El Bienestar Subjetivo: ¿la economía de la felicidad?, una aproximación a conceptos e indicadores

Resultados encuesta social-tercera ronda, DANE. Opinión nacional en medio de la pandemia. (II)

Por; Giovanni Carlos Argel Fuentes, Ph.D

1.  ¿Qué es el Bienestar Subjetivo?: una mirada a partir de la paradoja de Easterlin.

Presentamos el segundo reporte de tres, sobre los resultados de la encuesta social en su tercera ronda, realizada por el DANE en septiembre de 2020. En esta oportunidad trataremos el componente BIENESTAR SUBJETIVO a nivel de conceptos y resultados en el país, conforme a las percepciones que se suscitan de la población encuestada y estudiada en el marco de la evolución de la crisis generada por la pandemia en los dos últimos trimestres del año 2020.


Para iniciar analicemos un poco que es el bienestar subjetivo y analicemos su estructura desde la literatura especializada en la economía y la sicología. En ese sentido, es de resaltar en primera instancia, que los estudios acerca del bienestar subjetivo o economía de la felicidad, han adquirido con el tiempo relevante importancia en el mundo, más allá de la satisfacción o conformidad de la población sobre algunas percepciones asociadas a las formas de vida y distintas cualificaciones entorno a su comportamiento en la sociedad.


Al igual que  otras ciencias, como la sicología, la sociología y la antropología organizacional y territorial, la economía de la felicidad; mide la satisfacción, la plenitud, la preocupación y el crecimiento personal y colectivo a través de medidas de orden subjetivo y auto reportadas que provienen, como indicábamos, de la percepción o del sentir de la población. Si bien estas medidas son manifestadas por la población mediante instrumentos aplicados en un momento específico o tendencial, es importante resaltar que dicha información autoreportada refleja significativamente la noción de bienestar subjetivo y el comportamiento desde una primera voz, de la población identificada.


Por ello, el bienestar subjetivo es un concepto que va más allá de la felicidad y se define como un buen estado mental, que incluye las evaluaciones que las personas hacen de sus vidas y reacciones afectivas a las experiencias que se enfrentan. Es un enfoque de medición superior al comportamiento que explica os aumentos del ingreso y los gastos en la familia. Es decir, este concepto y su práctica está por encima de la lógica presupuestal individual o familiar, para atender plenitudes de la satisfacción, preocupaciones, estados de ánimo y comportamientos sociales, frente a las crisis o emergencias; entre otras dimensiones.


La OECD (2013) anota, en su publicación Guidelines on Measuring Subjective Well- being, que el bienestar subjetivo, recoge tres dimensiones, planteadas por diversos autores, saber: la evaluativa, la afectación y la Eudaimonia.


Actualmente, el bienestar subjetivo de las personas se mide a partir de las dos primeras dimensiones. La dimensión principal y más estudiada es la estructural o de evaluación de la vida, ya que hace referencia al aspecto racional o intelectual del bienestar. De hecho, esta dimensión, busca obtener juicios evaluativos sobre la vida de los individuos o aspectos específicos del ciclo vital. En otras palabras, pretende medir la satisfacción en general y no de estados emocionales.


La segunda dimensión, la afectación, mide lo emocional y relacional, los códigos sentimentales y los estados mentales como sentimentales. Ambas dimensiones se miden en una temporalidad racional y específica, de conformidad con lo que se desea analizar y estudiar frente a fenómenos especificos en sociedad y en el territorio.


Diferentes autores, Easterlin (1974), Deaton (2008), Helliwell, Layard & Sachs (2012), han cuantificado el comportamiento a lo largo de distintos grupos poblacionales,  de  las  medidas  evaluativas  y  de  afectación  que  reportan  las personas, así como  sus  correlaciones  y  determinantes4.  En  ese  sentido  este enfoque es relevante, en términos de correlacionar el crecimiento económico y productivo sectorial, frente a la evolución del comportamiento humano y su contexto en el marco del diseño de políticas públicas, que aborden dichas dimensiones por parte de los gobiernos.


Easterlin (2006) destaca el interés particular que le otorga la psicología a las características individuales. No son las circunstancias las que determinan la felicidad de las personas o la satisfacción con la vida; son las características personales (la influencia genética o los rasgos de personalidad, por ejemplo) las que terminan influyendo sobre el bienestar subjetivo de éstas. “En este enfoque individual, la felicidad tiende a un nivel estable determinado por la personalidad y los rasgos genéticos. Algunos eventos en la vida como el matrimonio, la pérdida de un trabajo, una enfermedad, hacen que momentáneamente las personas tengan niveles por encima o por debajo de su nivel habitual, pero rápidamente se adaptan y regresan a su punto de ajuste” (Easterlin (2006), pág. 466)5. Este autor define que las condiciones de vida y las circunstancias que se le dan al individuo en su comportamiento cotidiano y frente a sus metas, determinan elementos constitutivos del bienestar subjetivo. De hecho, no hay una regular correlación entre el aumento de los ingresos y la felicidad. La paradoja de Easterlin se cumple cabalmente en observar con evidencias en los países de estudio en 2010, que no necesariamente tener mayores ingresos es conducente a la satisfacción plena de las necesidades y alcanzar felicidad o la eudaimonia.


