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Sin indemnizar siguen las víctimas de Mejor Esquina a los 38 años de la masacre de 28 personas

Por Domingo Cogollo Narváez

(Crónica)

Como la mayoría de las femeninas cordobesas, doña María Elena Sáez Martínez, es una mujer ‘de armas tomar’. Cuando fue entrevistada vía celular, este Viernes Santo 3 de abril a las 7:20 de la mañana, se escuchaba el mugido de las vacas en el corral cuando ordeñaba.

Y es que, a sus 59 años, cuando se levanta temprano todos los días, prepara una taza de café bien caliente. Luego se dirige al corral para ordeñar las ocho vacas que tiene en su predio ubicado en las afueras de Mejor Esquina, donde hace 38 años mataron a 28 personas.

Después le toca despachar la leche a los vecinos que van a comprar, hacer el desayuno, el aseo de la casa, el almuerzo y la cena. Además, de lavar todos los platos, si llega alguien a quien le brinde comida. También le corresponde lavar la ropa. Mejor dicho, tiene que multiplicarse por mil.

La señora María Elena expresa casi con rabia y dolor, que ninguna de las víctimas de la masacre de Mejor Esquina, ha sido indemnizada por parte del Estado. “Sin embargo, hay otras personas que se han hecho pasar como víctimas, las cuales han sido indemnizadas sin merecerlo”, reitera.

Explica que no sabe cómo ocurre esa situación, en una sociedad donde debe haber respeto por las demás personas. Tampoco puede creer que haya individuos de mal corazón y malas intenciones, que se hacen pasar como víctimas, para ‘ganar indulgencias con camándulas ajenas’.

Pero a los 38 años de la masacre de Mejor Esquina son muy pocas las obras que le han hecho a la población que todavía sigue olvidada por parte de las autoridades competentes. Solo han construido unos pedacitos de placa huella a la entrada de la población.

Como si fuera poco, la Gobernación de Córdoba autorizó la construcción de un polideportivo en la localidad. Pero, a pesar de que lo empezaron en noviembre pasado, y debían hacerlo en tres meses, la obra está a medias en estos momentos.

Este Viernes Santo, 3 de abril, pensaron que las autoridades iban a realizar alguna actividad, con motivo de la conmemoración de los 38 años de la terrible matanza. Pero nadie se acordó de ello. “A lo mejor lo dejaron para el 9 de abril que es el Día de las Víctimas”, sentenció la entrevistada.

Doña María Elena relata que esa matanza, sucedida el 3 de abril de 1988, un domingo resucitado, fue algo triste y muy fuerte para los habitantes del corregimiento Mejor Esquina municipio de Buenavista, en la subregión del San Jorge, al suroriente de Córdoba.

Recuerda que ella tenía 21 años y estaba embarazada de cinco meses. Ese día, a las 9:45 minutos de la noche, cuando ya la fiesta patronal del pueblo estaba bien prendida, observaron que se asomaban a lo lejos las luces de un vehículo. La festividad era a la entrada de la población.

Fue entonces, cuando demostrando sus características de líder, Tomás Berrío Wilches, profesor del pueblo, salió a ver de qué automotor se trataba y quienes eran los ocupantes. Pues pensaron que eran algunas personas que llegaban a divertirse en la localidad.

Los hombres del vehículo, quienes estaban armados hasta los dientes, con fusiles, no esperaron siquiera que el docente los saludara. De inmediato le dispararon siendo el primer muerto en ese lamentable hecho.

Cuando se escuchó el estrépito de los primeros disparos, la gente salió en estampida y comenzó a huir para tratar de salvar la vida. “Pero los hombres armados fueron disparando en forma indiscriminada contra todos los que estaban en los mencionados festejos”, advierte, la señora María Elena.

Como resultado: hubo 28 personas masacradas y 17 heridas, las cuales gracias a Dios se salvaron estas últimas. Cuentan habitantes de la región, que en esa localidad no había pasado algo tan horrible, ni siquiera en las épocas de las peleas violentas entre liberales y conservadores de los años 30, 40 y 50.

Quizás para despistar un poco, las acciones se las atribuyó el grupo ‘Los Magníficos’, que no era otro que ‘Los Tangueros’ de las autodefensas que dirigía el jefe paramilitar Fidel Castaño Gil. Tenían sede en la hacienda Las Tangas, corregimiento de Villanueva, municipio de Valencia.

