Creciente valor de la Canasta Básica Familiar (CBF), Inflación y Desigualdad salarial en Colombia.

Por; Giovanni Carlos Argel Fuentes*

En el último artículo publicado analizamos los pro y contras del aumento salarial decretado en Colombia por el gobierno nacional para 2021. Siguiendo en esta temática, para esta oportunidad trataremos el impacto de este aumento frente a la Canasta Básica Familiar (CBF), entendida como una herramienta sólida para medir el verdadero consumo de los colombianos frente al crecimiento que experimentan los salarios. Se ha indicado que en el país esta canasta, al parecer, ha sido poco atendida por las comisiones de concertación laboral y de políticas salariales, ya que se ha dado mayor prioridad a las normas constitucionales y directrices técnicas asociadas a la productividad empresarial y no a la realidad contextual socioeconómica del trabajador.

Es importante indicar que, en 2019, se fijó la nueva CBF dada a conocer por el Departamento Nacional de Estadísticas (DANE), con los elementos metodológicos e indicadores que definen los cálculos que identifican la tipología inflacionaria del país, a partir del consumo. Esta metodología se revisa y actualiza cada 10 años en el país y se mide el índice de precios al consumidor (IPC), como a su vez se actualizan los listados de productos en la economía nacional, gracias a la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares.

Algunos elementos que introdujo la nueva metodología, podríamos citar: el paso de 9 a 12 divisiones de gastos para el consumidor, ya que se analizan por separado los egresos de los bienes y servicios que se presentan en restaurantes y hoteles, los muebles y artículos para el hogar, la recreación y la cultura, las bebidas alcohólicas y el tabaco. Igualmente, se modificó el rubro de vivienda que tendrá una mayor ponderación y el de alimentos que perdió peso en el cálculo. Además, se contabilizan para la inflación 84 productos nuevos y salieron 71 que se encontraban hasta 2018. Es decir, se pasó de 441 a 443 productos, entre nuevos y actualizados.

Entre los que se incluyeron, hoy vigentes en la nueva lista, se pueden destacar algunos como los servicios de streaming (Netflix, Amazon o HBO), comida como el queso mozarella, la salsa de soya o el maní, bebidas como el tequila o el vino, artículos para las motocicletas o las bicicletas, el alquiler de canchas de fútbol 5 o los alimentos y artículos para las mascotas, entre otros. También entran los almuerzos por fuera del hogar, los planes de celular, los videojuegos por internet o los cursos de natación o tenis.

Definió el Dane que se excluyen para tomar el dato de inflación algunos productos como el arroz para la sopa, el kumis, la impresión de fotografías, la cera para los pisos o el lustrado de zapato, entre otros. También desaparecerán otros como la aspiradora, el baloto o los fósforos. Estos se excluyen por su baja usabilidad, compras o demanda y baja presencia en los presupuestos de los hogares analizados durante el período de estudio.

Otro cambio esencial de la canasta es el aumento de cobertura de la aplicación, al pasar de 24 a 38 ciudades. Igualmente, se empezó por primera vez en el país, a tener en cuenta el gasto de los hogares unipersonales que según la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares representan alrededor de 14% de los hogares del país. Según el Dane, estos suelen informar que tienen una mayor proporción del gasto en servicios de telecomunicaciones y en las comidas fuera del hogar.

Es de anotar que un poco más del 67% de los productos (bienes y servicios) que se incluyen en la CBF Dane desde el 2019, no se pueden adquirir con el salario mínimo en Colombia. El valor total de la canasta básica para una familia compuesta por 4 personas y lograr satisfacer sus necesidades, es totalmente inalcanzable, más si solo trabaja uno de los jefes de hogar. Ello sumado al desempleo, ubicado por encima del 14% y la informalidad cercana al 46% en Colombia, los cual afecta en mayor proporción al núcleo familiar. Aspectos que se ahondarán en el periodo postvacuna y postpandemia que se avecina.

Según los cálculos, la canasta le cuesta a un hogar promedio –integrado por cuatro personas: $3.488.577 mensuales. Es decir, el hogar requeriría cerca de 3.8 salarios mínimos legales (SML 2021=$908.526) para la adquisición de todos los bienes y servicios necesarios y vitales, que permitan el sostenimiento de la familia en todas sus necesidades este año. Ahora, en ese sentido es importante para el análisis observar la relación entre el valor de canasta básica familiar (Vcbf) y su relación con el valor de la fuerza de trabajo (Vft) y el salario mínimo legal (SML); con el fin de determinar el grado de evolución que presenta la decadencia salarial en Colombia.

