Un periodismo empotrado y asqueroso

Por: Ramiro Guzmán Arteaga.

Director El Reportero Virtual

Veo con preocupación que la mayor parte de lo que se informa en la actual campaña no es siquiera un intento honrado de informar, sino un burdo intento por pretender demostrar que lo que se dice es cierto, lo cual se ampara magistralmente con el argumento de la “libertad de expresión en una democracia”. Una persona tiene libertad de expresión en una democracia, es cierto, pero es antiético utilizar esa libertad para enmascarar y manipular hábil e intencionalmente una mentira haciéndola pasar por verdad. Si se hiciera una investigación sistemática y a profundidad, con todo el rigor metodológico, sobre la forma en que la mayoría de los medios están haciendo el cubrimiento del actual proceso electoral, me aventuro a pensar que los resultaron serían más escandalosos que el mismo sensacionalismo que le imprimen a los hechos que informan. ¿Por qué amplios sectores de la sociedad, aceptan rápidamente de que se debe creer en lo que dicen los noticieros? Pienso que por inmadurez y falta de educación política y, mucho más allá, por ausencia de una educación con modelo crítico, reflexivo e independiente. Porque esta es una sociedad mediada por lo funcional, lo memorístico, con ausencia de análisis crítico y reflexivo. Y eso hace que las personas no solo sean obedientes, sino que sientan temor de no pensar distinto a como el grueso de la sociedad, una sociedad de pensamiento igualitario alienada, sometida al poder de los grandes medios de comunicación, propiedad de los cuatro o cinco poderosos del país.

A diario vemos y escuchamos a los periodistas de Blu Radio, RCN, Caracol noticias y la W, entre otros, “aplastando” a sus entrevistados por la posición ventajosa y la vitrina que da el ser periodista o director de medio. Frente a las consultas de favorabilidad ahora los periodistas fungen de panelistas o analistas para dar por cierto lo que son sus propias interpretaciones. Y, lo peor es que lo hacen después que el entrevistado ha sido despachado y sacado del aire. Lo masacran cuando no está, cundo no tiene opción de replicar. Hablan mal del entrevistado después que ha terminado la entrevista y éste ha salido del aire, lo hacen amparados en el derecho de informar y analizar. Hacer periodismo de esa forma, como lo hace Néstor Morales y su grupo de “panelistas”, no solo es antiético sino asqueroso. Un acto de deshonestidad para con el entrevistado y con la audiencia. Pero también hay otra estrategia que están utilizando los grandes medios, como es el de analizar o entrevistar con “guante quirúrgico”, que consiste en hacer creer a la opinión pública que “eso lo dijo el personaje entrevistado”, cuando, en una pregunta, se está afirmando lo que su interlocutor o entrevistado no ha dicho (en ese sentido los periodistas de Blu Radio son expertos).

Los periodistas y directores de medios, en esta coyuntura, serían mucho más honestos y éticos si editorializaran frente a los hechos y temas de actualidad.  Editorializar es un género históricamente válido en el periodismo. Así la opinión pública tendría la oportunidad, al menos, de conocer de qué lado está el medio y el periodista, cuál es el pensamiento, la ideología y la posición frente al hecho noticioso, al tema y con qué candidato se identifican. De esa forma se evitaría andar amparándose en la libertad de expresión para direccionar, conducir y someter ideológicamente y políticamente a su audiencia, lo cual es la forma más soterrada de mentir y violar el derecho a dar y recibir información, pues este derecho está mediado por la verdad y no por las mentiras subterráneas y la verdad manipulada. Porque, mentirle a todo un mundo de oyentes, televidentes y lectores, es no solo antiético sino también una violación a los derechos humanos.

Pero sabemos que todas estas manipulaciones mediáticas obedecen a intereses ideológicos y económicos de los grandes medios, hacen parte de todo un entramado y empotramiento entre medios y poder. Por eso, como diría Juan Gossain: lo que estamos viendo, por esta época de campaña, no es más que la peor forma de periodismo: “un periodismo asqueroso”. Creo que no puede haber una conclusión más razonable.

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