El argumento de los atacantes, fue que en el lugar estaban algunos simpatizantes del Ejército Popular de Liberación (EPL), que en esos tiempos delinquía en el departamento de Córdoba. Ese grupo se desmovilizó el primero de marzo de 1991.

Los familiares de las víctimas de Mejor Esquina, en Buenavista, siguen esperando ser indemnizadas algún día por parte del Estado, y que a la vez, les construyan obras a esa población, que continúa abandonada como la mayoría de las localidades rurales de Córdoba.

 

 

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“No mató a un animalito”: El grito de una madre que sacudió a Colombia y hoy resuena en Ciénaga de Oro

Hay frases que se clavan en la memoria colectiva porque logran resumir, en pocas palabras, un dolor que es inabarcable. “No mató a un animalito… mató a mi hija”, fue el desgarrador lamento de Yolanda, la madre de Tatiana Arroyo Paternina, una joven cuya vida fue segada en abril de 2023. Hoy, mientras el caso vuelve a ser centro de conversación tras los recientes hechos de orden público en el municipio de Ciénaga de Oro, el clamor de esta madre sigue siendo el espejo de la impotencia frente al feminicidio.

Un duelo marcado por la impunidad

Para Yolanda, el luto no ha sido un proceso silencioso, sino una batalla pública contra el olvido. Su testimonio, que superó los 4 millones de reproducciones en plataformas digitales, desnudó las fallas de un sistema que permitió que el presunto agresor caminara por las mismas calles que la familia de la víctima. “Sentía que el dolor se multiplicaba cada vez que lo veía afuera”, recuerda Yolanda, describiendo una revictimización que sufren cientos de mujeres en el departamento de Córdoba.

El caso de Tatiana Arroyo dejó de ser un expediente judicial para convertirse en una bandera de lucha en Ciénaga de Oro. La comunidad, que se volcó en apoyo a Yolanda, ha transformado la tragedia en foros y jornadas de sensibilización. El objetivo es claro: que el sistema de justicia no sea reactivo, sino preventivo, y que las rutas de atención para mujeres en riesgo dejen de ser simples documentos en un escritorio.

A pesar de la frustración por las demoras procesales y la sensación de una justicia que llega tarde, Yolanda no ha bajado la guardia. Su voz se ha convertido en el soporte de otras familias que atraviesan tragedias similares. En las esquinas de Ciénaga de Oro, el nombre de Tatiana sigue vivo, no solo como el recuerdo de una hija perdida, sino como el recordatorio de que la dignidad humana no admite excepciones.

Este relato de lucha cobra hoy una relevancia inusitada tras confirmarse la muerte de Anselmo de Jesús Villero Pinedo, alias «Pata e’ Guama”, señalado y condenado a 41 años de prisión por el feminicidio de Tatiana.

Los hechos ocurrieron en el sector de El Papayo, en la vía que conecta a Sahagún con Ciénaga de Oro, donde Villero fue interceptado por sujetos armados. Tras recibir al menos cinco impactos de bala e intentar huir por una zona boscosa, donde minutos después fue hallado sin vida.

La muerte del agresor ocurre en un escenario de profunda controversia, pues a pesar de existir una condena en su contra, Villero Pinedo se encontraba en libertad debido a que la orden de captura no se había hecho efectiva. El desenlace violento cierra el historial criminal del victimario, pero deja abierta la herida de una justicia institucional que, para la familia de Tatiana, nunca llegó a tiempo por las vías legales.

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Cadena humana en las selvas del Putumayo: El pueblo de Puerto Leguízamo que arrebató a los soldados de las llamas

Eran las 9:50 de la mañana de este lunes 23 de marzo cuando el rugido del avión Hércules C-130 se transformó en un estruendo que sacudió la selva. La aeronave, que transportaba a 125 personas, no logró elevarse tras el despegue y cayó a 1,5 kilómetros del aeródromo. Según relata EL PAÍS, el aparato se estrelló en la finca de un campesino, desatando un incendio inmediato en medio de la vegetación.

Baldes de agua contra el fuego y la munición

Antes de que los organismos oficiales pudieran reaccionar, la población civil se convirtió en la primera línea de defensa. Testigos narraron a EL PAÍS cómo se formó una cadena humana espontánea donde los vecinos se sumergieron en charcas de criaderos de peces para llenar baldes. «¡Agua, agua! ¡Necesito agua!», era el grito que unificaba a civiles y militares, mientras de fondo se oía la detonación de las municiones transportadas por la tropa, un detalle confirmado por el ministro de Defensa en su cuenta de X.

