Esta era la vida doble que llevaba “el Costeño”, señalado de planear el atentado contra Miguel Uribe en Bogotá.
En el barrio El Muelle, de estrato 3 y situado a 15 minutos del aeropuerto El Dorado, se han generado temores e inseguridad tras el atentado contra Miguel Uribe.
Desde el sábado 5 de julio, se difundió el rumor en la zona de que dos habitantes habrían proporcionado a las autoridades información clave que permitió localizar a Elder José Arteaga Hernández, conocido como “el Costeño”, señalado como el estratega del ataque.
El Costeño es considerado por parte de la comunidad de El Muelle como una figura de “autoridad”. De acuerdo con relatos recogidos por el diario El Tiempo, su trayectoria criminal comenzó en el propio barrio, aunque posteriormente diversificó sus actividades hacia la apertura de barberías y el patrocinio de un DJ de música electrónica.
Este medio incluso mencionó que Arteaga Hernández estaría dentro de un proyecto musical que llamarían El Padrino.
Arteaga Hernández se reencontró con su entorno familiar en Bogotá luego de cumplir una condena en la Costa, etapa tras la cual les habría prometido a sus allegados que planeaba integrarse a una iglesia cristiana, a la que varios de sus familiares ya asisten como feligreses.
Los lazos de El Costeño con su círculo cercano permanecieron sólidos durante sus cambios de residencia, pues personas allegadas a su entorno relataron detalles sobre sus movimientos en los últimos meses y su vinculación con acontecimientos recientes de alto impacto en la capital.
Esas fuentes describieron que tras una temporada viviendo en Cali, el hombre regresó a Bogotá, aunque antes de instalarse allí, residió en Soacha, donde recibió el año nuevo de 2024.
«En diciembre decidió regresar a Bogotá, pero primero vivió en Soacha. Allá lo cogió el año nuevo”, reveló una de las fuentes al diario El Tiempo.
La investigación en curso apunta a que El Costeño habría conectado con una oficina sicarial en Bogotá, que, según las pesquisas, fue contactada directamente desde el departamento de Caquetá para contratar la ejecución del atentado.
Todo el entramado sugiere una planificación de varios meses y la articulación de distintos actores distribuidos en diferentes regiones del país, lo que complica el esclarecimiento de la autoría intelectual y los móviles detrás del ataque, según señaló el medio mencionado.
Las autoridades consideran que establecer la cadena de mando y el flujo de órdenes podría depender, en buena medida, de la decisión que tome Arteaga Hernández respecto a su colaboración. Si opta por proporcionar información, el caso podría adquirir nuevas dimensiones y abrir líneas de investigación hacia estructuras criminales de carácter nacional.
Por ahora, los investigadores centran sus esfuerzos en analizar conexiones telefónicas, movimientos financieros y testimonios de testigos que puedan esclarecer la mecánica y motivaciones del atentado.
Con texto de Infobae
