Economía Naranja: ¿Modelo basado en rentas o transformación social para la diversidad cultural?

Por; Giovanni Argel Fuentes, Ph.D


Algunas concepciones en la literatura especializada indican que el enfoque de la economía naranja es un modelo innovador, generador de desarrollo y cambios  sustanciales  en la  visión de  prolongar la diversidad  Cultural  y la sostenibilidad de las costumbres tradicionales en el territorio, a partir de distintas dinámicas, inmersas en los postulados de la economía de la cultura y las industrias creativas.


Esta tendencia es pertinente revisarla y analizarla con mayor rigurosidad y detalle, especialmente frente a la estructura de ubicarse más como un modelo rentístico pegado a los sistemas culturales que a la formación de un capital intelectual y de gestión del conocimiento al interior de la cultura y sus dimensiones. La cultura, en sí, no se puede definir ni  concebir como una mercancía, con un fuerte valor de uso y absurdo valor de cambio. Si esa visión se profundiza, lo más seguro es que se produzca un escenario instrumentalista, mecanicista y/o monetarista de la creatividad y la formación humanística, propia de la cultura. Incluso puede llegar a ser una tendencia peligrosa y tendencial frente al fondo social que debe impulsarse en el clásico empresariado cultural, en un país que, desde la segunda guerra mundial, ha tendido el impacto de la internacionalización, hoy la globalización, y en el futuro inmediato la afluencia de  una nueva aristocracia  global  como  del  transnacionalismo  productivista mundial sobre la cultura.


Si  bien la construcción de valor agregado y la generación utilitaria de los emprendimientos culturales, son esenciales a la hora de garantizar al talento humano su sostenibilidad como la supervivencia y estabilidad laboral en este sector (entre otras cosas, descuidado por el estado colombiano por más de 25 años); también es cierto que se debe garantizar o lograr el equilibrio entre la productividad asociada al rendimiento y la transversalidad social que debe generar su impacto. Es decir, el balance y no la ruptura entre el rescate y sostenibilidad de valores y tradiciones frente a la descolonización cultural desde la reducción de los efectos extranjeristas en la misma.


En otras palabras, hay que cuidar, el impacto de la supremacía del capitalismo cultural y el neoliberalismo a ultranza de mercado sobre la transformación social que debe imponer el emprendimiento cultural y las industrias creativas.


La descolonización cultural y la emancipación del sector cultura en Colombia, es decir la libertad de desarrollo, sin permisos o condicionamientos monetaristas, es el deber ser de la práctica legítima de las actividades culturales en todas sus áreas.


Con el fin de ilustrar un poco más lo anterior, en reciente entrevista el Ministro de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, expresó: “nuestro reto como país es abonar el terreno para pasar de un modelo de crecimiento económico, basado en rentas, a uno en el que el capital humano y el conocimiento sean la base de la expansión”. Realmente al revisar las convocatorias tanto del Programa Nacional de Concertación del Ministerio de Cultura, como las definidas por las alianzas de INNpulsa, SENA, Findeter y otras agencias como entidades descentralizadas del estado; no se percibe claramente, que el modelo haya transitado de ser puramente rentístico a fomentar el desarrollo y el posicionamiento del país competitivamente, desde un enfoque en el que la transformación se efectúe desde el conocimiento, la valoración social del intelecto y su apropiación en la comunidad. La expansión del país sigue en la transnacionalización empresarial, el financiamiento de la gran empresa y la producción acumulativa de capital. La cultura y sus distintas dimensiones van en esa vía, es decir explicadas desde una sociedad postindustrial liberal, tal como ocurrió con la salud y la educación.


En ese sentido, el emprendimiento cultural soportado en industrias creativas y servicios culturales de soporte, denominadas industrias culturales convencionales; son fundamentales, no se niegan, ni se rechazan; pero es pertinente garantizar la producción que verdaderamente fomente el conocimiento y la ciencia desde lo cultural asociada a la preservación, internalización y descolonización cultural que se focalice la epistemología y el pragmatismo criollo de la cultura.


Como lo afirma Lander, 2018; el modelo civilizatorio de la sociedad liberal industrial se impone a sí mismo como el único horizonte posible de llegada, desconociendo además de la tierra su plena madurez. Desde nuestra óptica, tal descolonización de los extranjerismos, deben imponerse hasta que la cultura, la creación y la empresión logren hegemonía, legitimidad e institucionalidad. Es ello lo que hará libre la nueva culturización y en ese sentido la economía naranja contenga un fuerte sentido complementario al valor agregado social y humanístico.


La globalización y el neoliberalismo engendrado desde el capitalismo, promueve disrupciones en el mercado de bienes y servicios.   Es la búsqueda de la productividad sobre el valor en sí del bien. Es decir, la competitividad sectorial asociada a la rentabilidad es la razón de ser. En ese sentido lo cultural, al parecer,  producto  de los efectos de la  globalización, la productividad y la competitividad; tiende a unificarse con el tiempo y soportarse más en un modelo rentístico que de valoración humanística.


