no hacerlo, en palabras del Papa; damos paso a un mundo más inhumano e injusto y, con ello, el riesgo de que la humanidad pierda su rostro.
En este contexto, el papa León invita a asumir con lucidez y responsabilidad, los retos de nuestro tiempo, adoptando normas capaces de salvaguardar la justicia y contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico; aunque el tema en cuestión, no se limita a la regulación; sino a quién detenta ese poder tecnológico y qué fines lo orientan. Recordemos que en el pasado ese poder lo impulsaban y ostentaban los Estados; en cambio, hoy, son actores privados representados en grandes transnacionales con recursos y poder superior a los gobiernos y enfocados al control social, económico, político y cultural, desconociendo el bien común.
Por ello, la encíclica del Papa plantea la pregunta de cómo vivir con responsabilidad en la era de la inteligencia artificial. Para responder a esta pregunta, bastante abierta a la interpretación, el santo padre hace referencia a dos imágenes bíblicas: La construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. El relato de Babel se sitúa en los orígenes de la humanidad, inmediatamente después de las genealogías de los hijos de Noé. Los seres humanos, habiéndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre «cuya cúspide llegue hasta el cielo». Quieren así asegurarse estabilidad y poder, y, sobre todo, «perpetuarse un nombre». La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección; sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización.
Conforme a lo dicho, cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma, la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios.
Recordemos que, el libro de Nehemías comienza en un momento de gran vulnerabilidad en la historia del antiguo Israel. Tras el exilio babilónico, una parte del pueblo ha regresado a Jerusalén, pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas. Nehemías, un judío al servicio del rey persa Artajerjes, recibe la noticia del desastroso estado en que quedó la ciudad de sus padres. Pide permiso al rey para regresar a Jerusalén y, una vez allí, examina en silencio los lugares destruidos. No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones.
El relato muestra, cómo la ciudad renace, no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos, incluso antes que las piedras. En aquel tiempo, la antigua Jerusalén recupera así un lenguaje común; no el de la uniformidad, sino el de la comunión: la armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor.
En los tiempos que corren, la inteligencia artificial se ha convertido en una nueva Torre de Babel que controla y enajena; desconociendo la dignidad y el bien común. Estas referencias, permiten interpretar el momento político del país y el mundo determinado por torres de Babel que excluyen y niegan al otro por pensar diferente; la consecuencia es, una sociedad que no se integra y vive, totalmente dispersa.