De otro lado autores como Kahneman, Krueger, Schkade, Schwarz y Stone (2004), estudian la importancia de la afectación o el balance afectivo en el comportamiento del individuo frente al impacto socioeconómico. El balance resulta de evaluar o medir la dimensión afectiva-emocional, y se define como la resta entre el promedio de sentimientos positivos con el promedio de los sentimientos negativos. Esta medida se utiliza en varios análisis debido a que permite tener una sola medición de afectación, tiene mayor simplicidad en su interpretación y elimina sesgos culturales.


2.  Los indicadores sobre Bienestar Subjetivo. DANE, octubre de 2020.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas de Colombia-DANE, viene realizando periódicamente encuestas para medir el bienestar subjetivo y fundamentalmente los indicadores de percepción y comportamiento emocional de la población durante la pandemia. Como lo han denominado “tomarle el pulso” a la sociedad colombiana frente a la dinámica económica y la crisis; se ha realizado un seguimiento fundamental con este procedimiento.


En ese sentido, se estudia  cómo  se siente el colombiano  en los estados de evaluación y afectación, tal como se explicó anteriormente, y de allí definir la situación de felicidad o preocupación, parcialmente en Colombia mes a mes.


En la metodología el DANE, aplica una encuesta denominada “Encuesta de Pulso Social – EPS”, que indaga sobre variables o dimensiones relacionadas con:

  •     Confianza del consumidor.

  •     Bienestar subjetivo.

  •     Redes de apoyo de los hogares

  •     Bienestar de los hogares que cuentan con niños, niñas y adolescentes.

  •       Conocimiento y acceso a las políticas nacionales y locales de apoyo a los hogares.

Anota el DANE que esta información es estratégica, en especial en medio de la salida de las medidas de confinamiento decretadas por el Gobierno Nacional e implementadas por los gobiernos locales, así como en el marco de una eventual revitalización económica y social.

En virtud de ello, presentaremos en este artículo algunas de las variables estudiadas por la entidad y se explicarán correlaciones y elementos valorativos dados por las percepciones de la población y se asocien a los conceptos explicados en el capítulo 1.

La percepción de la población en todas las regiones conforme al estado de su salud y el nivel educativo; es satisfactorio. Se ubican las opiniones en las categorías bueno, regular y muy bueno. Es destacable que no existen preocupaciones frente a esta variable, especialmente el 64.13% de los técnicos consultados y el 58,67% de los profesionales. Es decir, el 57.19% de la población estima tener buen estado de salud a pesar de la emergencia y la arremetida de la infección en todos entes territoriales en el país. De igual forma un 15.2% de los encuestados indican tener muy buen estado de salud, para un total de 72.39% de la población en las dos categorías. Ver Gráfica No 1.


Frente al contagio y la velocidad de infección, la población manifiesta preocupaciones relevantes, apenas normal en situaciones críticas como esta. El 34.19% y el 29,1% de los encuestados se ubican en las categorías muy preocupado y un poco preocupado. De la misma forma el 22.23% indica estar algo preocupado. Situación que implica un deterioro del ambiente colectivo del ciudadano, asociados a la tranquilidad personal y la pérdida de confianza sobre las políticas de salud pública en el país y las regiones.


Si analizamos frente al mes de agosto de 2020, es notoria la recuperación de confianza entre meses, véase que las opiniones en las categorías, muy ocupado se ubicó en ese mes, en el 39.7% (lo que indica una disminución en septiembre) y un poco ocupado en 27.8% (lo que indica una leve subida en septiembre, teniendo en cuenta que quienes estaban muy preocupados tomaron confianza frente a las medidas sanitarias y el autocuidado; y pasaron a las categorías un poco preocupado y algo preocupado). Finalmente, las mujeres presentan los más altos indicadores de preocupación frente al contagio y sus implicaciones para los dos meses enunciados. Ver Gráfica No 2.


Ahora bien, si analizamos esta variable por ciudades, podemos evidenciar que los indicadores de mayor preocupación se ubican en Neiva (59.8%), Riohacha (55.3%), Montería 54.4%), Cúcuta (53.6%), Pasto (53.5%), Popayán (53.5%) y Pereira (49.1%). Las ciudades y la población más tranquila y nada preocupadas en la opinión y que presentan este indicador con mayor estadística en su percepción, son:

Sincelejo (18.3%), Quibdó (14.9%), Cartagena (13%) y Armenia (13%). Ver Gráfica No 3.