En términos generales, en el país a cifras de 2020, un hogar requería cerca de medio salario mínimo legal mensual vigente – SMLMV- para cubrir solamente alimentación. Lo cual frente a la pobreza y al crecimiento inflacionario en el año que entra, será absolutamente despreciable e insostenible; incluso llegará cerca del 80% del medio salario mínimo del año anterior. Es de anotar, que en la práctica estas canastas son mucho más costosas; estudios de Educar Consumidores, indican que estos precios de la CBF dejan a una mayor proporción de la población colombiana sin garantía de un “mínimo vital” de subsistencia, ni siquiera de su alimentación completa; empezando por quienes viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema, que para 2020 se ubican cerca de los 16,8 millones de personas. Panorama que se agrava bajo condiciones de creciente inseguridad y precariedad del empleo e igualmente por la inestabilidad y lentitud en las actividades productivas sectoriales.

Frente a lo anterior, al equiparar el valor de la fuerza de trabajo familiar (Vftf), anteriormente citada, con el valor de la canasta básica familiar (Vcbf) se establece la capacidad adquisitiva del SML respecto a tres niveles de necesidades de artículos de consumo por parte de las familias de la clase trabajadora en Colombia: i) necesidades fisiológicas (NF): es el valor de los medios de subsistencia físicamente indispensables; ii) necesidades imprescindibles (NI): es el nivel de necesidades percibidas como esenciales por el hábito, la costumbre, las expectativas, la cultura y el grado de desarrollo del país; iii) necesidades sociales (NS): comprende el nivel de necesidades del trabajador como ser socialmente desarrollado y las exigencias acordes con su dignidad y los requerimientos históricos para el florecimiento humano y social integral.

Consecuentes a esta clasificación de las necesidades y los bajos índices de crecimiento del salario en Colombia, anota un estudio de Educar Consumidores; la clase trabajadora le ha tocado en suerte, más bien, una combinación del sistema premoderno y colonial como excluyente de una adjudicación estratificada de necesidades con el mecanismo cuantificador del mercado. En tanto las capacidades y necesidades ontológicas (esenciales e históricas) no son satisfechas, el ser humano se encuentra en permanente conflicto con su existencia (facticidad). Estas brechas entre los diferentes niveles de necesidades (NF, NI, NS) y los ingresos permite calcular los índices de sufrimiento social y pauperización que afectan a la clase trabajadora (Sarmiento Anzola, 2019).

Al relacionar el SML con el Vcbf podemos establecer que una familia de 3 o 4 personas con un salario como el decretado sigue siendo insuficiente frente a las estructuras macroeconómicas explicadas y especialmente frente a los elementos justificables de la canasta familiar básica en el país, tal como se ha demostrado. Para reafirmar lo anterior veamos algunos planteamientos relacionados con esta relación inversa.

Sarmiento, 2019; anota por ejemplo que “los indicadores de sufrimiento social de la clase trabajadora reflejan una situación de pauperismo al relacionar los valores de la CBF y el SML”. En la Gráfica No 1, adjunta, se puede observar el comportamiento entre la Inflación y el SML. Si bien la inflación ha bajado considerablemente y más por el desempleo en los dos últimos años, el SML crece moderadamente, más bien con una lentitud estructural que afina el desequilibrio del mercado laboral y el verdadero poder adquisitivo. De otro lado nótese el crecimiento significativo del valor de la Canasta Básica Familiar Mensual (VCBFM), el cual está por encima de los $3 millones y refleja un grado de desigualdad e inequidad no solo salarial sino social frente a la pobreza que se agudiza postpandemia.

En este sentido, durante el año 2021 la capacidad adquisitiva del 21.82% de la población colombiana que devengan el SML (10.6 millones), será reducida tal como se evidencia en la línea azul del grado desigualdad y/o pauperización salarial (ver gráfica citada). Ello sumado al nivel de degradación que ha sufrido el salario o el ingreso frente al desempleo masivo, incluso que ha llevado a un pago deprimente de las horas laborales, en gran parte de las actividades productivas en Colombia; promueve una tendencia injusta para el trabajador en Colombia en los próximos años.

Finalmente, nótese que el análisis se centra en los que trabajan actualmente o tienen contratación vinculante y de hecho devengan al menos el SML; ahora piensen en los que están en la informalidad o los que no devengan un peso durante el año, esos que no reportan tiempos de búsqueda de empleo, es decir, aquellos que perdieron la esperanza de trabajar (desempleo oculto) en el país. La situación seguramente es más crítica, en el sentido que no tienen para alcanzar un 30% de la CBF mensualmente. Entiéndase que las tres últimas generaciones de hombres y mujeres trabajadoras han padecido un alto grado de injusticia social, pobreza, desempleo y aislamiento en Colombia. Esto lo reafirma el Coeficiente de Gini para el país, ubicado en 0.54, constituyéndose en uno de los más altos del mundo, indicador que demuestra las disparidades y la desigualdad absoluta de las políticas salariales y sociales. Seguiremos avanzando en este núcleo temático.

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