¡GRACIAS NORA!

Por: Marcos Daniel Pineda García

Me resulta muy difícil como hijo, expresar en un espacio tan limitado como esta columna, todo el amor y la admiración que siento por mi madre. Por eso, hoy quiero concentrarme en exaltar lo orgulloso que estoy de haber tenido el privilegio de compartir con ella como coequipero, en la construcción de un proyecto político que ha venido transformando la vida de miles de personas y entornos urbanos y rurales, con resultados positivos tangibles.

Han sido 12 años de trabajo continuo, durante los cuales Nora García Burgos, sin necesidad de ser mediática, se convirtió en la voz de la mujer, de las campesinas, de las madres cabeza de familia, de las mujeres maltratadas, e hizo de la equidad de género su principal bandera. Nora García no fue la protagonista, lo fue la mujer colombiana.

Ha hecho honor a sus raíces cordobesas, dando la cara por el campo y los campesinos, protegiendo a las familias y a los más vulnerables, sin olvidar nunca a esta tierra bendita, por cuyo progreso realizó una labor fundamental en la gestión de recursos, proyectos y obras.

El contacto directo, el abrazo sincero y la respuesta oportuna, la acompañaron durante estos doce años. Quienes la conocen saben que las puertas de su casa permanecen abiertas durante todo el año, sus brazos extendidos y el café caliente, para recibir a todo aquel que acude a ella.

Vivió en carne propia la deslealtad, pero tuvo la entereza de seguir siempre con la frente en alto, de enseñarnos a todos que con trabajo y humildad, sin necesidad de ser contestatario y mucho menos pagar con la misma moneda, se puede salir adelante con la dignidad intacta. Nos mostró que en el camino de la política podemos encontrar tanto rosas como espinas, pero que caminando con firmeza es posible salir sin un rasguño.

Demostró que es posible pelear por causas justas sin necesidad de ser violento, alzar la voz o irrespetar a otros; que se puede defender a la gente de los poderosos debatiendo con argumentos y que la mejor respuesta a un agravio, siempre será la sabiduría del silencio.

Ruego a Dios y a la vida que me siga acompañando durante muchos años más, seguir contando con sus consejos y sabiduría, que me muestre el camino si me equivoco y sea mi voz de aliento en los momentos de dificultad.

Espero seguir aprendiendo de su ejemplo, su nobleza y humildad, y que algún día no muy lejano, a ella le embargue el mismo orgullo que hoy siento yo.

Son cortas mis palabras para honrar todo lo que ella ha significado en mi vida y en la de muchas personas más, que como yo, sé que hoy también la aplauden de pie y dicen: ¡gracias, Nora!, ¡gracias a nuestra senadora!

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