Catalina Giraldo muere por eutanasia tras librar una batalla legal para que se le permitiera el suicidio asistido por trastornos de salud mental

Catalina Giraldo Silva, una psicóloga de 31 años, falleció el pasado 9 de julio en una clínica de Bogotá tras acceder al procedimiento de la eutanasia. Su caso representa un precedente histórico y jurídico sin parangón en Colombia, al ser la primera mujer en librar una intensa batalla legal para reclamar el derecho a una muerte digna motivada por padecimientos de salud mental.

 Desde el año 2020, Catalina vivió bajo un doloroso y permanente sufrimiento psíquico que persistió a pesar de haber recibido más de 40 esquemas farmacológicos, nueve hospitalizaciones psiquiátricas y tres ciclos de terapia electroconvulsiva. A pesar de cumplir con los criterios de tener una enfermedad incurable que vulneraba su bienestar y de manifestar un consentimiento libre e informado, las trabas del sistema de salud le impidieron cumplir su verdadera voluntad.

​Durante más de diez meses, la joven interpuso diversos recursos legales ante su EPS para acceder a la Asistencia Médica al Suicidio (AMS), un mecanismo despenalizado por la Corte Constitucional en 2022 que le habría permitido ser ella misma quien se administrara el medicamento bajo estricta supervisión médica. No obstante, ante la falta de regulación de esta práctica, las constantes evasivas de las instituciones de salud y una larga espera sin respuestas por parte de la Corte Constitucional, Catalina tuvo que recurrir a la eutanasia como la única alternativa disponible para poner fin a su dolor.

Desde el Laboratorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DescLab), colectivo que acompañó su proceso, lamentaron profundamente que la inacción del Estado obligara a la psicóloga a renunciar al método de muerte digna que deseaba de manera autónoma. Aunque la vida de Catalina se apagó, la cruzada jurídica que lideró continúa activa en los tribunales con el fin de obligar al Gobierno a reglamentar la asistencia médica al suicidio y evitar que otras personas en condiciones similares queden desamparadas ante el sufrimiento.