Abrazos y sonrisas: la emotiva jornada de la Policía y voluntarios con los adultos mayores en Furatena

En el barrio Furatena de Montería, 20 adultos mayores vivieron una jornada diferente. El Templo Comedor Santa Teresa de Calcuta se convirtió en un punto de encuentro donde la oración, las sonrisas y las historias compartidas fueron protagonistas.

Hasta allí llegaron las tigresas de la patria, moviéndose con el corazón, la Policía Nacional a través de la Policía Metropolitana San Jerónimo de Montería, uniformados y ciudadanos particulares, para regalar algo que no se puede medir: tiempo, compañía y afecto.

A esta iniciativa también se sumaron el empresario Omar Molina, quienes hicieron parte de este encuentro y aportaron con su presencia a una jornada pensada para compartir, acompañar y brindar un momento especial a los adultos mayores.

La jornada comenzó con un espacio de animación, recreación, oración y poco a poco se transformó en una experiencia de integración. Hubo conversaciones, momentos de alegría, reflexión, bailes y muchas sonrisas. Este encuentro permitió conocer un poco más de quienes, con sus años de vida, llevan consigo historias, aprendizajes y recuerdos que hacen parte de la memoria de sus familias y de la comunidad.

Para la Policía, este tipo de espacios representan una manera distinta de acercarse a la ciudadanía. No se trata solamente de estar presentes, sino de estar cerca; de reconocer que detrás de cada rostro hay una historia y que cada adulto mayor merece sentirse escuchado, respetado y valorado.

El comandante de la Policía Metropolitana San Jerónimo de Montería, coronel Héctor Ruiz Arias, ha destacado la importancia de continuar fortaleciendo estos encuentros, que permiten estrechar los vínculos con la comunidad y recordarles a los adultos mayores que cuentan con una institución cercana y comprometida con su bienestar.

Y quizás esa fue una de las enseñanzas más bonitas de esta jornada: que la cercanía también transforma.

Los policías, voluntarios y ciudadanos que llegaron para compartir terminaron llevándose consigo mucho más de lo que esperaban. Se llevaron historias, sonrisas, palabras de gratitud y la certeza de que servir a los demás también significa aprender de ellos.

En Furatena no solo se compartió una jornada de integración. Se construyeron recuerdos y se tejieron nuevos lazos de solidaridad.

Porque los años traen consigo experiencia y sabiduría, pero sentirse acompañado, escuchado y querido sigue siendo una necesidad que no tiene edad.

Y allí, entre oraciones, conversaciones y sonrisas, la Policía Nacional volvió a recordar que su misión también se construye desde lo más sencillo: estar presentes, escuchar y servir con el corazón.