Posverdad en los tiempos que corren

 

Por: Jairo Torres Oviedo 

Rector de la Universidad de Córdoba 

Transitamos tiempos de incertidumbres, verdades y ficciones; definida como una era de posverdad caracterizada por discursos y narrativas que crean nuevas realidades que defienden y/o rechazan verdades y mentira; que tienen un poder que depende de creer en ello. Como bien lo define Yuval Noah Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI; los humanos siempre han vivido en la era de la posverdad. “Desde la edad de piedra hemos construido mitos para integrar y cohesionar la existencia en comunidad y regular el orden social; el Homo Sapiens conquistó este planeta, gracias, sobre todo a la capacidad distintivamente humana de crear y difundir ficciones”.

Somos la única especie que puede inventar relatos de ficción, difundirlos y convencer a millones de personas para que crean en ellos.

Lo anterior ha sido una constante en el discurrir de la humanidad; desde tiempos pretéritos, hasta los actuales. Los líquidos tiempos modernos, nos sitúan en nuevas formas de concebir la realidad, frente a medios de comunicación utilizados como nuevos difusores de Posverdad; el predominio de Facebook, Instagram, Twitter y líderes mundiales en lo político y religiosos; creando realidades desde relatos y narrativas para justificar una guerra, proteger el medio ambiente, legitimar dictaduras, defender la democracia, hacer apología a un caudillo, destruir personas e instituciones; en fin, la narrativa de los grandes medios influyen en la mentalidad y formas de pensar para construir dioses, demonios, y hacer que la sociedad esté dividida entre buenos y malos. El poder de influencia permite que amplios sectores sociales, indistintamente a la posición social y nivel de formación, los siguen reverencial y dogmáticamente. Presenciamos verdades del poder de la Posverdad y nadie cuestiona, sino que repite.

Podemos mencionar algunos ejemplos prácticos sobre la posverdad; en el ámbito religioso, los cristianos no se atreven a cuestionar la verdad de los hechos narrados en la biblia; igualmente, los musulmanes sobre el Corán y en los distintos libros religiosos; millones de personas en el mundo a lo largo de miles de años han creído en estas narrativas religiosas; por ello, muchas noticias falsas duran para siempre. En lo transcurrido del breve y violento siglo XX encontramos casos de grandes metarrelatos que encarnan mentiras convertidas en verdad; los regímenes Nazi y Soviético construidos sobre una fuerte maquinaria mediática, que logró ocultar las atrocidades de los campos de concentración y proyectar al mundo una imagen civilizada; aún siguen imperando estos relatos políticos y religiosos con capacidad de convencer y crear verdades legitimadas en aceptación social; dispuestas a defender, hasta con la propia existencia, una conducta fanática, donde la reflexión y la racionalidad no tiene espacio. Hemos desplazado el logos, la norma y la dignidad humana, las tres grandes ideas con que pensamos la cultura occidental.

En este contexto de Posverdades, construimos una nueva concepción de democracia y debate político marcado por la ausencia de reconocimiento y respeto hacia el otro; creando un escenario de mutua satanización. Vivimos tiempos de incertidumbres fabricadas de relatos, narrativas y ficciones que tienen como finalidad controlar la subjetividad, e imponer nuevos discursos sobre la verdad; en particular, en estos tiempos de consumismo, hedonismo y narcisismo; que abarca y construye una nueva comprensión del mundo.