DE VUELTA AL CAMPO


Por: Marcos Daniel Pineda García

El campo debería ser el principal activo de Colombia y como tal, considero inconcebible que se presenten fenómenos como el desplazamiento forzado, que afecta directamente a quienes diariamente producen los alimentos que consumimos en el resto del país.

No se trata únicamente de la tragedia personal y familiar que esto implica para cada una de las víctimas, también hay que pensar en el daño que le causa al país cada campesino obligado a abandonar su tierra, lo que deja de producir, el engrosamiento de los cinturones de miseria en las ciudades a las que llegan, el aumento en los índices de desempleo, de pobreza extrema, mendicidad y casi que inevitablemente, de violencia urbana.

De las 11 millones de personas que se estima habitan en las zonas rurales de Colombia, cerca del 60% se dedica a la actividad agropecuaria, lo que hace de este sector uno de los principales proveedores de empleo. Si lo analizamos, en condiciones ideales representa un oficio que trasciende generaciones y tiene todo el potencial, si se le presta la atención necesaria, de convertirse en nicho de innovación técnica, crecimiento económico y competitividad nacional e internacional.

El regreso de un campesino a su tierra con todas las garantías, debe ser visto más que como un acto humanitario, como un tesoro que el país recupera, es un logro para nuestra seguridad alimentaria, esa que a menudo damos por sentado al creer que las estanterías de los supermercados, de las plazas de mercado, las tiendas y hasta las carretas de los vendedores ambulantes, se llenan por arte de magia.

Según la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios, más de 57 mil personas han sido desplazadas masivamente por la violencia este año, y si a esto se suma la estimación de desplazamientos individuales, la cifra supera las 80 mil víctimas, de las que tan solo un 18% ha podido retornar a sus hogares, es decir, poco más de 10 mil.

A pesar de esta realidad, somos testigos de la nobleza de la gente del campo, que incluso ante este flagelo, sumado a fenómenos climáticos e impactos exógenos como la pandemia, ha seguido dando la lucha, siendo uno de los pocos sectores del país que no paró y gracias a esto, las estanterías nunca llegaron a estar totalmente vacías.

Cobran importancia iniciativas como el proyecto de ley +Agro, presentado por el representante Wadith Manzur Imbett, que busca regular los precios de los insumos agropecuarios, cuyos altos costos se convierten en el talón de Aquiles de nuestros campesinos.

Es urgente que volvamos al campo, que garanticemos el acceso a las tierras, el apoyo a la producción y mercadeo de pequeños y medianos productores, se necesita una mayor inversión estatal para el fortalecimiento de las cadenas productivas, para así, en un futuro no muy lejano, lograr cerrar la brecha que existe entre Colombia y otros países de la región.

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