Libertad de prensa en Colombia: un periodista asesinado cada tres meses y medio
Pese a semejante arsenal de normas, el derecho a la libertad de prensa pervive en el país con fragilidad y amenazado. De acuerdo con un informe de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) enfocado en el año 2023, los funcionarios fueron “los principales agresores” contra medios y comunicadores. Documentó 460 casos de ataques dirigidos a 505 periodistas y reveló una situación preocupante para su labor en el país. Hay que decir también que la ONG encontró “incremento de las agresiones por parte de funcionarios a periodistas en los últimos tres años lo cual involucra los gobiernos de Iván Duque y Gustavo Petro.
El documento subrayó que, durante el año pasado, los servidores públicos, incluyendo al presidente Petro, estigmatizaron a la prensa por abordar temas relacionados con su gestión y las elecciones. Las agresiones físicas y verbales por parte de funcionarios se concentraron en Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca, con un total de 121 casos documentados. La amenaza fue la agresión más recurrente, con 158 casos reportados, aunque se observa una disminución en comparación con años anteriores.
A esto se suma la violencia de grupos armados ilegales, un factor al que la Flip atribuye 81 acciones intimidatorias registradas el año pasado en 20 departamentos del país. Esa violencia llegó al extremo en 2023 en casos como el asesinato del periodista Luis Gabriel Pereira, en Córdoba. Este año, a mediados de abril, también fue asesinado en Cúcuta el periodista Jamie Vásquez, y, antes de acabar el mes, se reportó la desaparición del comunicador Juan Alejandro Loaiza en Huila.
Todo esto se añade a la lista de la Flip de 164 periodistas asesinados en Colombia por su oficio desde 1977, lo que da una media aritmética, en estos últimos 47 años, de un comunicador muerto cada tres meses y medio.
La aterradora evidencia muestra que en Colombia la tolerancia de la que habló y por la que luchó Voltaire, y que se refiere al respeto por la opinión de los otros y por su derecho a difundir informaciones es una aspiración legítima intimidada, coartada. Lo haya dicho o no el pensador francés, sigue teniendo vigencia esa sentencia con fuerte carga moral, que aún guía a las democracias plenas en el mundo, según la cual la opinión de una persona y su derecho a expresarla tienen una dimensión comparable a la de la vida misma.
