El mes que no se acaba: Luis Colmenares recuerda a su hijo a 16 años de su muerte.

Hay meses que no se cuentan en días. Luis Colmenares lo escribió este 1 de octubre, dieciséis años después de la muerte de su hijo, con la foto de un muchacho de corbata y mirada quieta: “Dieciséis años caminando octubre, y no pasa un día en que el dolor no me recuerde que ya no estás, Luis Andrés”.

El mensaje no pide permiso. No explica el caso ni resume el expediente. Es la voz de un padre que ya conoce el mapa de este mes y, aun así, lo recorre como si cada octubre fuera el primero. “Hay meses que pesan más que el calendario; este es uno de ellos. Solo quien ha perdido un hijo sabe lo que es despertar con el alma rota y aun así levantarse. Hoy, otra vez, quisiera despertar en noviembre”.

Luis Andrés Colmenares tenía 20 años. Estudiaba Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes.

La noche del 31 de octubre de 2010 salió a una fiesta de Halloween cerca del campus, en el norte de Bogotá, y no volvió. Su cuerpo apareció al día siguiente en el caño El Virrey. Desde entonces, octubre dejó de ser un mes para su padre y se convirtió en un corredor: el de la ausencia, el de las audiencias, el de las versiones que nunca se encontraron.