De dos termos en pandemia a una marca propia: Andrea Rico convirtió el tinto de la calle en oficio, audiencia y café con nombre

Medellín — Andrea Rico no salió a vender tinto para volverse creadora de contenido. Salió porque en su casa hacía falta. Tenía unos 16 o 17 años, la pandemia había apretado a una familia de bajos recursos y, con su hermana, recorrió el centro de Medellín con dos termos prestados.

Esa es la parte que a veces se pierde cuando la historia se cuenta al revés: primero como milagro digital y después como oficio. El oficio vino antes. El carrito, las madrugadas, las siete horas de recorrido y el vaso caliente para quien empieza el día cuando la ciudad aún no despierta. Lo demás —la cámara, los seguidores, la marca— llegó después, y no del todo por un plan de marketing.

En entrevista con La W, Rico lo dijo sin adorno: “Siempre fuimos una familia de bajos recursos, recurrimos a esto por necesidad, salimos con dos termos de tinto en pandemia”. Un día, un creador con unos 12.000 seguidores le propuso grabar. El video se disparó a millones de vistas. Ahí abrió sus propias cuentas. A la gente le gustó ver lo que muchos cruzan de largo: una vendedora ambulante que no pide lástima y no esconde el trabajo.

El perfil @andrearico_24 creció con esa materia prima. No había un gran set. Había clientes, calles, lluvia, colada, tinto y una manera directa de hablar.

Medios nacionales recogieron el caso en 2025, cuando ella tenía 21 o 22 años y ya no era “la chica que empieza”, sino la joven que llevaba años en la calle y acababa de ponerle nombre a su café.

Ese nombre es Ricoffee. Nació con ayuda, no en soledad heroica: tras su paso por Mañana Express, Típica Guía de Café y un colaborador del gremio la acompañaron a armar una línea con granos de distintas regiones del país y, según las coberturas de entonces, registro sanitario. Lo vende en redes y desde el mismo carrito. El sueño que ha repetido es más grande: empresa con logo, sucursales, una franquicia.

Eso, por ahora, es proyecto. Lo que ya existe es otra cosa, más concreta: pasó de alquilar una habitación con su familia a vivir en un apartamento, sigue estudiando y no ha abandonado el oficio que la hizo visible.

También ha sido explícita en lo que no quiere. Le llegaron ofertas de contenido para adultos. Las rechazó. “Al vendedor ambulante no lo veamos con lástima, somos personas guerreras”, dijo. La frase no es un eslogan de campaña: es el marco con el que ella entiende su trabajo.

En 2026 la historia dio otro giro. El Colombiano la retrató, ya con 23 años, movilizando ayudas hacia comunidades del Chocó afectadas por el terremoto de agosto. Karol G reconoció esa labor. El dato no borra el origen; lo alarga. La misma persona que aprendió a sostenerse vaso a vaso usó la audiencia para mover carga humanitaria.

«Este artículo contó con la asistencia de IA para la recopilación de datos y estructuración de párrafos, bajo estricta revisión y edición editorial de un periodista»