REFORMA A LA SALUD SÍ, PERO NO ASÍ

 

Por: Marcos Daniel Pineda García

Colombia debe avanzar hacia un mejor sistema de salud. No tenemos un modelo perfecto, hay muchísimas falencias y estoy de acuerdo con que se haga una Reforma a la Salud, es más, me parece oportuna, con lo que no estoy de acuerdo es el texto de reforma que plantea el Gobierno nacional.

Nuestra preocupación es técnica, no política. Se necesita diálogo y concertación para sacar una reforma que no atente contra el sistema de salud y que realmente optimice la prestación del servicio a los usuarios. Les quiero resumir en cinco puntos, lo que me parece una amenaza dentro de la Reforma a la Salud y que a todas luces debemos analizar a profundidad, antes de que resulte el remedio peor que la enfermedad.

El primer punto, es el riesgo de la sostenibilidad fiscal del sistema de salud. El texto propone una red abierta, es decir, un paciente puede ser atendido por cualquier operador sin contratación previa y el servicio se cobra a la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Adres). Los recursos para la salud son finitos y si se empieza a facturar indiscriminadamente a la Adres, eventualmente sería imposible sostener gel sistema. Además, utilizarían los servicios los usuarios que hayan tenido apropiada pedagogía al respecto, lo que aumentaría la brecha de desigualdad entre el sistema de salud en las grandes ciudades y las zonas dispersas donde no hay acceso a la información.

En segundo lugar, la sobrecarga de funciones a los Centros de Atención Primaria (CAP), que propone crear la reforma. Los centros médicos y hospitales de primer nivel que operan actualmente en Colombia, se convertirían en CAP. No solo tendrían funciones de prestación del servicio, sino también de administración y gestión de recursos. Imagínense un CAP en el sur de Córdoba, en la Orinoquía o en la Depresión Momposina administrando recursos de salud, sin capacidad logística y operativa, sin internet y sin personal suficiente… ¡va a colapsar el sistema!

El tercer punto con el que no estamos de acuerdo, es que el proyecto desconoce el principio de la descentralización en Colombia. Todo se concentra en el Ministerio de Salud, desde un escritorio en Bogotá se decidiría quién presta determinado servicio en cada rincón del país. Eso, en mi opinión, es retroceder una vida, porque lo que necesitamos es empoderar a los entes territoriales en las regiones, que son los que realmente conocen las dinámicas locales, sin mencionar que va en contra de la eficiencia administrativa del sistema.

El cuarto punto con el que no estamos de acuerdo, es la fragmentación de la atención médica. Hoy, una clínica u hospital presta servicios integrales de diagnóstico, laboratorio, tratamiento, cirugía y rehabilitación. La reforma del Gobierno plantea redes independientes para cada servicio de salud que se preste, ¡esto es absurdo! Fácilmente, podría terminar en el famoso “paseo de la muerte”. Como si fuera poco, se acabaría el derecho que hoy tenemos todos los colombianos a escoger nuestro asegurador y prestador de servicios de salud; el proyecto obliga a que cada usuario sea atendido por el CAP más cercano a su residencia.

Nuestra quinta preocupación, es el tema de los medicamentos. El texto especifica que los únicos expendedores autorizados para dispensar los medicamentos en el país serían los CAP, es decir, se desestimularían las 22 mil droguerías de barrio que existen en Colombia. Estamos hablando de 100 mil empleos que correrían el peligro de desaparecer.

Somos un país de regiones, no me cansaré de decirlo, y por eso debemos conocer las particularidades de cada territorio para poder avanzar. No se trata de radicalismos políticos, sino ser conscientes de que esta es una reforma sensible, con implicaciones sociales riesgosas y hay que sacarla lo mejor posible, sin poner en peligro el sistema de salud y pensando siempre en la vida y el bienestar de los usuarios.