Fe y esperanza en la Plaza María Varilla: El mensaje de las iglesias cristianas ante la calamidad pública.

Este miércoles por la madrugada, desde las 4:30 a.m., las iglesias cristianas de la ciudad de Montería se congregaron en un acto de fe, unidad y súplica intercesora en la Plaza María Varilla. Pastores, líderes espirituales y congregantes de múltiples denominaciones se reunieron con un solo propósito: orar y clamar al Señor por la protección, restauración y alivio de nuestra región afectada por una calamidad pública sin precedentes, producida por las intensas lluvias, inundaciones y la presencia de un frente frío que ha azotado los departamentos de Córdoba, Antioquia y Sucre, entre otros territorios del norte de Colombia.

La congregación espiritual, rebosante de esperanza y compasión, elevó sus voces en oración por cada familia damnificada, por la seguridad de los cuerpos de socorro y por la pronta atención humanitaria a los miles de ciudadanos que han perdido sus hogares, sus cultivos y su tranquilidad ante la abrumadora fuerza de la naturaleza. Según reportes oficiales, el fenómeno ha dejado más de 140 000 personas afectadas y extensas zonas bajo el agua, especialmente en el departamento de Córdoba, con comunidades aisladas y necesidad urgente de apoyo.

Este acto espiritual también incluyó un momento profético inspirado en las Escrituras, recordando el hecho narrado en 2 Reyes 2:19–22 (Reina-Valera 1960), donde Eliseo echó sal en las aguas amargas para que fuesen sanas:

“… Y puso sal en la fuente, y dijo: Así ha dicho Jehová: ‘Yo he sanado estas aguas; ya no habrá más muerte ni esterilidad en ellas.’” — 2 Reyes 2:21 RVR1960.

Con este símbolo de fe, los pastores echaron sal sobre las aguas del río Sinú, como gesto de intercesión profética, proclamando sanidad, restauración divina y la autoridad del Señor sobre cada circunstancia adversa. Así como Dios transformó las aguas amargas del manantial en fuente de vida, clamamos por la sanidad de nuestros pueblos, por la seguridad de quienes sufren y por el restablecimiento de la normalidad en nuestros valles y llanuras.

Durante la ceremonia, se compartieron palabras de consuelo y fortaleza extraídas de la Palabra de Dios, recordando que “El Señor es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1 RVR1960), y se proclamó un mensaje de unidad entre comunidades de fe y ciudadanía civil para trabajar mancomunadamente en el proceso de recuperación y ayuda humanitaria.

Este evento espiritual representa no solo una muestra de fe congregacional, sino también un llamado a la solidaridad nacional y global ante la crisis humanitaria y climática que enfrenta nuestra región.