“¡LAS SENTÓ EN EL CARRO COMO SI ESTUVIERAN VIVAS!” Exmilitar confiesa el doble feminicidio de su pareja y la niña de 11 años y recorrió cientos de kilómetros con los cadáveres.
En una casa del barrio Betania, en Usme, al sur de Bogotá, se apagaron dos vidas el 7 de septiembre. Horas después, esas mismas vidas —ya convertidas en cuerpos— viajaron sentadas en un automóvil particular, disimuladas como pasajeros, mientras el hombre que las había matado huía por carreteras de varios departamentos.
Este martes, Dionnys David Fonseca Turizo, de 44 años, exsoldado profesional y vigilante, aceptó ante un juez los cargos de feminicidio agravado y de ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio.
Keila Fernández Ortiz, auxiliar de farmacia de 32 años, y su hija Luciana, de 11, eran oriundas de La Guajira. El hombre con el que convivían en Bogotá no era el padre biológico de la niña: era su padrastro. Según la reconstrucción de la Fiscalía, todo partió de una discusión. Primero murió la menor. Horas más tarde, cuando Keila regresó de su jornada laboral, Fonseca le dijo que tenía una sorpresa, le vendó los ojos y la atacó. Después intentó borrar rastros en la vivienda.
Lo que vino después no fue solo la huida: fue un traslado macabro. Los cuerpos permanecieron en la casa y, dos días después, el imputado los colocó en los asientos del vehículo —uno adelante, otro atrás— y emprendió un recorrido errático. Primero se desvió hacia La Dorada, en Caldas. Luego regresó hacia el centro del país con la idea, según el expediente, de apuntar hacia La Guajira, la tierra de las víctimas. Terminó enfilando por la vía al Llano, rumbo a Villavicencio. Cientos de kilómetros con dos cadáveres a bordo.
La concesión vial y testigos alertaron por el manejo extraño del conductor. En el kilómetro 17 de la vía, jurisdicción de Chipaque (Cundinamarca), las autoridades lo interceptaron.
Al inspeccionar el carro encontraron lo que el conductor había tratado de hacer pasar por pasajeros: los cuerpos sin vida de Keila y Luciana. Captura en flagrancia.
Fonseca Turizo, oriundo del Cesar y con pasado en el Ejército, no negó los hechos. Aceptó los cargos de manera libre y voluntaria. Un juez de control de garantías le impuso medida de aseguramiento en centro carcelario.
En Colombia, el feminicidio agravado —sobre todo cuando hay una niña de por medio y se suma el encubrimiento— enfrenta las penas más altas del Código Penal. El tope nacional es de 60 años. Las normas sobre feminicidio y crímenes contra menores restringen de forma estricta rebajas y beneficios.
La escena que descubrieron los policías en esa carretera no es solo un expediente más. Es la imagen de una madre que volvió del trabajo a una “sorpresa”, de una niña que no llegó al colegio, y de un hombre que condujo durante casi dos días con los cuerpos de las dos personas con las que compartía techo.
La Fiscalía habla de violencia vicaria: usar a la hija para herir a la madre. El país vuelve a mirar, otra vez, el mismo abismo.
Este artículo contó con la asistencia de IA para la recopilación de datos y estructuración de párrafos, bajo estricta revisión y edición editorial de un periodista»