Anota Betancourt, (2019), con la industrialización de la sociedad, a la par de la globalización del capitalismo, se mercantiliza la vida, se le asigna un precio al tiempo, a la salud, a la espiritualidad, a la educación, al placer, a la cultura; así se economiza la vida, se le capitaliza con base en las leyes de la oferta y la demanda.


Esto funciona para otro tipo de mercados, para la cultura y su emprendimiento creativo, este modelo productivista es de cuidado. El concepto que la cultura no es gratis, es peligroso y tal vez tendencioso; la empresarialidad en este subsector es bienvenida, pero en equilibrio absoluto, como se ha explicado anteriormente.


En ese marco productivista que se evidencia claramente en el enfoque de la economía naranja, llama la atención la fuerte inclinación o pronunciamiento en el enriquecimiento económico de las industrias culturales o creativas, el desarrollo económico sobre un modelo de renta y no de apropiación social cultural sostenible y de hecho programas con denominaciones atractivas, pero sin profundidad; ni en infraestructura cultural como en formación transversal y estructural. Hay que reconocer que se ha avanzado, de hecho, las Áreas de Desarrollo Naranja-ADN y los convenios de fortalecimiento de capacidades en el marco del Programa Nacional de Concertación Cultural, le devuelve en alguna medida, la democratización y humanización en la preservación cultural como a su vez incita a la organización de los sistemas culturales en los municipios y departamentos a futuro.


Para argumentar un poco más lo explicado, revisemos los planteamientos de Cubeles, 2000; frente al impacto de la globalización y el capitalismo rentístico en las industrias culturales. El autor expone cinco grandes ejes:


• La transnacionalización de las empresas.

• La concentración empresarial y la estructuración de redes.

• La tendencia a la centralización territorial.

•  La  estandarización  de los  medios  de  comunicación  y  de  los  contenidos culturales.

• El proceso de convergencia digital de los mercados.


En ese sentido Betancourt, 2019, relaciona estos ejes y considera que la transnacionalización de las empresas se hace a partir de la compra de todos los pequeños o medianos negocios posibles, arruinando a la competencia y/o comprándola, esto lleva entre otras cosas al surgimiento de grandes empresas multisectoriales (diversificación de mercados) a ocupar espacios importantes en múltiples renglones de la economía de los países atentando contra su autonomía e influyendo directamente (razón instrumental) en sus políticas públicas, por encima de los intereses de amplias colectividades, así como de la armonía de la madre tierra y de sus relaciones ecosistémicas. La gran concentración de capitales transnacionales fortalece la centralización de las relaciones de producción, la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas.


En  ese  sentido la  alta concentración  de capitales  y la  estandarización de modelos económicos e identitarios transnacionales deslocalizan los conocimientos locales y ancestrales, los descontextualizan, folclorizan o los rechazan, para imponer  a  través  del  libre mercado,  por  todos los  medios posibles, productos de consumo masivo, iguales pero novedosos, homogéneos pero diferentes, además crea la ilusión de equidad social en el capitalismo y la autoregulación de sus mercados.


Esta deslocalización y estandarización asociada a una sociedad consumista de productos culturales homogéneos llevarán a una economía naranja desigual, monopolista y excesivamente diferencial. Recuerden, las minorías culturales podrán ser desplazadas por este modelo global y productivista, por ello el estado en estos primeros 15 años debe fortalecer en presupuestos, organización y formación, a dichas minorías para que a futuro puedan ser emprendedores culturales sostenibles en el enfoque de la economía naranja. En ese sentido, en el marco del convenio 13336 de 2020 realizado entre el Ministerio de Cultura, la Gobernación de Córdoba; con la actuación de la Universidad de Córdoba como operador, proponemos para el Departamento de Córdoba y la consolidación del sistema regional cultural, lo siguiente:


A) Firmar un Pacto Social por la Cultura en el Departamento de Córdoba, que propicie la participación activa y los movimientos emergentes culturales, no solo de los empresarios actuales sino de las minorías culturales, es decir, aquellos que aún no tienen voz o son invisibles en el sector.


B) Constitución de un Nodo de Emprendimientos Culturales  (NEC): con la participación institucional  del  estado,  las  universidades, las  organizaciones educativas y los agentes culturales en el territorio. Con un enlace transversal de la empresa privada.


C) Creación del Observatorio de Economía y Cultura entre la Gobernación de Córdoba y Universidad de Córdoba. Que facilite la investigación cultural  y asesore junto al Nodo en la formulación de proyectos y participación en convocatorias naciones e internacionales.


D) Diseñar pequeños circuitos de emprendimiento cultural y dinamización de la industria creativa, en alianzas con las universidades y el nodo consolidado para atender las minorías y mayorías culturales, que no tienen espacio para acceder a proyectos de impacto.

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