El poder popular despertó en Córdoba
Por: Luis Fernando Ballesteros Meza
Representante a la Cámara por Córdoba
Las victorias políticas nunca aparecen por casualidad. Detrás de cada resultado electoral existen años de organización, cientos de reuniones, miles de conversaciones y una causa capaz de movilizar a una sociedad.
En Córdoba, esa historia no comenzó el día de una elección. Comenzó en enero de 2025, cuando un grupo de hombres y mujeres decidió recorrer el departamento convencido de que había llegado el momento de construir una alternativa política desde abajo, junto a las organizaciones sociales y no desde las maquinarias tradicionales.
No nos unía simplemente el deseo de ganar una curul. Nos unía una causa: la defensa del campesinado y de la reforma agraria; la recuperación de las ciénagas y los ecosistemas; el derecho a la vivienda digna; una economía productiva; y la ampliación de la democracia con nuevos liderazgos para Córdoba.
Fue esa visión compartida la que comenzó a despertar el poder popular.
Por eso la consulta del Pacto Histórico del 28 de octubre de 2025 no fue simplemente una elección interna. Fue el primer gran ejercicio democrático de organización del pueblo cordobés alrededor de un proyecto político común.
En aquella consulta participaron Miguel Leonardo Martín Peña, Claudia Leonor Jiménez Martínez, María Clemencia García Sanclamente, Ezio Fernando Montes Hoyos, Manuel Enrique Navarro Díaz, Cilenia Gregoria Salcedo Montalvo y quien escribe estas líneas, entre otros liderazgos que decidieron someter sus aspiraciones al voto ciudadano. Más de 161.000 cordobeses participaron en ese proceso.
Lo verdaderamente importante no fue quién obtuvo la mayor votación. Lo trascendental fue que miles de ciudadanos demostraron que era posible construir organización política desde la participación democrática. Aquella consulta dejó mucho más que un candidato: dejó comités municipales, equipos de trabajo, dirigentes comunitarios fortalecidos y organizaciones sociales articuladas.
El 8 de marzo de 2026, ese trabajo produjo un hecho que durante muchos años parecía imposible: Córdoba eligió por primera vez un representante a la Cámara proveniente de un proyecto alternativo construido desde el voto de opinión y la organización popular. Esa credencial pertenece a miles de hombres y mujeres que decidieron organizarse alrededor de una causa colectiva.
Posteriormente llegó la campaña presidencial. La estructura política y social construida durante ese año y medio volvió a ponerse en movimiento. Organizaciones campesinas, procesos de vivienda popular, docentes, jóvenes, mujeres, sindicatos, comunidades y distintos sectores democráticos confluyeron alrededor de una propuesta nacional de cambio. Aunque el resultado presidencial fue distinto al esperado, Córdoba dejó un mensaje político de enorme significado: existe una fuerza social organizada capaz de disputar democráticamente el futuro del departamento.
Las campañas terminan. Las alianzas electorales son coyunturales. Pero el poder popular permanece cuando existe una causa que lo mantiene unido.
El Pacto Histórico debe seguir consolidándose como la expresión política de las luchas del campesinado, de las mujeres, de la juventud, de los trabajadores, de las comunidades populares y de todos aquellos ciudadanos que durante años sintieron que no tenían voz en las decisiones públicas.
El poder popular no consiste en cambiar de élites. Consiste en que el pueblo organizado sea protagonista permanente de las decisiones sobre el destino de Córdoba.
La primera representación alternativa en la Cámara fue apenas el comienzo. El verdadero desafío empieza ahora: transformar esa fuerza ciudadana en una mayoría democrática capaz de gobernar Montería y Córdoba con participación, justicia social y respeto por el territorio. Porque las elecciones pueden marcar una fecha, pero son las causas las que cambian la historia.
