Petro y Mancuso buscan armar el rompecabezas de la paz

Por: Oswaldo Marchena Mendoza

@marchenojob

“Mejor intercambiar sombreros que enterrar muertos. Mejor que florezca la verdad y se marchite el odio. La reconciliación es una narrativa que necesita símbolos” Hubert Ariza.

Una parte importante de la historia de Córdoba está escrita con sangre, repleta de víctimas y teñida de luto. Esas circunstancias propiciaron un entorno de terror, pobreza y miseria en el departamento. Cualquier rayo de luz que alumbre ese túnel oscuro de violencia y muerte, abre un nuevo capítulo de esperanza en un territorio atribulado por su reciente pasado de violencia.

El encuentro de Gustavo Petro y Salvatore Mancuso en un mismo escenario frente a las víctimas, es el faro que puede iluminar las tinieblas de la guerra, o del conflicto (la forma de describirlo es lo de menos).

Las reacciones políticas tras el encuentro, van desde masacrar mediáticamente la firmeza del presidente Petro a la hora de buscar la paz, con Mancuso como aliado (gestor de paz), tras apuntar que es una afrenta a las víctimas. Quienes critican esa apuesta del presidente, lo hacen desde sus cómodas oficinas en Bogotá (políticos, periodistas y redes sociales). Igual, ellos no saben lo que es llorar un familiar mientras agoniza después de un atentado.

En la fría Bogotá o en la primavera de Medellín desde donde tratan de detonar el puente que tendieron Petro y Mancuso entre las víctimas y sus verdugos, no saben lo que es tener que abandonar un pedazo de tierra con sus cosechas y animales, para engordar los cinturones de miseria en los centros urbanos. “Es muy fácil auspiciar la guerra, pero cuando los muertos son los hijos de otro. No los de uno.” Dijo en el 2014, el entonces ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez.

“Cuándo miré por primera vez a los ojos de las víctimas en las primeras audiencias de justica y paz, fue cuándo pude dimensionar el dolor qué le causamos a ellos y a todas sus familias” dijo Mancuso ante víctimas del conflicto en el coliseo Happy Lora de Montería, durante un evento donde esas víctimas recibieron más de 8 mil hectáreas de tierras que el gobierno nacional les quitó a los violentos.

Más que una confesión, las palabras de Mancuso son un punto de inflexión en la historia del conflicto. Los avatares de la guerra comienzan a mostrar banderas blancas, ondeadas por el gobierno nacional y por quien es su momento lideró un poderoso ejército de autodefensas o de paramilitares (insisto que la interpretación o descripción es lo que menos importa ahora).

Resulta positivo para esta nueva puerta que se abre a la paz en Córdoba, el lenguaje pacifista del gobernador de Córdoba Erasmo Zuleta Bechara, quien a pesar de no haber acompañado al candidato Gustavo Petro, fue el primer mandatario regional que le propuso abrir una ventana para diálogos regionales de paz. Con esa petición el gobernador, Zuleta Bechara le madrugó a subirse al bus de la paz total de Petro.

En ese acto de entrega simbólica de más de 8 mil hectáreas de tierras a campesinos por parte del gobierno nacional, el gobernador Erasmo Zuleta, le propuso al presidente Gustavo Petro trabajar de manera coordinada para cerrar el ciclo de negociación que se realizó en Santa Fe de Ralito, en el año 2004, con las Autodefensas Unidas de Colombia. El presidente reaccionó a la solicitud y dijo que su gobierno contempla la posibilidad de retomar esas negociaciones, las cuales también consideró inconclusas.

Zuleta Bechara dijo estar listo para asumir el compromiso y recordó que ese acuerdo fue un proceso que se quedó en el papel porque las víctimas no han sido reparadas en su totalidad.

“Frente a ustedes, asumo la responsabilidad que me corresponde por tanto dolor, sufrimiento y lágrimas por el despojo de tierras. Desde lo más profundo de mi corazón les pido perón”, les dijo Salvatore Mancuso a las víctimas ante un escenario repleto de euforia y esperanza.

“Hoy es un día especial, difícil de abarcar, incluso difícil de entender. Han pasado 19 años desde que conocí a Salvatore Mancuso y la situación cambió para usted y para mí. Lo nombré a usted Salvatore, gestor de paz, para que ayude a la paz, para que no se repita lo que se vivió en el pasado” dijo emocionado el presidente Gustavo Petro.

Ahora el reto es pasar “del dicho al hecho”, atrás deben quedar los discursos, los abrazos y las emociones. Mientras el gobierno siga repartiendo tierras a campesinos y campesinas, el presidente que estuvo en la guerrilla en el pasado y el excomandante paramilitar, deben avanzar en armar ese complicado rompecabezas de la paz.

Ya es hora de poner en la práctica las palabras de Carlos Mario Jiménez, alias Macaco “Señor presidente Gustavo Petro, este sin duda es el camino correcto, pero no podemos hacerlo solo, el gobierno por más voluntad que tenga no puede solo. Con respeto y humildad le pido que no nos deje por fuera de la agenda de paz total”

Al final de la tarde los ciudadanos, la comunidad internacional y los campesinos que hoy reciben tierras del gobierno nacional necesitan que ese momento histórico que protagonizaron Gustavo Petro y Salvatore Mancuso ayude a armar el rompecabezas de la paz.