Ahora bien, consultados los encuestados frente a la aplicación de la vacuna una vez esté autorizada, el 62.52% está de acuerdo y el 32.45% no está de acuerdo, aún. Los hombres superan a las mujeres en la aceptación en un 66.52%. Las cifras disminuyeron frente al mes de agosto, lo cual indica la pérdida de confianza por un lado y seguramente frente a la creencia del aumento de la inmunidad de rebaño o colectiva en las comunidades.

De la misma manera y en plena situación crítica y ad portas de posibles rebrotes, como los sucedidos en Europa, Asia y EEUU; se evidencia el afán de la población por la cura urgente. Ello indica el estado de zozobra y una luz de esperanza a su vez, que afecta el comportamiento o las conductas de la población en su estado psicológico por causa de esta razón. Es decir, un balance inicial de afectación intervenido por la necesidad de sobreponerse a la crisis o por el miedo a morir. Ver Gráfica No 4.


Como puede verse, aún existe un porcentaje moderado de personas que no están dispuestos a aplicarse la vacuna para su bienestar, veámoslo por ciudades para esta ocasión:

Ciudades como Riohacha (80.7%), Santa Marta (80.7%), Quibdó (79.8%), Tunja (75.9%) y Pasto (75.3%), presentan los indicadores más altos en el optimismo por la aplicación de la vacuna; en contraste Cali  (48.9%), Bucaramanga  (37.9%), Pereira (37.9%) y Sincelejo (37.4%); presentan los indicadores más altos de abstención y/o negatividad a la aplicación de la vacuna para su bienestar. Ver Gráfica No 5.

De la misma forma, según el grado de pobreza monetaria desde 2019, el 34% (no pobres) de los encuestados manifiestan estar algo favorecidas por parte del gobierno frente a las medidas económicas, sociales y  ecológicas definidas, e igualmente el 28.2% (pobres) que fueron consultados. Entre tanto, el 36.5% (pobres) manifiestan estar poco favorecidas e igualmente el 28.4% (no pobre). De la misma forma el 28% (pobre) y el 23% (no pobre); manifiestan pertenecer al grupo nada favorecidas. Como puede evidenciarse, la alta incertidumbre entre pobres y no pobres frente a estar o no favorecidos en el medio de la crisis; es creciente y sostenida en la población. En ese sentido, se siente un abandono frente a la percepción de la gente en el recibo de ayudas y ante la posible situación de salir avante en esta crisis. Ver Gráfica No 6.

Las ciudades con mayor número de personas que no realizan tareas laborales o no tienen empleo son: Cúcuta, con el 43.9% (hombres) y el 67.6% (mujeres); Sincelejo con el 44.7% (hombres) y el 66.4% (mujeres); Montería, con el 42.7% (hombres) y el 66% (mujeres); Cartagena, con el 49.1% (hombres) y 64% (mujeres) e Ibagué, con el 42.7% (hombres) y el 61.7% (mujeres). Las de menores indicadores fueron: Bogotá D.C, con el 28.3% (hombres) y el 32.3% (mujeres); igualmente Pasto con el 24.4% (hombres) y el 37.7% (mujeres). Ver Gráfica No 7.


Ello explica la crisis sustancial de la población en su bienestar subjetivo, en términos de esta variable; lo cual profundiza la inestabilidad en la conducta en los consultados.


Finalmente, en el estudio realizado por el DNP, anteriormente citado, corrobora que desde 2018 se tiene un nivel de satisfacción de la población decreciente, afectados por diversas variables como las anotadas en el primer capitulo.


Anotan los autores, “La edad presenta una relación convexa con la satisfacción en la vida, hecho que se ha demostrado a nivel internacional; para el caso colombiano existe un punto de inflexión cercano a los 50 años donde la satisfacción que empieza disminuyendo y comienza a subir nuevamente (Gráfico 8).


Es decir, ciudades como Barranquilla y las del Valle de Aburrá, experimentan después de los 50 años de edad de su población crecimientos significativos en los niveles de felicidad y satisfacción plena más allá del ingreso per cápita.


Es notorio que antes y durante la crisis, teniendo en cuenta la recesión económica, el progresivo deterioro del bienestar subjetivo, sin analizar otras variables como el estado civil, el matrimonio, las discapacidades, las aspiraciones salariales, el esparcimiento, el sueño y la edad biológica. Este enfoque es urgente de interpretar a la luz de nuevas políticas diferenciales de orden regional, con el fin de intervenir estados mentales y conductas agresivas, más aun, después de un confinamiento estricto y aislamientos diferenciales como los implementados en Colombia.