A la cárcel el presunto feminicida de una trabajadora en Soacha
Un juez de control de garantías ordenó la reclusión en centro carcelario de Óscar Giovanny Marulanda, señalado como el presunto responsable del brutal feminicidio de una mujer que trabajaba desde hacía cinco años en un almacén de artículos para el hogar en Soacha, Cundinamarca. La drástica medida judicial se tomó luego de que un fiscal de la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la región le imputara el delito de feminicidio agravado, un cargo que el procesado no aceptó durante las audiencias concentradas pero que lo mantendrá tras las rejas mientras avanza la investigación criminal.
La tragedia que hoy enluta a la comunidad de Soacha se venía gestando desde febrero de este año, cuando Marulanda conoció a la víctima en el establecimiento comercial donde ella laboraba. Ante la firme y clara negativa de la mujer de iniciar cualquier tipo de relación sentimental con él, el hombre desató una implacable campaña de hostigamiento, acoso y persecución que se prolongó durante meses. El nivel de intimidación llegó a ser tan asfixiante que la Policía Nacional tuvo que intervenir en al menos dos oportunidades para escoltar a la mujer desde su trabajo hasta su residencia. Lejos de detenerse, el presunto agresor extendió su asedio a los círculos más cercanos de la víctima, presentándose de manera amenazante en la vivienda de su madre y de su expareja en fechas clave de mayo y junio.
El trágico desenlace ocurrió el domingo 12 de junio en pleno horario laboral de la mujer. Marulanda irrumpió en el almacén y, ante la mirada impotente de compañeros y clientes, la atacó con un arma cortopunzante, propinándole cuatro heridas de gravedad. Aunque las personas del lugar alertaron de inmediato a las autoridades y una patrulla de la policía la trasladó con vida a un centro médico, la gravedad de las lesiones apagó su vida poco después de ingresar. El agresor fue capturado en flagrancia en el mismo sitio de los hechos por los uniformados. Este doloroso caso ha vuelto a encender las alarmas en el país sobre la importancia crítica de no normalizar ni subestimar las conductas de acoso y persecución, las cuales constituyen las señales de alerta más tempranas de una violencia de género que, de no ser frenada a tiempo por los canales institucionales, puede terminar de forma irreversible.
