“No comemos de Tigre ni de paramilitar”: el mensaje directo de las disidencias de alias ‘Calarcá’ al presidente electo

El asfalto de la Troncal de Occidente se convirtió en el primer lienzo de confrontación entre el nuevo poder político de Colombia y las armas ilegales. Minutos después de que el presidente electo, Abelardo de la Espriella, utilizara su discurso de entrega de credenciales para lanzar un ultimátum de un mes de sometimiento a las estructuras criminales, la respuesta no llegó a través de un comunicado oficial, sino con ráfagas de fusil y pintura roja sobre la vía que conecta a Medellín con la Costa Caribe.

​En el sector de La Paulina, en el municipio de Valdivia, el Frente 36 de las disidencias comandadas por alias ‘Calarcá’ paralizó la movilidad nacional durante más de doce horas instalando cuatro artefactos explosivos, dos de ellos diseñados como trampas para la población civil y la Fuerza Pública. Sin embargo, tras los hostigamientos armados contra los expertos antiexplosivos del Ejército y la posterior reapertura del corredor vial, el verdadero desafío simbólico quedó plasmado en la carretera.

​Una frase en letras rojas desafió la retórica de mano dura del mandatario entrante: “No comemos de Tigre ni de paramilitares”. El grafiti, que apela al lenguaje popular y desafiante para subestimar la advertencia gubernamental, funciona como una declaración de intenciones frente a la promesa de De la Espriella de no otorgar «ofertas generosas ni concesiones inaceptables».

Con esta pinta, las disidencias no solo respondieron al ultimátum del nuevo gobierno, sino que pretendieron marcar una línea territorial en un Norte antioqueño donde la zozobra y los ataques repetitivos vuelven a tomarse las carreteras, dejando en evidencia que el pulso por el control de la región comenzó antes de la posesión presidencial.