¿Qué pueden esperar de mí?

Mi tarea será defender la Constitución con humildad, con firmeza, con memoria y esperanza

Carlos Camargo Assis.

Las elecciones, como todo acontecimiento que agita la vida pública, despiertan pasiones y debates intensos.

Es natural que suceda porque la democracia es un escenario de emociones compartidas. Sin embargo, después de la intensidad llega la serenidad.

En esa calma la ciudadanía tiene derecho a preguntarse qué puede esperar de quien asume la responsabilidad de ser magistrado de la Corte Constitucional.

De mí pueden esperar tres cosas fundamentales que deseo anunciar desde el comienzo.

La primera es independencia, porque el juez constitucional solo les rinde cuentas a la Constitución y al pueblo. La segunda es cercanía con la realidad nacional, porque una Corte que se aleja de la vida de la gente pierde legitimidad.

La tercera es sensibilidad humana, porque detrás de cada expediente hay un rostro que espera justicia.

Estas son las convicciones que guiarán mi tarea, y a partir de ellas quiero responder con franqueza.

No me corresponde prolongar disputas ni alimentar polarizaciones. Mi deber es abrir un camino de confianza. Los ciudadanos no necesitan un magistrado que aparezca en los titulares, sino un servidor que les dé certezas en lo esencial.

Que la Constitución siga siendo el faro que guía nuestras instituciones, que la dignidad humana permanezca en el centro de las decisiones y que la justicia se ejerza en nombre de toda la nación y no de un partido o un grupo.

Independencia significa decidir sin presiones, escuchar argumentos sin someterse a conveniencias y mantener la serenidad para resistir la polarización. Esa será mi primera obligación. Cercanía con la realidad nacional significa que mis decisiones deberán dialogar con la vida cotidiana. La Constitución no es un código muerto, es un organismo vivo que se concreta en la educación de los niños, en la salud que protege la vida, en la tranquilidad de los mayores, en el trabajo digno, en la vivienda que resguarda, en la seguridad de las familias, en el aire limpio y en la paz que seguimos construyendo como nación.

Sensibilidad humana significa recordar que millones dependen de nuestras voces para que los derechos no se queden en declaraciones solemnes, sino que se vuelvan realidades tangibles. De mis decisiones pueden depender la atención de un enfermo, la protección de un niño, la igualdad de una trabajadora, la seguridad de una comunidad o el respeto a la diversidad cultural.

Tomado de : El Tiempo