El periodista local Hermilson Fajardo, del medio La Voz de Amazonia* describió para la crudeza del momento: «Quedaron muchos militares regados donde el avión se desbarató… era horrible mirar allí». Fajardo relató cómo saltó de su cama al escuchar el impacto para unirse al «pelotón de conocidos» que corría al rescate.

La solidaridad civil suplió las carencias técnicas. Decenas de habitantes utilizaron sus motocicletas como ambulancias improvisadas para trasladar a los sobrevivientes. Sin embargo, este esfuerzo chocó con la realidad hospitalaria de la zona. En declaraciones a Caracol Radio, el alcalde de Puerto Leguízamo, Luis Emilio Bustos, advirtió sobre la extrema limitación de recursos: «Este es solo un dispensario naval muy pequeño, y el otro es un hospital local de primer nivel sin sala de cirugía ni especialistas».

Mientras la gobernación regional elevó a ocho la cifra de fallecidos en sus reportes a EL TIEMPO, el presidente Gustavo Petro utilizó sus redes sociales para exaltar la labor de la comunidad. «Es el pueblo del Putumayo quienes los salvaron de la muerte… llevaron agua y amor a los muchachos», afirmó el mandatario, destacando que gracias a esta intervención hay al menos 83 militares jóvenes con vida.

A esta hora, el Hospital Militar Central (HOMIL) en Bogotá ha confirmado a través de sus canales oficiales el ingreso de los primeros pacientes críticos, quienes reciben atención multidisciplinaria tras ser evacuados en vuelos medicalizados desde la zona del desastre.

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!Una historia de amor y dolor! La madre que compaña a su hija en el trámite de solicitud para suicidio asistido.

¡Conmoción en Colombia!
Noticias Caracol reveló el caso de una mujer con trastornos mentales que le solicitó al sistema de salud que le permita la muerte digna. No a través de la eutanasia sino de la figura del suicidio medicamente asistido. Su petición fue negada por su EPS porque este procedimiento no ha sido regulado.
De acuerdo a Noticias Caracol, Catalina Giraldo Silva emprendió una batalla legal contra su EPS, para que le ayuden con una muerte digna.
La historia que narra Noticias Caracol indica que Catalina Giraldo Silva es psicóloga, tiene 30 años y le duele respirar.
Lleva más de media vida lidiando con una tristeza sin tregua que la consumió por dentro. Como si una nube propia descargara sobre ella la borrasca todo el tiempo. «Es como una sensación de vacío con la vida, como que no hay sentido, que hay algo como que está mal.
Yo ese vacío lo siento físicamente, lo siento en mi pecho y me duele», relata Catalina, quien dice que la hiere vivir, que es una tortura abrir los ojos cada mañana.

Su madre asegura que, tras años de ver el sufrimiento de su hija por graves trastornos mentales, decidió acompañarla en su solicitud para acceder a este procedimiento.

El caso de Catalina Giraldo Silva, la psicóloga de 30 años que busca acceder al suicidio médicamente asistido en Colombia por graves trastornos mentales, ha generado un intenso debate en el país. Sin embargo, una de las voces que más ha conmovido en esta historia es la de su madre, María Ángela Silva, quien asegura que, pese al dolor que implica, acompaña la decisión de su hija después de años de presenciar su sufrimiento.

“Yo no puedo concebir la vida de Cata como hoy. Eso no es vida para ella, ella no está viviendo dignamente”, afirmó la mujer en una entrevista, al referirse a las dificultades que su hija ha enfrentado durante años a causa de sus trastornos de salud mental.

Según relató, ha sido testigo del deterioro de Catalina desde la adolescencia y de los múltiples intentos por encontrar un tratamiento que le permita mejorar su calidad de vida. Para ella, ver a su hija atravesar ese dolor constante ha sido una experiencia profundamente difícil.

“Yo no puedo vivir feliz viendo sufrir a una hija”, expresó. “Ella está haciendo todo lo posible para que yo sea feliz y ella está sufriendo”.

María Ángela asegura que acompañar a su hija en la decisión que ha tomado es, para ella, una forma de amor. “¿Cómo no voy a acompañar a mi hija a partir cuando su vida físicamente le es imposible vivir un día sin sufrimiento, cuando yo la ayudé a llegar a este planeta?”, dijo.

Aunque reconoce que aceptar esa posibilidad es doloroso, afirma que su prioridad es que Catalina deje de sufrir. Al mismo tiempo, no pierde completamente la esperanza de que algo cambie.

