Odios políticos en tiempos de pandemia.


Esta pandemia nos regresó a esas épocas irracionales, y pareciera que mientras suben las muertes y contagios, eso le proporciona más combustible a quienes hacen oposición con atavismos que le hicieron mucho daño a la sociedad.

Por: Oswaldo Marchena Mendoza.
@marchenojob

Hacer política, al tiempo que ejercer oposición a un gobierno con los muertos de la pandemia, es lo más ruin y deleznable que puede abrigar un ser humano. Nuestra sociedad está tan enferma que hay gente que necesita que empeoren las cifras de la pandemia para devorar al gobernante de turno. Es una especie de ira colectiva que se instaló en Colombia.

Está pasando en Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Magdalena, y para no hacer larga la lista, también sucede en Montería y Córdoba. Al tiempo que el virus devora vidas y consume la economía a lo largo y ancho del territorio nacional, los odios políticos viscerales se pasean por los campos santos donde reposan las víctimas fatales del coronavirus.

Ustedes recuerdan cuando en las redes sociales circulaban imágenes de soldados mutilados, de militares abatidos en un charco de sangre tras una incursión terrorista de las FARC, publicadas no precisamente por un impulso de dolor, sino para hacerle oposición al proceso de paz que despuntaba en Colombia. El fin justificaba los medios dirían quienes movían esas fotos en medios y redes. El dolor de los familiares de las víctimas del conflicto no importaba, porque el propósito fundamental era dinamitar a la opinión pública y sepultar cualquier intención de paz.

Esta pandemia nos regresó a esas épocas irracionales, y pareciera que mientras suben las muertes y contagios, eso le proporciona más combustible a quienes hacen oposición con atavismos que le hicieron mucho daño a la sociedad.

No se puede desconocer el trabajo juicioso y ponderado de quienes controvierten a una administración con argumentos sólidos y con el único propósito de mejorar y velar por los recursos públicos. Los gobiernos no son perfectos y uno de sus deberes es escuchar.

En Montería hay funcionarios que desbordaron la órbita de sus competencias, que se atrevieron a cruzar la frontera del territorio donde deben ejercer su labor, para fustigar las acciones que el gobernador de Córdoba, Orlando Benítez, viene adelantando para enfrentar la pandemia, evidenciando un afán de protagonismo dañino en medio de una emergencia sanitaria donde las voces se deben juntar en un solo coro para exigir más ayudas al gobierno nacional.

Todo aquel que en su vientre político esté gestando una futura aspiración electoral, debe guardarse las ganas y deseos de protagonismo. “Cuando pase esto nos levantamos a palo y nos cantamos las verdades”, le escuché decir a alguien que busca un lugar en el partidor de la política departamental.

Realidades.

En estos días subí un video a mi cuenta de twitter con las desgarradoras declaraciones de una señora que pide que no la dejen morir, y exige que su EPS le autorice un tratamiento de cáncer. El video se movió mucho en redes, y desde la Superintendencia de Salud me han escrito dos veces preguntándome por los datos de la señora para actuar. En el grupo de WhatsApp de donde tomé el video, informé sobre las respuestas de la Supersalud, y varias personas integrantes del mismo han preguntado por los datos de la señora, sin obtener respuesta.

¿Qué dirá la Supersalud cuándo le vuelva a reclamar por la difícil situación de un paciente? En estos tiempos de angustia necesitamos información precisa, sobre todo si los datos tienen que ver con la pandemia. Podemos especular un poco cuando hacemos análisis deportivos, o quizás si el tema es eventos sociales, pero en medio de una crisis sanitaria, rodeados de tanta angustia y desesperación, es deber de quienes informamos hacerlo de la manera más precisa y objetiva. Afortunadamente es lo que hace la mayoría de medios y comunicadores locales.

Vamos al tema de la pandemia. Montería tuvo dos picos de muertes, el 17 de julio cuando fallecieron 29 personas por causas asociadas al virus, y el 28 de julio; ese día fallecieron 26 personas por la enfermedad.
El pico de urgencias de pacientes COVID-19 se presentó en Montería el 21 de julio; ese día 160 personas llenaron las diferentes urgencias de la ciudad, mientras que a fecha 15 de agosto solo había 37 personas en los servicios de urgencias.

El pasado 26 de julio 525 pacientes COVID-19 se encontraban hospitalizadas en las diferentes instituciones de salud de la ciudad, mientras que este sábado 15 de agosto el número de hospitalizaciones bajó a 315 personas.

Uno de los indicadores más preponderantes durante una pandemia tiene que ver con la capacidad y ocupación de camas UCI, y los reportes oficiales indican que a 15 de agosto hay una ocupación del 56.4% y 102 camas UCI disponibles en Montería. El pico se contuvo y gracias a las medidas se pudo contener el crecimiento acelerado de muertes

Se puede sí o no, estar de acuerdo con el modelo de gobierno del alcalde de Montería, Carlos Ordosgoitia, pero después de conocer las estadísticas, tiene credibilidad el mandatario de los monterianos, cuando dice que gracias a la estrategia PRASS, Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo y Sostenible, la ciudad logró disminuir la velocidad de los contagios.

Córdoba pasó de 195 UCIs a un total de 453 a la fecha y vienen más.

“En tres meses hemos hecho más que en 20 años por la capacidad instalada en UCIs en Córdoba”, afirmó el gobernador, Orlando Benítez Mora. Al inicio de su gobierno el departamento contaba con 195 Ucis, incluyendo 45 de la red pública. Hoy tras sumar esfuerzos propios, del gobierno nacional y de las clínicas, el mandatario reporta 453 Ucis, y ello aporta un frente tecnológico fundamental para que el personal de salud enfrente la pandemia.

Además, se relacionan fuertes inversiones para fortalecer la red de salud del primer nivel en municipios de Córdoba, dotaciones a hospitales, se recuperó el laboratorio departamental de salud pública, se recuperó y optimizó el CRUE y se entregó al servicio el hospital de campaña Centro de Convenciones.

A Benítez le tocó soportar duras críticas por la alta tasa de letalidad que en su momento tuvo el departamento. El pasado 3 de agosto la misma estaba en 11,1%, pero una semana después ya estaba en el 8,6%. Al cierre de esta columna se publicó el más reciente boletín de la Secretaría de Salud Departamental, el cual indica que la letalidad está en 7,3%. Estamos en una sociedad tan irracional que estos datos no le gustan a quienes no comparten el estilo del gobierno departamental. ¿Acaso no es la vida lo más importante?

Lo cierto es que cuando todo esto pase, y esperamos que sea pronto, Córdoba quedará con una infraestructura en salud acorde a sus necesidades, unas condiciones de salud que en el pasado nos negaron, pero que hoy es una realidad palpable. ¡Después nos agarramos y nos cantamos las verdades, ahora debemos estar juntos!

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