Por tercera vez, delincuentes asaltan la misma vivienda en el barrio Campo Alegre, de Montería
La inseguridad en la margen izquierda de Montería parece no dar tregua, ensañándose de manera particular con una vivienda del barrio Campo Alegre. En la madrugada del domingo, lo que debía ser un descanso tranquilo se transformó en una pesadilla cuando una familia fue sometida por la delincuencia por tercera ocasión, dejando un saldo de terror y pérdidas materiales.
Eran cerca de la 1:00 a.m. cuando el silencio del sector se rompió para los habitantes de un inmueble bajo la jurisdicción del CAI Segundo Centenario. Según los reportes, los criminales saltaron la reja perimetral y aprovecharon la vulnerabilidad de una ventana sin protectores para irrumpir en la propiedad.
Una vez dentro, la sevicia de los asaltantes quedó de manifiesto: amordazaron a una adulta mayor y a otro miembro de la familia, reduciéndolos mediante la fuerza mientras registraban cada rincón de la casa.
El botín: los sueños de universitarios
El robo no solo afectó el patrimonio familiar, sino también el futuro académico de los jóvenes que residen en la vivienda. Los delincuentes se ensañaron con los equipos de cómputo y pertenencias de valor de varios estudiantes universitarios, herramientas esenciales para su formación que hoy están en manos de la criminalidad.
«No es solo lo que se llevan, es el miedo que dejan. Es la tercera vez que entran a esta misma casa, ya no sabemos cómo protegernos», manifestaron vecinos consternados por la frecuencia de los ataques.
La comunidad de Campo Alegre ha alzado su voz ante la alarmante falta de garantías de seguridad. El hecho de que una misma vivienda haya sido blanco de tres atracos evidencia, según los residentes, una zona «marcada» por los delincuentes y una respuesta policial insuficiente.
Ante la gravedad de los hechos, los habitantes exigen a las autoridades:
Patrullajes constantes y no solo trasbordos de turno.
Operativos de verificación de antecedentes en puntos críticos del barrio.
Mayor presencia de cuadrantes durante las horas de la madrugada.
Por ahora, las víctimas intentan asimilar el trauma de una noche de amordazamiento, mientras la comunidad espera que esta tercera incursión delictiva sea la última y no el preludio de una tragedia mayor.