“Yo estoy tomando una decisión de acompañar a mi hija, pero eso no quiere decir que no quiera que pase un milagro”, señaló.

Mientras el caso avanza en la justicia, la madre sostiene que estará al lado de su hija en cualquier escenario. “Si me lo permiten, yo le sostendré una mano y con la otra ella tendrá que tomar su decisión”, afirmó.

La historia de Catalina ha abierto un debate inédito en Colombia sobre el derecho a morir dignamente en casos de trastornos mentales. La mujer fue diagnosticada con trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad.

De acuerdo con su testimonio, durante años ha intentado distintos tratamientos psiquiátricos y psicológicos sin lograr una mejoría significativa. Ha pasado por nueve hospitalizaciones psiquiátricas, tres ciclos de terapia electroconvulsiva y más de 40 esquemas farmacológicos.

Tras ese largo recorrido médico, en octubre de 2025 solicitó a su EPS, Sanitas, acceder al suicidio médicamente asistido, un procedimiento en el que el médico proporciona el medicamento para poner fin a la vida, pero es el propio paciente quien lo administra.

Sin embargo, la solicitud fue negada debido a que esta práctica aún no cuenta con una reglamentación clara en Colombia, pese a que la Corte Constitucional la despenalizó en 2022.

Ante esta situación, Catalina interpuso una acción de tutela con el objetivo de que su caso sea estudiado y se establezcan reglas claras para aplicar este procedimiento en el sistema de salud.

Mientras espera la decisión de la justicia, su madre insiste en que seguirá acompañándola. Para ella, más allá del debate jurídico o ético, lo que pesa es el sufrimiento que ha visto en su hija durante años y el deseo de que, de una u otra forma, ese dolor termine.
Fuente: Noticias Caracol

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Un abrazo de esperanza: El emotivo recibimiento de la comunidad de Loma Verde al alcalde Hugo Kerguelén tras llegar con ayudas humanitarias

​Hay momentos en los que una cifra no alcanza a explicar la magnitud de una emergencia, pero un gesto sí. En el corregimiento de Loma Verde, el sonido del helicóptero de la Policía Nacional no solo anunció la llegada de suministros; para cientos de familias incomunicadas por las inundaciones, fue el sonido del retorno de la esperanza.

​Al descender de la aeronave, el alcalde Hugo Kerguelén García no fue recibido con protocolos, sino con abrazos cargados de gratitud. Las imágenes capturan el sentimiento de una comunidad que, tras días de aislamiento y lucha contra el agua, finalmente sintió el respaldo de su administración.

​Más que suministros, presencia
​Mientras se descargaban los kits de aseo, el agua potable y los alimentos de primera necesidad, las escenas de afecto se multiplicaban. Los habitantes, con sonrisas que contrastan con la dureza de la emergencia, rodearon al mandatario en un gesto de alivio colectivo.

​Debido a que el frente frío dejó las vías terrestres de Loma Verde completamente intransitables, este puente aéreo se convirtió en la única vía de salvación. La felicidad visible en los rostros de niños y adultos al ver las cajas de ayuda refleja el valor de la presencia institucional en las zonas más apartadas.

​La Alcaldía de Montería ratificó que, mientras persista la emergencia y el aislamiento, el cielo seguirá siendo el camino para asegurar que el bienestar llegue a cada hogar afectado, recordando que, en medio de la tragedia, la solidaridad es el motor que mantiene en pie a la zona rural.

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Kimy Pernía Domicó, el indígena que pagó con su vida, la construcción de Urrá

Siempre que se registran grandes inundaciones por las crecientes del río Sinú, se trae a colación la conveniencia o no de la construcción de central hidroeléctrica Urrá I. Y como es obvio, no puede faltar la mención del nombre de Kimy Pernía Domicó, indígena de los Embera-Katío.
Pernía Domicó fue uno de los líderes nativos que mayor contradicción expuso sobre la construcción de la obra. Y fue tan alto el tono de voy que levantó, que, lo llevó a pagar con su vida la construcción de la presa.

Fue uno de los miembros de la etnia, que se opuso a la construcción de la mencionada hidroeléctrica en el sitio La Angostura de Urrá a 30 kilómetros al sur del municipio de Tierralta, al extremo sur de Córdoba.
Por eso, el aborigen fue amenazado y posteriormente asesinado. Lo mismo ocurrió con otro grupo de nativos residentes en el Alto Sinú, los cuales estaban en contra del levantamiento de la generadora de energía, que anegó cerca de 8 mil hectáreas.

