¿POR QUÉ FICO Y RODRIGO?

Por: Marcos Daniel Pineda García

Colombia necesita un cambio, sí, es innegable y es el sentir de la inmensa mayoría de los colombianos, y me incluyo. A ocho días de la primera vuelta presidencial, el país está polarizado, en busca de alternativas que le permitan encontrar ese cambio tan anhelado.

Independientemente de ideologías y colores políticos, el gran reto que tenemos como país, más allá de implementar programas sociales y resolver los problemas macroeconómicos, es entender y sintonizar las necesidades reales que cada región de Colombia afronta, conectando con lo que cada colombiano necesita para mejorar su calidad de vida y con el sueño de construir un país que ofrezca más oportunidades para todos.

Conocí a Federico Gutiérrez y Rodrigo Lara, siendo alcaldes de nuestras respectivas ciudades durante el periodo 2016-2019. Juntos hicimos parte de Asocapitales y compartimos muchos escenarios representando a nuestras ciudades. Conozco de sus calidades profesionales, pero sobre todo, de sus cualidades humanas y esa es la esencia de un buen gobernante: ser buena persona y puedo dar fe que ambos, ¡sí que lo son!

Fico y Rodrigo entienden al ciudadano, porque han sido gobernantes de calle y cercanos a las comunidades, dispuestos a escuchar y a tener en cuenta los anhelos de todos en el proceso de construcción y consolidación de un territorio. ¡Ese es el verdadero cambio que necesitamos!

Soy un convencido que Colombia es un país de regiones, y su gran reto es conectarse con ellas, pero no menos importante es la corresponsabilidad entre los ciudadanos y la ciudadanía. Necesitamos un país que no solo genere derechos sino que también promueva deberes. Sería un error elegir un gobierno asistencialista, que solo se dedique a subsidiar para emperezar a una sociedad; el cambio está en impulsar el desarrollo económico a partir del emprendimiento, la creatividad, la innovación y el talento, para generar trabajo, bienestar y prosperidad.

Lo que está en juego en esta histórica coyuntura electoral, es la concepción ideológica de dos modelos de país totalmente distintos: por un lado, uno que promueve las libertades, la democracia, la defensa de las instituciones, la libre economía de mercado y la defensa de la propiedad privada, entre otros temas y por otro lado, un modelo basado en ideas que son un salto al vacío y nos conducirían al riesgo de imitar modelos ya fracasados como los de Venezuela, Nicaragua, Argentina y Perú.

La cuestión no es hablar mal de Petro o hablar bien de Fico, pero cómo podríamos confiar nuestro país a una persona que profesa un discurso de odio, resentimiento y división, si lo que nos urge es el amor, la empatía y la unidad. Cómo podríamos confiar nuestro país a un gobernante que no tiene a Dios en su corazón, si la fe es el cimiento sobre el que construimos la esperanza en un futuro mejor.

Defender un país no es responsabilidad exclusiva de los políticos, por eso, invito a todos los colombianos a que el próximo domingo salgamos a las urnas a cerrar filas para defender no un nombre o un partido, sino el futuro de toda una nación.

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