El dirigente de los Embera-Katío fue secuestrado y desaparecido el dos de junio de 2001 por parte de los grupos paramilitares que en esa época dirigía Carlos Castaño Gil con el apoyo de Salvatore Mancuso Gómez. El cadáver fue arrojado al río Sinú.
Para los Emberá Katío había que conservar la naturaleza, tener tierras para cultivar, y de esa forma poder sobrevivir, según el mandato del dios Karagabí. Asimismo, decían que ellos no necesitaban energía, ya que existía la luz del día para trabajar y la noche para descansar.

Ante el anuncio del gobierno de la época (años 80), que quisieron reconocer el desalojo de los aborígenes con recursos económicos, para que permitieran la construcción de la presa. Los nativos respondieron que ellos, no necesitaban dinero, lo que querían eran las tierras para cultivar y de manera poder tener riqueza.
Los indígenas Embera-Katío parecían tener razón, con la construcción de Urrá I comenzó la escasez de toda clase de peces en el Sinú, el río comenzó a subir y bajar constantemente, y como consecuencia se incrementó la erosión en las riberas del Sinú. De pronto eso, ha contribuido a los desbordamientos.

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El último vuelo de Natalia Acosta, la mano derecha que acompañó al congresista Diógenes Quintero hasta la eternidad

Detrás de cada gran liderazgo regional suele haber un equipo incansable, y para el representante Diógenes Quintero, esa pieza clave era Natalia Acosta Salcedo. Abogada de profesión y asesora por vocación, Natalia no solo era una pasajera en el fatídico vuelo de Satena; era la estratega administrativa y el apoyo jurídico que caminaba el Catatumbo junto al congresista.

Natalia, quien se definía a sí misma como una mujer analítica y proactiva, había logrado consolidar una carrera sólida en el sector jurídico antes de volcar su talento al servicio público. En los últimos meses, su vida transcurría entre los pasillos del Congreso en Bogotá y las trochas de Norte de Santander, donde se encargaba de que la agenda legislativa de Quintero se tradujera en soluciones reales para las comunidades.

Quienes compartieron con ella en el entorno político la recuerdan como una mujer de habilidades interpersonales excepcionales. No era solo una asistente de oficina; era una gestora en territorio. Su rol incluía desde la rigurosa organización de la agenda hasta el acompañamiento en actividades públicas donde su criterio jurídico era fundamental para respaldar las iniciativas del «Gobierno del Cambio» en la región.

La incertidumbre sobre su paradero comenzó cuando sus allegados notaron que, aunque los mensajes de WhatsApp llegaban a su teléfono, el silencio era la única respuesta. Horas después, su nombre encabezó las listas de condolencias cuando se confirmó que la aeronave HK-4709 se había accidentado en Curasica sin dejar sobrevivientes.

Hoy, Ocaña y el sector político nortesantandereano no solo despiden a un congresista, sino también a una joven abogada que representaba el relevo generacional y profesional de la región. El legado de Natalia Acosta queda sembrado en los proyectos y recorridos que realizó, siempre con la convicción de que el trabajo en equipo es el motor de la transformación social.

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El fatídico eco del pasado: Satena vuelve a perder un avión en la misma ruta tras medio siglo.

El destino ha trazado un paralelismo sombrío en las montañas de Norte de Santander. El siniestro del Beechcraft 1900 (HK4709) ocurrido el miércoles, donde perecieron 15 personas, incluido el representante Diógenes Quintero, parece ser la repetición de una tragedia que el departamento ya había llorado hace exactamente medio siglo.

La historia se remonta al 3 de mayo de 1975. En aquel entonces, un DC-3 de Satena (matrícula FAC663) protagonizaba el vuelo inaugural entre Ocaña y Cúcuta. Lo que debía ser un hito de conectividad terminó en el cerro La Cuchilla, cerca de Sardinata, cuando la aeronave se estrelló a solo ocho minutos de su destino.

Dos épocas, un mismo escenario

Aunque los contextos tecnológicos son distintos, las similitudes son escalofriantes: la misma aerolínea, la misma ruta aérea y la misma geografía implacable. Sin embargo, en 1975 ocurrió un milagro que hoy no se repitió. Mientras que en el accidente de ayer no hubo sobrevivientes, en la tragedia de hace 50 años tres pasajeros lograron burlar a la muerte: el actor Orlando Galás, el abogado Héctor Sánchez y el periodista Jorge Rolón García.

La historia de Rolón García es emblemática. Tras ser dado por muerto por la Fuerza Aérea y recibir homenajes póstumos en su propia emisora, Radio Sonar, fue rescatado con vida al día siguiente. Aquel episodio le valió el apodo de «El Sateno», sobrenombre que cargó con orgullo hasta su fallecimiento en 2013.

Hoy, el sector de Curasica en La Playa de Belén se convierte en el nuevo punto de dolor de esta cronología aérea. Mientras las autoridades investigan las causas del choque del HK4709, los nortesantandereanos no pueden evitar sentir que las montañas del Catatumbo han vuelto a cobrar una deuda histórica con la aviación regional.

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Rumbo a la tierra que la vio nacer: El doloroso traslado de Yuliana Martínez hacia Caucasia tras el último adiós en Sahagún

El sol de la mañana de este miércoles no logró entibiar el frío silencio que se apoderó del barrio San José en el municipio de Sahagún. No era un día cualquiera; era el día en que la fe y el duelo se abrazaron para despedir a Yuliana Teresa Martínez Cleto, la joven madre asesinada presuntamente por su compañero sentimental, Yosman Herazo.

La eucaristía fue un refugio espiritual. Frente al altar, entre oraciones que buscaban respuestas y silencios que pesaban más que las palabras, familiares y amigos se unieron en un solo duelo. Hubo abrazos largos, de esos que intentan sostener al que ya no puede más, y una atmósfera de recogimiento que honró la memoria de una mujer cuya vida fue truncada prematuramente.

No hubo espacio para el ruido, solo para el recuerdo. Cada vela encendida representaba una historia, un momento compartido y la esperanza de consuelo para una familia que hoy camina con el alma rota. Sahagún, que la acogió en sus últimos días, se convirtió hoy en el escenario de su despedida espiritual.

Sin embargo, el viaje de Yuliana no termina aquí. Tras finalizar los actos religiosos, el cortejo se preparó para emprender un último recorrido terrestre. Su destino final será Caucasia, Antioquia, su tierra, donde recibirá cristiana sepultura. Allí, entre las montañas antioqueñas, descansará finalmente, dejando en Córdoba un vacío profundo y un clamor de justicia que aún retumba en las paredes del barrio San José.

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De la celebración al luto: Familiares le cantan el cumpleaños a estudiante del Liceo Antioqueño frente a su féretro

» Lo que debía ser una celebración por un año más de vida se transformó en un último adiós. Familiares de María Fernanda Londoño, víctima del siniestro del Liceo Antioqueño, la despidieron cantándole el «Feliz Cumpleaños» frente a su féretro».

Hay fechas que el destino marca con una crueldad inexplicable. Para la familia de María Fernanda Londoño Jiménez, este año el 17 de diciembre no hubo pasteles ni abrazos de felicitación, sino un silencio sepulcral interrumpido por una melodía desgarradora. La joven, cuya vida se apagó en el trágico siniestro de tránsito en la vía a la Costa, cumplía años precisamente el día en que su cuerpo era velado.

En un video que ha conmovido a todo el departamento, se observa el momento en que sus seres queridos, con la voz quebrada por el llanto, rodean el ataúd para cantarle el «Happy Birthday». No era la fiesta que ella imaginaba cuando, semanas antes, aparecía radiante en redes sociales promocionando su fiesta de grado; era un homenaje póstumo a una joven que soñaba con un futuro profesional que la carretera le arrebató.

María Fernanda no solo era una recién graduada con metas claras; era uno de los rostros de la ilusión de la promoción 2024. Junto a sus compañeros, había disfrutado de cada detalle de su excursión, sin saber que el regreso a casa se convertiría en luto nacional. Mientras muchos de sus amigos se preparaban para entrar a la universidad para ser médicos o periodistas, ella celebraba haber superado una etapa, la misma que hoy sus padres intentan cerrar en medio de la privacidad de un velorio íntimo.

Aunque inicialmente se consideró un sepelio colectivo para todas las víctimas del Liceo Antioqueño, la familia de María Fernanda, al igual que las otras 16 familias golpeadas por la tragedia, optó por la prudencia y el recogimiento. Sin embargo, el gesto de cantarle en su día se filtró como un testimonio de amor eterno, recordándole al mundo que detrás de las cifras de la tragedia en Segovia, había vidas llenas de luz y calendarios que aún tenían muchas fechas por tachar.

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